En algunas ciudades europeas están poniendo luces rojas en las farolas. Parecen de una peli de vampiros, pero tiene una explicación genial

Este tipo de luces resultan menos molestas para algunas especies de animales, sobre todo las nocturnas

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

En algunas ocasiones hemos hablado de las llamativas costumbres que tienen en el norte de Europa. En zonas en las que las temperaturas son más bajas y las horas de sol son más escasas, algunas ciudades están optando por un cambio radical en sus calles: instalar farolas con luces rojas.

De entrada, al leer la noticia, lo primero que se puede venir a la cabeza —o al menos eso me pasó a mí— es pensar en una película de vampiros. Pero nada más lejos de la realidad, ya que una decisión de este tipo está fundamentada en la ciencia y en ayudar a unos vecinos muy especiales: los murciélagos.

Un vecino muy especial

Estamos acostumbrados a convivir en nuestras calles con luces de color amarillo y, últimamente, con la expansión de la iluminación urbana LED, también con farolas de tonos blancos, más o menos cálidos. Por eso sorprende el uso de luces rojas.

Pero hay que ponerse en contexto para explicar la noticia. Algunas ciudades están optando por este sistema porque tienen menos horas de sol y las luces rojas pueden ayudar a la fauna local y al mismo tiempo contribuir a mejorar el descanso, alterar menos los ritmos circadianos. Es el caso de la ciudad neerlandesa de Nieuwkoop o del municipio danés de Gladsaxe (cerca de Copenhague).

En 2018, la ciudad neerlandesa de Nieuwkoop apostó por usar este sistema cerca de una reserva natural que alberga especies protegidas de murciélagos. Para lograrlo, contaron con el desarrollo tecnológico de Signify (la antigua división de iluminación de Philips).

El reto no era fácil de abordar: necesitaban crear luminarias rojas que cumplieran con las estrictas normativas de brillo de la vía pública. Según los expertos que trabajaron en el proyecto, el ojo humano tiene una capacidad de adaptación asombrosa ante esta tecnología; en apenas dos minutos caminando bajo estas farolas, nuestro cerebro se ajusta y dejamos de percibir el color rojo como algo extraño.

Más tarde, en 2021, el municipio danés de Gladsaxe hizo algo parecido pero en sus calles para beneficiar a una colonia de murciélagos y optaron por instalar bombillas rojas. El objetivo era crear un entorno menos agresivo para la fauna local sin dejar a oscuras a los ciudadanos.

¿Cuál es la explicación científica?

Para entender esta decisión, hay que tener en cuenta que la luz roja tiene una longitud de onda más larga y, en general, menos energía visible que la luz blanca o fría y esto tiene que ver con la vista de algunas especies nocturnas, que son extremadamente fotosensibles, según dijo Maurice Donners, científico especializado en iluminación, en una entrevista a Fast Company

Las luces con longitudes de onda cortas (como los tonos azules, verdes o blancos de los LED tradicionales) desorientan su brújula interna, alteran sus ciclos de sueño e interfieren en sus patrones de caza, ya que los insectos suelen arremolinarse en torno a estas farolas. 

Por el contrario, las luces de onda larga, como el naranja intenso o el rojo, resultan prácticamente invisibles para ellos. Les permite seguir con su vida nocturna como si el ser humano no hubiera intervenido en su hábitat.

Sin descuidar la seguridad

Pero claro, dicho todo esto, hay que tener en cuenta que no se puede descuidar la seguridad en las calles ni la seguridad vial y por eso el sistema es híbrido. En las zonas más críticas, como intersecciones o carriles bici, se mantiene la luz cálida tradicional colocada en postes mucho más altos para maximizar la visibilidad. El resto de las calles, sin embargo, apuestan todo al rojo.

Y hasta el sueño

Estamos hablando de ciudades con menos horas de sol y, del mismo modo que este tipo de iluminación mejora el sueño de las especies nocturnas, también puede beneficiar a las personas.

Pensemos que Gladsaxe no llega a las 1.800 horas de sol al año mientras que en Nieuwkoop están entre 1.500 y 1.700 horas de sol al año. En Madrid, por ejemplo, se rondan las 3.000 horas de sol al año.

Existen estudios que apuntan a que emplear una luz rojiza en lugar de una iluminación blanca durante la noche puede ayudar al descanso: yo mismo expliqué cómo me di cuenta en casa (y lo puse en práctica).

Este tipo de luz interfiere menos en la producción de melatonina, la hormona del sueño, y puede favorecer que conciliemos el sueño antes, mejorar la calidad del descanso y mantener más estable el ritmo circadiano. Además, al no estimular tanto el cerebro, reduce la fatiga visual y crea un ambiente más relajante.

Por poner un ejemplo, es algo parecido a lo que intenta hacer Apple con el Watch Ultra, que tiene un modo nocturno en el que la pantalla se tiñe de tonos negros y rojos para no molestar al usuario en la oscuridad.

Imagen portada | Rune Brandt Hermannsson

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