La ventaja de tener un equipo todo en uno sin cables es evidente, pero esta promesa no siempre funciona como esperaríamos
¿Todo es mejor con WiFi y Bluetooth? Pues en un mundo ideal quizá sí, pero en el nuestro, el incorporar estos protocolos de conectividad inalámbrica o incluso otros propietarios de las marcas no tiene por qué hacer que un equipo de sonido sea mejor que otro. De hecho, en ocasiones puede llegar a ser contraproducente.
La tendencia en los últimos años ha derivado en tres posibles caminos para montarnos un cine en casa: o bien optamos por una barra de sonido, por el clásico receptor AV más altavoces separados o bien por un sistema de cine en casa en kit (que a su vez puede o no tener una barra de sonido para el conjunto frontal).
En este último caso de los kits, la tecnología ha avanzado hacia equipos con más funciones integradas y que prometen cada vez con más frecuencia la posibilidad de interconectar "sin cables" todos sus elementos o algunos de ellos, como por ejemplo los subwoofers y altavoces de efectos envolventes.
Es una característica que atrae el interés de los compradores rápidamente por la facilidad teórica de instalación y por incluir todo lo necesario para empezar a disfrutar desde el primer minuto, sin tener que andar colocando cables ni pensando si el altavoz será compatible con el amplificador.
La verdad es que pinta muy bien, pero en la práctica no todo son ventajas y hay algunos problemas o mejor dicho decepciones que podemos llegar a encontrarnos si nos compramos uno de estos sistemas home cinema inalámbicos, sobre todo en las gamas más bajas, y que a la larga les restan valor y puede que no podamos llegar a sacarles todo el partido que esperábamos.
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¿De verdad es sin cables? No del todo
La primera cosa a tener en cuenta con este tipo de equipos de cine en casa "sin cables" o "inalámbricos" es que realmente no son sin cables del todo. A lo que se refieren los fabricantes es a que pueden comunicarse con un elemento central del conjunto (por ejemplo el decodificador de formatos, la barra de sonido, un subwoofer que funciona como centro de conexiones) de forma inalámbrica, utilizando protocolos como WiFi o uno propietario en segundo plano para enviar-recibir las señales de sonido.
Pero luego está el tema de la amplificación de los altavoces en sí. En general, los bafles que funcionan como satélites para generar los efectos de sonido envolvente, el subwoofer, los altavoces Atmos, etc. serán de tipo autoamplificados o activos. Es decir, llevan el amplificador dentro, integrado bajo su carcasa, a diferencia de los altavoces convencionales que son pasivos y la potencia les llega desde el amplificador por medio de los clásicos cables de sonido.
Esto nos obliga a que tengamos que buscar y tener una toma de corriente cerca de donde vayamos a instalar cada altavoz, algo que no siempre es inmediato en todas las viviendas, debiendo recurrir a alargadores, regletas y similares para tener todos los bafles alimentados.
¿No hay posibilidad de que lleven baterías para no tener que tenerlos siempre enchufados? Pues sí, pero en general esto presenta varios problemas adicionales, como por ejemplo que suelen ofrecer menos potencia sonora, son más caros de fabricar, más pesados y hay que estar siempre vigilantes de que no se hayan quedado sin energía y recargarlos. Además, puede darse el caso de que la señal inalámbrica no llegue con suficiente fuerza por existir saturación de las bandas a nuestro alrededor (lo veremos más adelante).
Es decir, que o bien no todos los altavoces de estos kits son totalmente sin cables, incluso puede que necesites más tomas de corriente de las que tengas disponibles, o que estén colocadas en lugares difíciles sobre todo para los altavoces traseros. Y si de verdad funcionan con baterías, entonces ofrecen menos potencia y tienes que estar pendiente de recargarlas.
Obsolescencia programada
Este es en mi opinión uno de los puntos más decepcionantes al comprar uno de estos equipos o kits de sonido inalámbrico (también pasa con los cableados en menor medida) con todo incluido: la posibilidad de reutilización futura de sus componentes es prácticamente inexistente.
La comunicación entre altavoces, decodificador o barra de sonido se realiza mediante protocolos que quedan fuera del entendimiento de la mayoría de usuarios, resultando prácticamente imposible que podamos reutilizar los altavoces o incluso sustituir alguno de ellos estropeado pasados unos años.
La facilidad de conexión que en principio supone una clara ventaja, a la larga implica que por el hecho de usar conectores propietarios o protocolos inalámbricos propios no podremos reutilizar los carísimos altavoces, el precioso subwoofer y los componentes con futuros sistemas de cine o música.
Esto puede no importarnos a corto plazo, pero con el tiempo quizá queramos ampliar o mejorar el equipo con nuevos altavoces, poner un subwoofer más potente o simplemente uno adicional para equilibrar más los graves en la sala. No podremos hacerlo, estando obligados a comprar de nuevo todos los elementos y altavoces desde cero.
Algunos componentes no están a la altura del resto
Otro problema es el relacionado con el equilibrio en la calidad de los componentes, ya que suele ser habitual que algunos de ellos no estén a la altura del resto. Si compramos un conjunto modular por partes podemos asegurarnos de que cada componente (altavoz, barra de sonido amplificador, subwoofer, etc.) es de la calidad que buscamos o cumple unos ciertos estándares.
En los kits y especialmente en los inalámbricos esto es mucho más difícil, ya que con frecuencia para poder ofrecer precios más económicos el fabricante recorta en alguno de los elementos como por ejemplo en la potencia real de amplificación, en la capacidad para la corrección acústica de sala o sobre todo en las capacidades de los altavoces satélite, muchas veces de gama baja con cajas de plástico y drivers de poca calidad.
Esto hace que para volúmenes bajos y medios el equipo parezca comportarse de maravilla, pero en cuanto empezamos a pedirle decibelios alguno o varios de los elementos comienzan a distorsionar empeorando la calidad final del audio percibido.
Problemas de pérdida de señal
Un par de apartados más arriba comentábamos que en ocasiones, al igual que sucede con nuestras queridas redes WiFi domésticas, puede que la señal inalámbrica no llegue con suficiente fuerza a los distintos altavoces por existir saturación de las bandas electromagnéticas a nuestro alrededor.
Esto puede provocar problemas mientras estamos viendo nuestra película o serie favorita, como por ejemplo desincronizaciones, cortes en la transmisión que pueden hacer que se apague el sonido de algunos de los altavoces satélite, retardos o directamente que alguno de los bafles se desempareje del resto y tengamos que volver a emparejarlos.
Puede que no nos pase casi nunca o que si vivimos en una casa con muchas redes inalámbricas funcionando a nuestro alrededor nos suceda con frecuencia, resultando en un auténtico incordio.
La fuerte tentación de esconder el subwoofer
Hace tiempo ya entramos en este punto más a fondo en este artículo, ya que la colocación del subwoofer es un punto primordial si queremos un sonido de cine potente e impactante.
En el caso de las barras de sonido y los kits con diminutos altavoces más un gran subwoofer inalámbrico, nos surgen además problemas adicionales difíciles de resolver, ya que las barras y pequeños altavoces son incapaces de reproducir por sí solos frecuencias por debajo de los 150-200 Hz.
No hay problema, ya que para eso está el subwoofer que se encarga de la reproducción de una banda de frecuencias bastante más amplia de lo habitual. Sin embargo, por encima de unos 100 Hz el sonido empieza a ser direccional. Esto significa que vamos a poder distinguir de donde vienen esas frecuencias, con lo que si colocamos el subwoofer lejos de la barra o altavoces notaremos un desfase y una pérdida de realismo, ya que los medios y agudos parecerán proceder de un sitio y los graves de otro diferente.
Con los subwoofers inalámbricos la tentación de alejar esa caja enorme de la tele todo lo posible, de colocarlo en una esquina remota del salón, se acentúa todavía más, resultando si lo hacemos en una peor imagen estéreo y multicanal con menor impacto sonoro.
La solución es inmediata y sencilla: colocamos el subwoofer lo más cerca que podamos de la barra o en el plano frontal de altavoces, con distancias de 1 o 1,5 metros como mucho, si es que los muebles nos permiten hacerlo, algo para lo que probablemente quizá no habríamos necesitado que fuese inalámbrico.
Imagen portada | Auna en Amazon
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