Este fin de semana apunta a ser uno de los más gélidos de los últimos meses. Una sucesión de borrascas hará que, en muchas zonas, la temperatura no supere los 10 °C. Y si estás intentando mantener la casa a una temperatura agradable, hay un tipo de radiador que no todo el mundo conoce: en lugar de funcionar con agua, aceite o resistencias convencionales, este modelo utiliza una piedra.
Más allá de los trucos de siempre para evitar que el frío se cuele por rendijas y ventanas —y que el calor que ya has generado no se escape—, contar con un buen sistema de calefacción es clave. Y entre todas las opciones del mercado, este tipo de radiador “de piedra” se suma como una alternativa menos popular, pero basada en un principio de funcionamiento muy asentado desde hace años.
¿Qué es eso de esteaita?
Se trata de radiadores que incorporan una piedra de esteatita y que, como en este caso, además añaden un sistema Inverter. Pero antes de entrar en las características concretas de estos modelos, conviene aclarar qué es exactamente la esteatita.
Como explican en Hergom, la piedra esteatita es una roca natural de origen volcánico, muy densa, que destaca por su gran inercia térmica. Dicho de otra forma: tarda algo más en calentarse que un radiador de aluminio fino, pero, a cambio, una vez alcanza la temperatura, sigue desprendiendo calor durante bastante tiempo incluso después de que el radiador deje de consumir electricidad.
Diferencias con el agua y el aceite
Frente a los sistemas más habituales del mercado —aceite, agua o simples resistencias eléctricas—, esta tecnología aporta algunas diferencias.
Los radiadores de agua, presentes en muchos hogares con caldera de gas o aerotermia, suelen ser más económicos en el día a día porque, por norma general, el gas o una bomba de calor resultan más baratos que la electricidad directa. Eso sí, a cambio suelen tener poca inercia térmica: están pensados para calentar rápido y llevar la casa a temperatura en poco tiempo, pero se enfrían casi al instante cuando la caldera deja de funcionar.
En el otro extremo están los radiadores de aceite. Como el aceite es más denso y no se evapora ni genera presión interna al calentarse, estos equipos tardan más en arrancar, pero también retienen el calor durante mucho tiempo una vez apagados (del orden de 45 a 60 minutos, según modelo). Por eso son útiles para mantener una temperatura más estable, sin subidas y bajadas tan bruscas.
Luego están los convectores o calefactores de aire: suelen ser los menos eficientes, porque dejan de calentar en cuanto se apagan y, además, tienden a resecar el ambiente.
Con todo, los radiadores cerámicos (este de Hudsonreed por ejemplo) con piedra de esteatita se sitúan a medio camino entre los de agua y los de aceite: no calientan tan “de golpe” como los de agua, pero ofrecen una buena inercia térmica y siguen liberando calor durante un buen rato. Son especialmente interesantes si no tienes calefacción central o una instalación hidráulica en casa y buscas una solución eléctrica más agradable y constante.
Inverter en radiadores
Además, algunos modelos —como estos de la marca Rointe— se promocionan como radiadores con tecnología Inverter. Y aquí conviene matizar algo importante: no hay que confundirlo con el “inverter” de los aires acondicionados (bombas de calor).
En un aire acondicionado con inverter, el sistema puede llegar a entregar 3 o 4 veces más calor del que consume en electricidad (rendimientos del 300–400% en condiciones favorables), porque no “crea” calor con una resistencia: lo mueve desde el exterior al interior. En un radiador eléctrico, en cambio, no funciona así: la electricidad se transforma en calor y, como mucho, hablamos de eficiencias cercanas al 100%.
Entonces, ¿qué significa Inverter en estos radiadores? Normalmente se refiere a la electrónica de control que gestiona cómo se genera el calor. Frente al comportamiento típico de “todo o nada” —encender al 100% hasta alcanzar la temperatura y luego apagarse, con picos de consumo y oscilaciones—, el sistema de Rointe afirma que regula la potencia de forma progresiva a medida que se acerca a la consigna (por ejemplo, bajando al 40% para mantener).
El resultado es una temperatura más estable, menos ciclos bruscos de encendido/apagado y, en teoría, menos gasto derivado de pasarse calentando la estancia para luego dejar que se enfríe.
La instalación es muy sencilla y no te dará problemas. Basta con colocar el dispositivo en los soportes de la pared, junto a un radiador normal. Solo necesitas tener un enchufe cerca o conectarlo directamente al cableado de la casa.
Además, hoy en día existen modelos más avanzados que incluyen extras muy útiles, como la conexión WiFi. Esto te permite controlar la calefacción desde el móvil, crear horarios o rutinas automáticas e incluso integrarlo con otros aparatos inteligentes de tu hogar.
Imagen portada | Rointe
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