Aunque todavía estamos en primavera, las altas temperaturas hacen que el ambiente se parezca cada vez más al del verano. Los datos no dejan lugar a dudas: estamos viviendo un verano adelantado y ya hay mucha gente que ha empezado a usar el aire acondicionado. En este sentido, conviene tener especial cuidado, sobre todo si en casa hay alguna persona alérgica.
Ya hemos comentado en distintas ocasiones que, antes de volver a encender el aire acondicionado tras haber estado parado durante todo el invierno, es importante hacer algunas comprobaciones. Unas recomendaciones que cobran todavía más sentido si lo que se busca es evitar que empeoren los síntomas de algún tipo de alergia. No hay que pasar por alto una cifra: según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, actualmente ocho millones de españoles padecen polinosis.
Y es que mantener una buena calidad del aire en el interior de casa es fundamental, especialmente cuando hay personas con problemas respiratorios. El aire acondicionado puede ser un gran aliado, ya que filtra el aire y ayuda a reducir la humedad, pero sin una rutina de mantenimiento adecuada también puede convertirse en un foco de alérgenos.
Ya hemos visto lo que hacen los editores de Xataka para combatir las alergias primaverales. Una serie de rutinas y trucos que pueden complementarse con el uso del aire acondicionado, siempre que se sigan una serie de pasos básicos.
Limpieza de filtros
Ejemplo de filtro lavable
Y es que, como ya hemos comentado en más de una ocasión, mantener limpios los filtros del aire acondicionado es fundamental para que el aparato distribuya un aire limpio y libre de partículas u organismos que puedan resultar perjudiciales para la salud.
Además, mantener los filtros en buen estado es muy sencillo. Basta con retirarlos de la unidad interior —el split— y lavarlos con agua tibia y jabón neutro. Un proceso que, si en casa hay alguna persona con alergia, conviene repetir cada dos o tres semanas durante los meses de mayor uso.
En este sentido, una aclaración: conocer qué tipo de filtro tiene tu aire es básico porque hay varios tipos. Entre los más habituales están los filtros lavables de nylon, muy comunes y fáciles de limpiar; los de acero o aluminio, frecuentes en equipos de ventana antiguos. Además hay otros más avanzados como los de carbón activo, que ayudan a eliminar olores, los HEPA, muy eficaces para retener partículas y alérgenos, los de plasma o neoplasma, pensados para purificar y desodorizar el aire, y los electrostáticos, que usan electricidad para atrapar partículas, aunque tienen una vida útil limitada y pueden generar ozono.
Por último, es importante dejar que los filtros se sequen por completo antes de volver a colocarlos, ya que instalarlos todavía húmedos puede favorecer la aparición de moho y bacterias. Esta frecuencia de limpieza también resulta clave para atrapar con eficacia el pelo y la caspa si hay mascotas en casa, además de ayudar a eliminar polvo, polen y otras partículas en suspensión.
Cómo saber si el filtro es lavable o no
No todos los filtros del aire acondicionado pueden lavarse. Los de malla de nailon o plástico sí admiten este tipo de limpieza, pero otros como los HEPA o los de carbón activo pueden estropearse si se mojan y deben sustituirse cuando agotan su vida útil. En el caso de los filtros fotocatalíticos o de iones, el mantenimiento depende del modelo, así que conviene consultar el manual.
Un pequeño truco para distinguirlos. Como norma general, si el filtro tiene aspecto de rejilla plástica se puede lavar, pero si parece de papel, tela o material denso, lo mejor es no mojarlo.
Control de la humedad
Además de la limpieza de los filtros, es aconsejable un control de la temperatura para que sea estable. El frío extremo y los cambios bruscos de temperatura resecan e irritan las vías respiratorias y por eso los expertos aconsejan mantener el termostato en un rango estable de 24°C a 26°C.
La humedad es otro apartado que hay que controlar y el aire acondicionado puede ayudarnos. Los ácaros del polvo y los hongos proliferan en ambientes húmedos. Si la humedad supera el 50%, lo mejor es activar el modo "Dry" (deshumidificador) del aire acondicionado para reducirla.
Además vigila como sale el aire y ajusta las lamas del aire acondicionado hacia el techo para que el chorro frío nunca apunte directamente a las personas.
Ventilar y limpiar
Por último, pero no menos importante, no olvides la regla de los 10 o 15 minutos. Antes de encender el equipo por primera vez en el día, abre las ventanas durante ese tiempo para renovar el aire de la casa. Lo ideal es hacerlo a primera hora de la mañana o por la noche, cuando los niveles de polen en el exterior suelen ser más bajos.
A la hora de limpiar la habitación, evita usar cepillos o plumeros. En su lugar, pasa la aspiradora —preferiblemente con filtro HEPA— por alfombras y suelos para impedir que el aire acondicionado levante el polvo acumulado al ponerse en marcha.
Y, para terminar, conviene revisar al menos una vez al año la unidad exterior, tal y como aconsejan fabricantes como Mitsubishi. Es importante limpiar la batería de intercambio térmico y desinfectar la bandeja de desagüe, ya que son zonas oscuras y húmedas en las que pueden proliferar bacterias y otros microorganismos que los filtros más básicos no son capaces de retener.
Foto de portada | Paolo Rossa
En Xataka SmartHome | Muchos lo pasamos por alto al instalar el aire acondicionado, pero es fundamental para que funcione en los días de más calor
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