Por qué todas las puertas de microondas tienen esos agujeritos: no es por estética

La malla que ves en el cristal deja pasar la luz, pero frena unas ondas más de mil veces más largas, y ahí está la clave de por qué nunca conviene dejarla dañada

Malla Del Microondas
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Manuel Naranjo

Editor

Cada vez que se abre la puerta del microondas para comprobar cómo va la comida, la vista pasa directamente al plato, sin fijarse en la rejilla de puntitos metálicos que recubre el cristal por dentro. Esa malla no está ahí por diseño ni para disimular el aparato: cumple una función de seguridad muy concreta.

Antes de entrar en detalle, conviene recordar cómo funciona el propio electrodoméstico. Ya contamos qué pasa si se mete el móvil en el microondas para "aislarlo" y hasta qué punto sirve de jaula de Faraday; ese mismo principio es el que explica por qué la puerta necesita esos agujeros.

Una jaula de Faraday con ventana

Un microondas genera ondas electromagnéticas a una frecuencia de 2,45 GHz para calentar los alimentos, lo que equivale a una longitud de onda de unos 12 centímetros. Las paredes metálicas del aparato actúan como una jaula de Faraday, un recubrimiento conductor que impide que esas ondas escapen al exterior. El problema es que una jaula completamente cerrada también impediría ver la comida mientras se cocina.

La solución está en el tamaño de los agujeros de la malla. Cada orificio mide apenas unos pocos milímetros, muchísimo más pequeño que los 12 centímetros de la onda que genera el microondas. Para esa onda, el agujero es prácticamente inexistente y rebota contra la malla como si fuera una pared sólida.

Malla De Puntos Del Microondas

La luz visible, en cambio, tiene una longitud de onda miles de veces menor (unos 500 nanómetros) y atraviesa esos mismos huecos sin ningún problema.

Ese contraste de tamaños es lo que permite algo que damos por hecho: vigilar cómo se calienta el plato sin que ninguna radiación de microondas llegue a la cocina. No hace falta memorizar la física para notar el resultado; basta con fijarse en que la luz interior del aparato siempre se ve nítida a través del cristal, mientras que la energía que cocina los alimentos se queda completamente encerrada.

La cifra que de verdad importa aquí no es la de la frecuencia, sino la relación entre ambos tamaños. Un agujero de pocos milímetros frente a una onda de doce centímetros es una diferencia de escala tan grande que, a efectos prácticos, la radiación ni siquiera "ve" el hueco por el que se cuela la luz.

Qué pasa si la malla se estropea

El sistema deja de ser fiable si la rejilla se dobla, se oxida o pierde alguno de sus puntos de soldadura, porque entonces los huecos pueden agrandarse lo suficiente como para dejar de bloquear parte de la radiación. Lo mismo ocurre si el cristal se raja o la puerta cierra mal y deja una rendija visible. En ambos casos, lo recomendable es dejar de usar el aparato y llevarlo al servicio técnico, no seguir calentando la comida como si nada.

A veces el fallo no está en la malla, sino en otras piezas del interior. Ya explicamos por qué un microondas puede empezar a echar chispas por culpa de una simple placa de mica gastada, una avería distinta, pero que comparte la misma lección de fondo: casi todo lo que compone un microondas cumple una función de seguridad, aunque a simple vista parezca un detalle menor.

La malla del cristal es, en el fondo, uno de esos aciertos de ingeniería tan sencillos que pasan desapercibidos. Mantiene prácticamente el mismo planteamiento desde que el microondas doméstico se popularizó, y sigue siendo la solución más barata y fiable para resolver un problema que, a priori, parece contradictorio: dejar ver lo que ocurre dentro sin dejar salir nada de lo que lo cocina.

Imágenes | Manuel Naranjo

En Xataka SmartHome | Uso el microondas a diario. Esto es lo que hago y estos los trucos que aplico para ahorrar electricidad y hacer que funcione mejor

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