Cinco razones para preferir los discos de vinilo al CD

Quién lo iba a decir. Hace una década probablemente ninguno de nosotros habríamos predicho que los discos de vinilo iban a volver a hacerse con un buen puñado de expositores en buena parte de las grandes superficies comerciales del país. Sin embargo, ha sucedido. El inesperado regreso de estos discos a las tiendas de consumo masivo no puede ser otra cosa que el fruto de una demanda creciente. Lo curioso es averiguar por qué hoy en día compran vinilos más personas que hace diez o quince años.

Probablemente la respuesta a esta pregunta reúne una combinación de al menos dos factores. Es evidente que esa nostalgia que algunos melómanos nunca perdieron ha conquistado ahora a más personas, pero esta tendencia también responde al hecho de que muchos aficionados han descubierto que los discos de vinilo pueden sonar de maravilla. Solo hace falta un giradiscos medianamente decente y una cápsula fonocaptora de cierta calidad. Nada más. Y nada menos.

Analógico o digital, esa es la cuestión

El propósito de este post no es indagar en si los vinilos suenan mejor o peor que los CD o los SACD, sino, sencillamente, esbozar cinco razones por las que hoy en día es posible preferirlos a cualquier otro formato. Cuatro de ellas tienen una base técnica, y la última es de carácter... personal, por decirlo de algún modo. Ahí van.

  • Al contrario que los CD, que tienen una capacidad de almacenamiento limitada, los discos de vinilo registran absolutamente toda la información sonora del acontecimiento musical, con todos sus armónicos.
  • Una buena cápsula fonocaptora es capaz de exceder ampliamente la respuesta en frecuencia de un CD, lo que le permite reproducir frecuencias que en teoría nuestro oído no es capaz de escuchar, pero que, según algunos expertos, logramos percibir.
  • El rozamiento de la aguja provocado por su desplazamiento sobre los microsurcos del disco de vinilo añade una componente armónica que nos permite percibir el sonido con un mayor «empaque» y más calidez.
  • Un sistema de reproducción completamente analógico como el utilizado para leer los discos de vinilo no adolece de jitter, que, grosso modo, es una modificación de la amplitud, la frecuencia y la fase de una señal provocada por una desviación de la señal de reloj en los sistemas digitales.
  • Para muchos melómanos, entre los que me incluyo, los discos de vinilo, con sus a menudo elaboradas portadas, son mucho más bonitos que los CD y despiertan un afán de coleccionismo que no suele experimentarse con los formatos digitales.
  • Pero también tienen desventajas

    Aunque me encantan los discos de vinilo, reconozco que también acarrean algunas desventajas muy evidentes que para algunos aficionados pueden representar un lastre insalvable. Por un lado, reproducir un vinilo es más engorroso y menos práctico que iniciar la reproducción de un disco compacto. También debemos tener en cuenta que los vinilos son más delicados, se ensucian más y se desgastan con el uso. Y desde un punto de vista técnico salen perdiendo al enfrentarlos al CD en parámetros como el rango dinámico, el nivel de ruido o la separación entre canales. También está el «eco premonitorio»...

    Aun así, a pesar de sus inconvenientes, yo prefiero los discos de vinilo. Pero, por supuesto, es una elección personal. Os invito a que utilicéis los comentarios del post para exponer qué formato os gusta más, y también os animo a que añadáis vuestras propias ventajas e inconvenientes a ambas opciones.

    Imagen | Martin Fisch
    En Xataka Smart Home | Así se fabrica un disco de vinilo hoy en día

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