Este ingeniero modificó su sistema de climatización y ha ahorrado hasta un 35% en la luz: “ha sido un proyecto de hobby muy divertido”

Aire Acondicionado Mando Color
  • El mal funcionamiento provocaba que la bomba de calor funcionase incluso en verano

  • No podía separar correctamente calefacción y agua caliente

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

El aire acondicionado se ha convertido para muchos en una herramienta esencial para combatir el calor (este año lo han aprendido en buena parte de Europa). El problema es que usarlo —igual que ocurre con la bomba de calor en invierno— supone aceptar un incremento en la factura de la luz, y eso es precisamente lo que quería evitar este ciudadano.

Se llama Mattias Fredriksson-Sten y es ingeniero, viendo cómo se habían incrementado las facturas de la luz, decidió ponerse manos a la obra. Al comprobar que el sistema de climatización de su casa era el responsable, decidió “hackearlo” y el resultado, según ha detallado en Ny Teknik, fue un ahorro de varios miles de coronas suecas.

Un poco de bricolaje

Cuando Mattias se mudó en 2023 a su nueva casa —un chalé construido en la década de los 60, por lo que cabe imaginar que no contaba con los mejores sistemas de aislamiento—, no esperaba el susto que le darían sus primeras facturas de la luz. La vivienda contaba con una bomba de calor aire-agua Mitsubishi Ecodan.

Tras investigar qué estaba ocurriendo, se dio cuenta de que la responsable era la bomba de calor, que se encargaba de climatizar la casa, pero también de proporcionar agua caliente. El problema era que funcionaba prácticamente todo el tiempo, incluso en verano y durante las 24 horas del día.

El problema no era una simple mala configuración. Así que decidió contactar con un profesional y, en este caso, la empresa de climatización le indicó que la reparación le costaría entre 60.000 y 70.000 coronas suecas, unos 5.400-6.300 euros (debería sustituir el acumulador y rehacer parte de las tuberías).

Según los técnicos, los principales fallos estaban en el circuito mezclado, que no permitía separar correctamente el agua caliente sanitaria de la calefacción, pero también en un termostato averiado y en una válvula (que debía frenar el paso de agua hacia los radiadores) que no funcionaba. Como consecuencia, el agua caliente circulaba constantemente por la calefacción aunque la vivienda no necesitase calor.

Con estas cifras sobre la mesa, decidió hacerlo él mismo. Optó por “engañar” a la bomba de calor conectándola a un sistema inteligente que le hiciera creer que ya había otra fuente de calor funcionando, forzándola así a apagarse.

Su sistema tenía cuatro objetivos: garantizar ACS las 24 horas, separar calefacción y agua caliente, evitar horas caras y picos de potencia, y poder ver temperaturas, potencia y estado del sistema en tiempo real

Automatizó el sistema con cinco relés inteligentes (cinco Shelly Plus 1 Gen4, instalados por un electricista y conectados por WiFi a Shelly Smart Control) y sensores de temperatura repartidos por toda la casa: cinco sensores de temperatura, sensores en la parte superior e inferior del depósito, medición de ida y retorno del circuito, temperatura exterior y termostatos Bluetooth en todas las habitaciones que controlan la temperatura y la humedad. Incluso instaló sensores en las ventanas para impedir que se distribuya calefacción cuando están abiertas.

Pero fue un paso más allá. El sistema consulta automáticamente el precio de la electricidad mediante una API gratuita y adapta el funcionamiento de la bomba en función de lo que cuesta la luz y del consumo total de la vivienda. De esta forma puede apagarla durante las horas más caras o cuando se supera un determinado límite de potencia.

Antes de ponerlo todo en funcionamiento, Mattias probó los relés y sensores en un banco de pruebas, con ayuda de Copilot. Solo cuando comprobó que todo funcionaba como debía dejó las conexiones eléctricas definitivas en manos de un profesional.

Con este sistema puede detener la bomba cuando no es necesaria o cuando el consumo eléctrico de la vivienda supera un determinado límite, evitando así gastos y picos de potencia innecesarios. Eso sin mencionar que, al funcionar muchas menos horas, la bomba sufre menos desgaste y genera mucho menos ruido.

La idea fue un éxito rotundo. El equipo pasó de estar encendido día y noche a funcionar una media de solo tres horas diarias. Y todo con una inversión muchísimo menor que la que le pedían en la empresa. Por unos 1.160 euros, el consumo eléctrico de la vivienda cayó aproximadamente un 35 % durante el periodo comparado y pudo ahorrar 450 euros en solo cinco meses.

Dicho todo esto, no es algo que esté al alcance de cualquiera. El propio Mattias reconoce que dedicó muchísimas horas al proyecto y que cada instalación es distinta.

Vía | La Razón

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