La doctora Rubio cuenta el peligro de dormir en el sofá: “Nuestro cerebro se olvida de la cama”

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Recomienda mantener una asociación clara entre cama y descanso, y reservar el sofá para actividades que hacemos despiertos

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Cuando llega el verano, es normal que a veces resulte más difícil conciliar el sueño por culpa del calor. Y en esa ecuación entra el sofá. Es muy tentador quedarse dormido en él, sobre todo si en el salón hay aire acondicionado o un ventilador. Lo que no todo el mundo sabe es que es lo menos aconsejable.

Y no tiene nada que ver con el aire acondicionado, sino con el sofá en sí. Algo de lo que advierte la doctora Irene Rubio Bollinger, experta en sueño del Hospital Quirónsalud Sur, quien explica que dormir en el sofá no es lo más recomendable para mantener un descanso adecuado.

Asociación, cama descanso

Foto de cottonbro studio

Aunque a primera vista pueda parecer un lugar de lo más atractivo, el sofá no es el sitio adecuado para dormir de forma habitual, para eso está la cama, ya que ni tiene la ergonomía adecuada ni está fabricado con los materiales aptos para conciliar el sueño y descansar correctamente.

Pero el verdadero problema de dormir en el sofá tiene más que ver con nuestro cerebro. Según la doctora Rubio, quedarse dormido en el sofá un día tras otro le está diciendo al cerebro que ese es un lugar válido para dormir, hasta el punto de que puede acabar sustituyendo a la cama en nuestros hábitos de descanso. Es lo que se conoce como asociación de estímulos.

“Si esto lo hacemos de manera continuada, nuestro cerebro asociará que el lugar de descanso es el sofá, de tal forma que la cama de nuestro dormitorio perderá esta asociación, se debilitará el binomio cama- dormir y lo cambiará por sofá del salón-dormir”.

El sofá sirve para lo que sirve. Ver la televisión, leer, escuchar música… cualquiera de estas actividades las podemos llevar a cabo en el sofá sin mayor problema, pero no es la cama. Esta zona de la casa debe asociarse únicamente con dormir, y no con otras actividades, ya que, si lo hacemos, el cerebro puede empezar a relacionarla con estar activos, lo que dificulta conciliar el sueño.

Entre otras recomendaciones, la doctora Rubio también señala que es importante que, en caso de despertarnos por la noche y no poder volver a dormir, no nos quedemos en la cama. Lo más adecuado en estos casos es levantarse e ir a otra habitación para relajarse, pero eso sí, evitando quedarse dormido en el sofá. Si esto ocurre de forma habitual, la cama puede perder su valor como “lugar para dormir”.

¿Y la siesta? Al respecto, la especialista en sueño tiene una recomendación que no hay que pasar por alto: “si en algún momento del día o el fin de semana echamos una siesta en el sofá después de comer, ésta debe ser corta para no disminuir en exceso la presión de sueño”.

Lo mismo ocurre si nos quedamos dormidos en el sofá después de cenar viendo la tele o relajándonos. Como en el caso anterior, nuestro cuerpo habrá perdido parte de esa presión de sueño y “al llegar a la cama, el cuerpo ya ha consumido parte de ese impulso de sueño”, de tal forma que, al ir a la cama, podemos notar dificultad para quedarnos dormidos y conciliar el sueño de manera adecuada.

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