Todos los veranos cuando el calor aprieta me toca discutir por lo mismo en mi casa y en la de amigos y familiares: dejar que pase la brisa de la calle para "refrescar" por las mañanas y tardes no siempre es de ayuda.
Y es que, es una costumbre muy nuestra, de toda la vida, la de tener la casa cerrada a cal y canto en las horas centrales del día, pero luego por la tarde-noche abrir ventanas y puertas para que entre la brisa de la calle y nos refrigere sin gastar en aire acondicionado. ¿Qué puede salir mal?
Es como encender un secador de pelo gigante
Estás dentro de casa con una temperatura elevada y no tienes aire acondicionado, aunque quizá sí un ventilador. Así que en cuanto ves que se mueve algo de aire fuera siempre hay alguien que propone abrir las ventanas para que entre la brisa a refrescar, sobre todo por las tardes. Hacer esto no siempre nos va a ayudar a estar más cómodos.
Los ventiladores y la brisa por sí solos no producen frío, lo que hacen es mover el aire y así proporcionar una "sensación" de enfriamiento en un espacio determinado. Pueden reducir lo que se conoce como sensación térmica personal hasta unos tres-cinco grados, pero no van a bajar la temperatura de una habitación ni un solo grado por sí mismos.
Bueno, pero bajar la sensación térmica por lo menos unos grados parece interesante. Sí, pero para qué esta sensación de enfriamiento funcione correctamente hay que tener en cuenta un punto fundamental: el límite de temperatura. Si la temperatura del aire que queremos usar como refrigerante, como la brisa de la tarde, está cerca o por encima de nuestra temperatura corporal (unos 35 ºC o 36 ºC), usar este aire en movimiento no nos refrescará, e incluso producirá más sensación de calor.
Sería algo así como tratar de refrescarnos con el secador del pelo. Echa un chorro de aire sobre nosotros, sí, pero ese aire al estar por encima de nuestra temperatura corporal no nos va a refrescar en absoluto. Y esto es lo que puede suceder en plena ola de calor cuando las temperaturas fuera rondan esas cifras hasta bien entrada la madrugada, sobre todo cerca de las ventanas ayudadas por el calor desprendido por las fachadas.
Entonces, ¿cómo conviene actuar? Pues antes de hacer nada lo ideal es poder contar con un termómetro colocado en el alféizar de la ventana para poder decidir correctamente, averiguando en primer lugar cuál es la temperatura del aire fuera de casa.
Si en la calle hace más calor que dentro de casa, abrir la ventana supondrá que, por mucha brisa aparentemente refrescante que haga, lo que estaremos haciendo es subir la temperatura dentro de la vivienda. Puede que al principio nada más abrir la ventana nos parezca que hace más fresquito si la temperatura exterior se sitúa en el rango 30-35 ºC, porque bajaremos la sensación térmica, pero en realidad estaremos dejando pasar aire caliente que en pocos minutos terminará por agobiarnos más. En este caso es mejor dejar todo cerrado y encender un ventilador.
Si en la calle hace igual o más fresquito que dentro de casa entonces sí nos va a merecer la pena abrir la ventana para conseguir que se rebaje la temperatura dentro del hogar y sacar el aire más caliente acumulado dentro.
Imagen portada | Ala J Graczyk
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