A veces, pequeños gestos se convierten con el paso del tiempo en algo mucho más grande, y eso es lo que le ha ocurrido a una adolescente en Estados Unidos. De algo que surgió como un simple proyecto escolar nació un resultado que ha cambiado la configuración de su casa.
En 2017, Maggie Johnson tenía 14 años y vivía en Virginia. Para un proyecto de una asignatura de agricultura decidió excavar un estanque en el jardín de su casa. Un proyecto que inició después de investigar cómo debía construirlo correctamente y, de paso, cómo conseguir una mejora biológica en el entorno.
Ahora es un complejo ecosistema
Tras varios meses de trabajo, en primavera de 2018 el estanque ya estaba impermeabilizado, lleno de agua y rodeado de piedras, tierra y vegetación. Pero pasó de ser un simple estanque inerte a albergar un complejo ecosistema.
En muy poco tiempo, el estanque creado por Maggie comenzó a convertirse en un foco de atracción para todo tipo de animales. Apenas unas semanas después aparecieron sapos americanos y, con el paso de los años, se fueron sumando ranas arborícolas, ranas verdes, libélulas, escarabajos acuáticos y distintas aves que utilizan el estanque para bañarse. Incluso algunos ciervos se acercan ocasionalmente para beber. El padre de Maggie, el fotógrafo de naturaleza Steven David Johnson, ha ido documentando esa evolución.
Pero el éxito inesperado de la propuesta no fue algo casual. Los distintos miembros de la familia no se limitaron solo a mirar: plantaron especies autóctonas alrededor del estanque para proporcionar alimento, refugio y zonas de reproducción. Entre ellas hay buttonbush, pickerelweed y nenúfares blancos, cuyas hojas también aportan sombra y superficies de descanso para anfibios y pequeños organismos acuáticos.
El proyecto terminó teniendo tanto éxito que la National Wildlife Federation (NWF) lo certificó como "Certified Wildlife Habitat", una distinción para espacios que proporcionan alimento, agua, refugio y lugares adecuados para que los animales críen.
Además, no fue especialmente caro. Según el padre de Maggie, inicialmente gastaron unos 160 dólares entre la lámina impermeabilizante, herramientas y plantas. El mantenimiento ronda actualmente los 100 dólares al año. En 2025 añadieron unos 600 dólares más para instalar una valla que evitara la entrada de gatos domésticos y protegiera a los anfibios.
Imágenes | Steven David Johnson
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