Los expertos veterinarios lo tienen claro: por esto tu gato desaparece cuando enciendes el aire acondicionado

Su temperatura corporal ronda los 39 grados y apenas tiene forma de sudar, así que lo que para una persona es alivio inmediato, para él puede ser justo lo contrario

Aire Acondicionado Y Gato
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Manuel Naranjo

Editor

Si tienes gato, te sonará la situación: en cuanto se enciende el aire acondicionado, el animal desaparece del salón y reaparece minutos después en otra habitación, normalmente la más alejada de la salida de aire. Durante mucho tiempo se ha achacado este comportamiento al ruido del aparato, pero varios veterinarios coinciden en que la explicación real tiene que ver con algo mucho más básico: cómo regula el calor un gato y por qué su rango de confort no coincide con el nuestro.

La buena noticia es que no hay que elegir entre el bienestar del animal y el alivio del calor en casa. El problema casi nunca es el aparato en sí, sino cómo se usa.

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Lo que dicen los veterinarios sobre el aire acondicionado y los gatos

La veterinaria Adriana Forés, del Colegio Oficial de Veterinarios de Valencia, lo resume de forma clara: para proteger a las mascotas del calor, recomienda "fuentes de aire fresco, ventiladores o aire acondicionado sin grandes corrientes". La matización final, "sin grandes corrientes", es la clave de todo el problema: no es que el aire acondicionado sea perjudicial, es que el chorro directo y constante sí lo es.

En la misma línea, el veterinario Stéphane Tardif, colaborador habitual de la plataforma especializada Wamiz, explica que el aire acondicionado no es peligroso por sí mismo para un gato. Lo que sí supone un riesgo son los cambios bruscos de temperatura: pasar de una habitación muy fría a un balcón o terraza con calor extremo en pocos segundos obliga al organismo del animal a un ajuste repentino que puede resultarle más estresante que el propio calor del verano.

Gato Y Aire Acondicionado

Por qué su termorregulación es tan distinta a la nuestra

La razón de fondo está en la biología del animal. Según recogen organismos como la American Animal Hospital Association y el Royal Veterinary College, los gatos dependen casi en exclusiva del jadeo y de una sudoración muy limitada, concentrada en las almohadillas de las patas, para liberar calor. No tienen la opción de quitarse una prenda cuando aprieta el calor: su pelaje los acompaña todo el año y, lejos de ser solo un problema en verano, también actúa como aislante.

La veterinaria Carrie Cortright y el veterinario Turano, citados por el medio especializado Rover, sitúan la temperatura corporal normal de un gato entre los 38 y los 39,1 grados, varios puntos por encima de la humana. Ambos coinciden en que ciertos grupos tienen más riesgo de sobrecalentamiento o de pasar frío en exceso: los gatos de pelo abundante, los de edad avanzada y los que ya tienen problemas respiratorios previos.

Las señales de incomodidad que conviene vigilar

Cuando un gato evita una zona de la casa que antes frecuentaba o cambia su sitio habitual de siesta, suele tratarse de una respuesta a algo en ese ambiente que no le resulta cómodo.

Los gatos tienden a buscar refugio y esconderse ante cambios climáticos bruscos, una conducta de evitación que no siempre se nota a simple vista hasta que se compara dónde duerme el animal antes y después de encender el equipo.

Qué recomiendan los expertos para evitarlo

Lo más recomendable es mantener una temperatura moderada en lugar de extremos muy fríos, evitar que el chorro de aire llegue de forma directa y constante a la zona donde suele estar el animal y dejarle siempre la posibilidad de moverse a otra habitación si lo necesita.

Las tecnologías que reparten el aire sin generar ese punto de corriente directa, pensadas en origen para personas que no toleran el frío localizado, terminan beneficiando también a las mascotas que comparten esa misma habitación.

Si los veterinarios coinciden en algo, es en que el gato no desaparece por capricho ni por simple sensibilidad al ruido. Reacciona a una incomodidad física real, ligada a una biología que regula el calor de forma muy distinta a la nuestra. Saber eso cambia la pregunta: ya no es "por qué se va", sino "qué necesita para no tener que irse".

Imágenes | Pixabay, Wamiz con edición

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