No sé si os pasa, pero yo conozco a gente que no puede irse a dormir si quedan platos por lavar en el fregadero, o que no puede ponerse a trabajar si el escritorio está desordenado. Incluso mi pareja se pone nerviosa si las llaves no están colocadas en su sitio. Es algo de lo que hablamos mucho, pero la pregunta es: ¿son conductas normales o hay que preocuparse?
Con el auge de los vídeos de organización en redes, los métodos de orden y esa tendencia a convertir la casa perfecta en señal de vida bien llevada, cada vez más gente se hace esa pregunta. Y la respuesta honesta es que no siempre es fácil saberlo, porque la línea es más delgada de lo que parece.
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El orden en sí mismo no es el problema
Antes de saber qué opinan los psicólogos, hay un malentendido que vale la pena aclarar. Ser una persona ordenada no implica ningún tipo de problema psicológico. Suena obvio dicho así, pero el debate sobre este tema tiende a saltar demasiado rápido a las etiquetas, y eso no ayuda a nadie.
La psicóloga Lorena Pazo lo explica con claridad: "Desde la psicología, el orden en sí mismo no es algo problemático. De hecho, puede formar parte de rasgos completamente adaptativos: organización, necesidad de estructura, preferencia estética o incluso una forma funcional de gestionar el día a día. Hay personas naturalmente más ordenadas que otras sin que exista ningún componente clínico detrás".
Es decir, que alguien prefiera tener la cocina recogida antes de sentarse a cenar, que planifique el espacio de trabajo para rendir mejor o que le moleste visualmente el caos no dice nada patológico sobre esa persona. Dice, simplemente, que tiene una manera de funcionar. Como la tiene quien trabaja igual de bien rodeado de papeles apilados o quien necesita música para concentrarse.
El problema surge cuando se empieza a confundir tener un rasgo con tener un trastorno, y esa confusión, según Pazo, es bastante frecuente: "Socialmente tendemos a simplificar mucho este tema". Se patologiza lo que es hábito y se normaliza lo que merece atención. Ninguna de las dos cosas ayuda.
Qué pasa cuando el desorden aparece sin permiso
Aquí es donde el criterio real empieza a tomar forma. Porque la pregunta no es tanto cuánto orden necesitas cuando todo está bajo control, sino qué ocurre cuando ese control desaparece.
Francisco Tabernero, también psicólogo, lo plantea de una forma que resulta muy útil para entenderse a uno mismo: "El que tiene preferencia, siempre hará por tenerlo todo en su sitio y cosas así, pero si por algún motivo, en un momento dado, no se puede, por ejemplo, porque tiene niños y le han puesto el salón patas arriba con los juguetes, no siente ansiedad, tolera bien que pueda estar eso así unas horas y luego recogerá con tranquilidad".
La escena es cotidiana y reconocible. Si eres de los que prefieren el orden, puedes ver el salón revuelto, apuntar mentalmente que luego toca recoger y seguir con lo que estabas haciendo sin que te pese demasiado. Puede que no te guste, pero no te interrumpe.
Pero si no es tu caso, la misma escena tiene un desarrollo diferente. "Hay personas que presencian que las cosas no están en su sitio y si se les activa sensación de ansiedad, tienen necesidad imperiosa por recogerlo cuanto antes; hacen comentarios, van recogiendo sobre la marcha, pueden incluso incomodar a los demás por su necesidad", explica Tabernero. Ahí el orden ha dejado de ser una preferencia para convertirse en una respuesta a algo que se siente como amenaza, aunque nadie haya articulado eso conscientemente.
El orden como regulación emocional
Y aquí es donde la cosa se complica, porque este mecanismo cuesta identificarlo desde dentro. No se trata de que alguien sea especialmente maniático o exigente con los demás. Se trata de que el entorno ordenado cumple una función que va más allá de lo estético o lo práctico: reduce el malestar.
Lorena Pazo lo describe con precisión: "El entorno ordenado puede generar una sensación de previsibilidad y control que reduce temporalmente el malestar interno. Por eso, a veces, cuando una persona siente mucha incertidumbre, estrés o desregulación emocional, puede aumentar también la necesidad de mantener todo en su sitio."
Francisco Tabernero lo enmarca de forma parecida: "Esa persona es, en general, aprehensiva y usa el orden para regular sus temores. Es como que tener orden le da sensación de seguridad y de que todo va a ir mejor." No es irracionalidad, ni capricho, ni falta de perspectiva. Es una forma aprendida de gestionar la ansiedad que, en muchos casos, ni siquiera se identifica como tal porque se expresa hacia afuera, en los objetos, en el espacio, en los demás.
Cuándo el hábito se convierte en algo más
Los dos psicólogos coinciden en algo: el salto de la preferencia al problema no se mide en cuánto ordenas ni en la frecuencia con la que limpias. Se mide hasta qué punto eso te condiciona.
"En psicología, para determinar si hay diagnóstico clínico, usamos mucho el criterio de interferencia con la vida", explica Tabernero. "Si los síntomas están ya produciendo una interferencia con el funcionamiento normal de esa persona con su entorno y sus responsabilidades, ya es motivo de consulta."
Pazo añade el matiz de la flexibilidad como indicador previo: "La diferencia importante suele estar en el grado de flexibilidad y en el impacto que tiene en la vida diaria. No es lo mismo preferir el orden que experimentar malestar intenso cuando algo se descoloca, necesitar corregir constantemente el entorno, generar conflictos con otras personas o sentir ansiedad si no se mantiene cierto control. Ahí es donde empezamos a valorar si esa conducta está funcionando más como una estrategia de regulación emocional que como una simple preferencia personal."
En los casos más severos, cuando los síntomas son pronunciados y la necesidad de orden se convierte en algo que domina parte importante del día y de las relaciones, Tabernero menciona la posibilidad de un TOC de orden, que ya es un diagnóstico clínico. Pero antes de llegar ahí hay un espacio amplio donde el malestar existe y vale la pena atenderlo, aunque no tenga todavía nombre clínico.
La línea no está en si tienes el armario en orden o la encimera siempre despejada. Está en lo que te pasa cuando eso no es posible: si puedes convivir con ello unas horas, o si directamente no puedes seguir hasta que esté resuelto.
Imágenes | Dall-E con edición, Xataka
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