El neuvo material se imprime en 3D y gracias a su diseño puede reducir la huella de carbono hasta en un 70 %
Hace poco hablamos de un material que convertía las paredes en una especie de imanes gigantes: ya no hacía falta pelearse con taladros y agujeros para colgar cosas. Es otro ejemplo de lo dinámico que es el mundo de los materiales de construcción, como este que llega de la mano de las arquitectas Dinorah Martínez Schulte y Edurne Morales, del estudio de diseño Manufactura.
Ellas han sido las encargadas de crear un nuevo material en el que se mezclan arquitectura, impresión en 3D y una alternativa mucho menos contaminante y más ecológica: un cemento desarrollado a partir de maíz y otros elementos biodegradables.
Menos residuos, menos contaminación
Estas dos arquitectas de origen mexicano han creado un material que busca acabar con uno de los grandes problemas de la arquitectura moderna: la contaminación. Para lograrlo, han dado forma a un material al que han denominado Corncrete. Un nombre curioso que nace de unir dos palabras anglosajonas tan reconocibles como corn (maíz) y concrete (hormigón).
Corncrete es un material de construcción ecológico diseñado específicamente para ser impreso en 3D. El gran atractivo de este desarrollo es que, en lugar de recurrir a elementos contaminantes como los que emplea el cemento tradicional, se apoya en recursos naturales abundantes.
Este biocemento combina en su fabricación residuos de maíz que, tras triturarse y secarse, se convierten en un polvo fino que después se mezcla con nejayote —el agua residual rica en nutrientes que sobra tras cocer el maíz—, cal natural e incorporando además un agregado mineral (Geocalce T).
Con la mezcla ya preparada, llega la segunda parte del proceso, que no es otra que aprovechar las ventajas de la construcción mediante impresión 3D. Los ensayos de compatibilidad con la impresora se realizaron utilizando un sistema de extrusión continua WASP Concrete HD integrado con un brazo robótico KUKA. El material se deposita capa a capa, sin necesidad de encofrados, lo que reduce de forma drástica los residuos de obra.
Además, el uso de robots permite crear formas curvas y acabados geométricos, mientras que la mezcla se endurece a temperatura ambiente en pocos días, con un proceso mucho menos exigente que el del hormigón tradicional.
De esta forma, las arquitectas aseguran que se puede reducir la huella de carbono hasta en un 70 % respecto a otros métodos tradicionales. Además, al secarse a temperatura ambiente, la cal captura CO2 directamente del aire.
También se eliminan muchos de los desperdicios habituales en la construcción gracias a la precisión que ofrece la impresión 3D, que evita la necesidad de usar moldes o encofrados y permite reducir los residuos de obra en un 90 %. A eso se suma un alto grado de personalización, ya que las boquillas de impresión permiten crear muros curvos y formas complejas que serían imposibles o muchísimo más caras de ejecutar con ladrillo y cemento convencional.
Una de sus características más sorprendentes es su capacidad de autorreparación. Si el muro sufre una microfisura, la humedad del ambiente reacciona con la cal que quedó inactiva, recristalizándola y sellando el daño sin necesidad de intervención humana.
Gracias a este material, sus creadoras lograron imprimir con éxito módulos de pared de hasta 80 centímetros de altura, demostrando que el material es resistente y que, además, ofrece un acabado estético muy atractivo.
Imágenes | Dinorah Schulte en Instagram
Vía | El Español
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