Lo que empieza como un cobertizo para herramientas puede acabar siendo un expediente de demolición o incluso un delito urbanístico
Hay casetas, cobertizos y construcciones auxiliares repartidas por el campo español que comenzaron siendo exactamente eso: un sitio donde guardar aperos, refugiarse de la lluvia o almacenar sacos de abono. Muchas llevan décadas en pie sin que nadie haya dicho nada.
Y hay también una cantidad considerable de esas mismas construcciones que, en algún punto del tiempo, dejaron de ser cobertizos para convertirse en viviendas de hecho, con electricidad, agua corriente, muebles y personas que duermen ahí de forma habitual.
El problema es que ese tránsito, muchas veces gradual y casi imperceptible, puede tener consecuencias legales muy serias. En algunos casos, directamente penales. Como ya hemos visto con las construcciones ilegales en general, el tiempo que lleva en pie una edificación no la convierte en legal, y en el caso del suelo rústico las consecuencias pueden ser aún más graves que en suelo urbano.
Índice de Contenidos (7)
Qué se puede y qué no se puede construir en suelo rústico
El suelo no urbanizable, también llamado rústico, se divide en dos grandes categorías con regímenes distintos. Por un lado está el suelo no urbanizable de especial protección, que incluye terrenos con valores naturales, paisajísticos, históricos, arqueológicos o ambientales, o sujetos a riesgos naturales acreditados.
Por otro lado, está el suelo no urbanizable común, que son terrenos que se preservan por sus valores agrícolas, forestales o ganaderos, pero sin una protección específica adicional.
En ambos casos, la regla general es que no se puede construir libremente. Los ayuntamientos pueden autorizar en suelo rústico construcciones vinculadas a usos agrícolas, ganaderos, forestales o cinegéticos, así como instalaciones necesarias para actividades de interés público que deban emplazarse en el medio rural.
En algunos casos muy concretos también se permiten viviendas directamente ligadas a la explotación agraria o ganadera, siempre con condiciones estrictas de parcela mínima, porcentaje máximo de ocupación y limitaciones de volumen que varían según cada comunidad autónoma.
Lo que no está permitido con carácter general es construir una vivienda residencial de uso habitual en suelo rústico. Y el uso habitual como vivienda es exactamente donde empieza el problema para muchas casetas del campo.
Cuándo una caseta deja de serlo ante la ley
La normativa no define qué es una caseta por su nombre ni por su tamaño, sino por su uso y por los elementos que incorpora. Una construcción ligera sin cimentación fija, sin suministros enganchados a la red y usada exclusivamente para almacenamiento agrícola, está en un terreno relativamente seguro, aunque siempre con matices según el municipio y la comunidad autónoma.
El problema empieza cuando esa construcción incorpora elementos que la aproximan funcionalmente a una vivienda. La conexión a la red eléctrica, la instalación de agua corriente desde la red, la presencia de sanitarios, una cocina aunque sea básica, o simplemente una cama y señales de ocupación habitual son los factores que los servicios de inspección urbanística utilizan para determinar si hay un uso residencial en suelo donde no está permitido.
No hace falta que sea una construcción grande. Una caseta de veinte metros cuadrados con agua, luz y alguien que duerme ahí habitualmente puede ser tratada exactamente igual que una vivienda ilegal de doscientos metros cuadrados, porque lo que se está infringiendo no es una norma de superficie, sino la clasificación del suelo sobre el que está construida.
A diferencia de otras infracciones urbanísticas que pueden tener solución de legalización si el uso es compatible con el planeamiento, la utilización residencial en suelo rústico generalmente no la tiene: si el planeamiento no admite vivienda en ese suelo, la situación es estructuralmente incorregible desde el punto de vista urbanístico.
Infracción administrativa o delito: dónde está la línea
La infracción urbanística es de naturaleza administrativa y la gestiona la administración local o autonómica mediante expedientes de disciplina urbanística. Pero hay un punto a partir del cual el mismo hecho puede convertirse en un delito, y ese punto lo fija el artículo 319 del Código Penal.
El tipo penal de este artículo sanciona a promotores, constructores y técnicos que lleven a cabo obras de urbanización, construcción o edificación no autorizables. El concepto clave es ese: no autorizable. No es simplemente construir sin licencia, sino construir en un suelo donde la ley impide de forma expresa que se pueda construir bajo ninguna circunstancia, con independencia de los trámites que se hagan.
El artículo distingue dos supuestos con penas distintas:
- El apartado 1, el más grave, se aplica a construcciones no autorizables en suelos especialmente protegidos: viales, zonas verdes, bienes de dominio público, o lugares con valor paisajístico, ecológico, artístico, histórico o cultural reconocido legal o administrativamente. La pena para estos casos es de prisión de un año y seis meses a cuatro años, más multa e inhabilitación especial para profesión u oficio de uno a cuatro años.
- El apartado 2 se aplica a construcciones no autorizables en suelo no urbanizable en general, sin esa protección específica adicional. La pena en este caso es de prisión de uno a tres años, más multa e inhabilitación especial de uno a cuatro años.
En ambos supuestos, los jueces pueden ordenar además la demolición de la obra a cargo del autor del hecho, así como el decomiso de las ganancias obtenidas.
Los suelos donde no prescribe nada, nunca
En el suelo no urbanizable especialmente protegido, zonas verdes, dominio público marítimo-terrestre regulado por la Ley de Costas, terrenos forestales protegidos y espacios con figuras de protección ambiental, la infracción urbanística no prescribe.
La administración puede actuar en cualquier momento con independencia de cuántos años lleve la construcción en pie. No hay plazo que salve una caseta en ese tipo de suelo si la administración decide actuar.
Y en estos casos, como ha recordado el Tribunal Supremo en varias sentencias recientes, la orden de demolición recae sobre quien sea el propietario actual del inmueble en el momento de la resolución, no necesariamente sobre quien lo construyó.
Las medidas de protección de la legalidad urbanística tienen carácter real y se exigen frente a cualquiera que resulte ser el titular, tal y como establece el artículo 27 del Real Decreto Legislativo 7/2015. Comprar una finca con una caseta en situación irregular sin haber verificado su estado urbanístico es un riesgo real y concreto.
Las multas antes de llegar al Código Penal
Fuera del ámbito penal, la consecuencia más habitual es la apertura de un expediente de disciplina urbanística que puede acabar en una orden de demolición y en sanciones económicas.
La escala varía de forma muy significativa según la comunidad autónoma. En Baleares, por ejemplo, la Ley de Urbanismo de las Illes Balears establece que las sanciones por obras ilegales en suelo rústico protegido pueden oscilar entre el 50 % y el 300 % del valor de la obra, con multas que en los casos más graves pueden superar los 100.000 euros.
Otras comunidades tienen sus propios baremos, pero las infracciones graves y muy graves en suelo no urbanizable se sitúan en todos los casos entre las sanciones más elevadas del régimen disciplinario urbanístico.
Qué conviene comprobar antes de cualquier intervención
Antes de instalar cualquier suministro, ampliar una construcción existente o cambiar su uso en un terreno rústico, hay dos consultas que no deberían saltarse.
La primera es al ayuntamiento del municipio donde se encuentra el terreno, para conocer la clasificación exacta del suelo y qué usos y construcciones están permitidos según el planeamiento vigente. Esa información es pública y se puede pedir directamente en la oficina de urbanismo municipal o, en muchos casos, consultarla en el visor cartográfico del propio ayuntamiento.
La segunda, si ya existe una construcción sobre el terreno y hay dudas sobre su situación legal, es a un abogado especializado en derecho urbanístico que pueda valorar la normativa autonómica concreta. Los plazos de prescripción, las excepciones, el margen de legalización y las consecuencias de una eventual infracción varían de forma muy significativa entre comunidades.
Una caseta de herramientas sin suministros y usada para lo que dice su nombre raramente genera problemas. Los problemas empiezan cuando empieza a parecerse a un lugar donde vivir. El momento exacto en que cruza esa línea es difícil de precisar, pero lo que dice la ley sobre las consecuencias de haberla cruzado es muy concreto.
Imágenes | UnSplash
En Xataka SmartHome | Quiero cerrar el balcón de casa evitando un multazo y el cabreo de los vecinos: esto es lo que tengo que hacer
En Xataka Smart Home | Paneles solares en kit para el balcón o la terraza: esto es lo que podemos ahorrar al año en la factura de la luz
Ver todos los comentarios en https://www.xatakahome.com
VER 0 Comentario