El dinero es el dinero, pero hay otras cosas que tener en cuenta a la hora de hacer una gran reforma
Cuando pedimos presupuesto para cambiar las ventanas, es habitual encontrarse dos ofertas para el mismo hueco con una diferencia de precio abismal. A veces, incluso superior al 40%. La culpa no es del cristal, que suele ser similar, sino del marco: hay una batalla entre el PVC y el aluminio. El PVC es el rey de la relación coste/rendimiento, mientras que el aluminio es el coste a pagar si quieres estética minimalista y máxima luz. Y ojo, si quieres ahorrarte la deducción de Hacienda con la elección de tus nuevas ventanas gracias a las mejoras de eficiencia energéticas, hay detalles que tener en cuenta antes.
El PVC es un aislante y el aluminio es un conductor. Para entender por qué el PVC suele ser la recomendación por defecto para quien busca aislamiento térmico, hay que ir a las especificaciones. El aluminio es un metal, y por tanto, conduce muy bien el frío y el calor (por eso las sartenes son de metal). El PVC (policloruro de vinilo) es un plástico, un material "no conductor" por naturaleza. Para que una ventana de aluminio aísle igual que una de PVC básica, los ingenieros tienen que hacer maravillas, lo que dispara el coste. Dicho de otra forma: euro por euro, el PVC siempre va a aislar más que el aluminio equivalente. También conviene tener en cuenta el riesgo que pueden suponer sus aditivos.
La "Rotura de Puente Térmico", la trampa del aluminio barato. Si te ofrecen una ventana de aluminio sospechosamente barata, la recomendación general es huir. El aluminio antiguo "sudaba" (condensación) porque el frío de la calle tocaba directamente el metal de dentro de casa. Para evitar esto, el aluminio moderno de calidad lleva obligatoriamente una "Rotura de Puente Térmico" (RPT). Se introduce una pieza de plástico rígido dentro del perfil de aluminio para separar la cara exterior de la interior. El problema es que para que una ventana de aluminio con RPT iguale las prestaciones térmicas de una de PVC estándar, tiene que ser una gama alta, lo que explica ese sobrecoste del 30% o 40% en el presupuesto final.
El aluminio gana cuando la ventana es "todo cristal". Si el PVC es tan bueno y barato, ¿por qué se sigue poniendo aluminio? Por una cuestión de fuerza bruta y diseño. El plástico es menos rígido que el metal, por lo que los perfiles de PVC suelen ser más gruesos para aguantar el peso del vidrio. El aluminio, al ser más resistente, permite fabricar perfiles mucho más finos (hoja oculta o minimalista), dejando más espacio para el cristal y, por tanto, más entrada de luz natural. Si buscas esa estética moderna de grandes ventanales con marcos casi invisibles, el PVC no puede competir. En ese caso el aluminio es la única opción viable, aunque toque rascarse el bolsillo.
La decisión final depende de la calculadora (y de tu gusto). El resumen es claro. Si tu prioridad es la eficiencia energética, reducir la factura eléctrica y de gas y que el presupuesto de la reforma no se dispare, el PVC es la compra "inteligente". Sin embargo, si la reforma es en una zona con vistas espectaculares, quieres cierres enormes o buscas un acabado estético muy concreto (como anodizados o colores metálicos), el aluminio con rotura de puente térmico es la opción "premium" insustituible.
Imagen | Generada con IA
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