Cuando compramos nuestra actual casa, allá por 2021, tenía claro que una de las cosas que quería era un proyector en el cuarto. Así que tras plantear que tendríamos una enorme pared blanca frente a la cama de matrimonio, lo siguiente que hice fue una roza para sacar dos enchufes que irían sobre una balda, situada a su vez sobre el cabecero.
Tras una buena inversión en la casa y en mobiliario, no quise desembolsar mucho en un proyector. Estaba cansado de leer que los típicos proyectores chinos de 200 euros de Amazon son muy malos, pero para un rato antes de dormir no necesitaba la mejor calidad. Para la mayoría de visionados, ya tenía una maravillosa LG C9 de 65" que luego se transformó en una Samsung S95C del mismo tamaño.
Mejor que una tele pequeña de entrada
Una vez compré en oferta el proyector elegido, un Yaber Y31, que conseguí en Amazon por unos 150 euros, en oferta, mis sensaciones por lo pagado fueron muy buenas. Brillo decente para espacios cerrados, conexiones decentes e imagen que podría rivalizar con la de una tele de gama de entrada, que son las que suele haber en los cuartos.
Sí, era ruidoso (45 decibelios en el modo más silencioso, según mi Apple Watch, midiendo un metro y algo debajo del proyector), y prometía muchos lúmenes en su ficha en Amazon, pero solo era usable con luces apagadas y persianas echadas. No era ningún problema: era justo el escenario de uso en que queríamos usarlo. De noche, durante un rato, antes de dormir (con su temporizador siempre ajustado).
De nuevo, el movimiento podía defraudar, la gama de colores era relativamente pobre, los negros eran muy grises, y pese a que lograr un enfoque bueno no era difícil, la distorsión de los bordes era más que evidente. Y sí, pese a todo ello, defiendo la compra de este tipo de dispositivos. "Se te queman en dos días", se suele oír por Internet. No ha sido mi experiencia.
Sin embargo, por mucho que defiendo que no son la "basura" que se dice, sí que compro, ante la experiencia de un par de casos, el argumento de quienes les critican. Por poco más dinero, o el mismo, compras un proyector de alta calidad y de prestaciones muy superiores.
La segunda mano, clave. Este año hemos decidido irnos antes a la cama, y como pasamos más tiempo con el proyector encendido, nos apetecía un proyector de más calidad, más silencioso, y con mejor sonido. Buscando entre modelos recomendados de gama superior, encontré en Wallapop una unidad del mítico Benq W1070 por 120 euros, con ocho años a sus espaldas y 2300 horas de lámpara (sí, tendré que ser cuidadoso con ella antes de cambiarla, cosa que dudo que llegue a merecerme la pena ante este precio).
Puede resultar caro, pero si me preguntas, me ha parecido todo un chollo. Porque con él, me he encontrado:
- Una imagen mucho más brillante que en el Yaber, de unos 900 lúmenes ANSI, frente a los 300-400 que hoy consiguen proyectores de hasta 400 euros. Sin embargo, la gama de los 1.000 euros de hoy consigue mucho más.
- Una imagen mucho más nítida. No solo el chip del Benq es más grande y de mayor calidad para obtener un 1080p real, sino que las ópticas son de una calidad también muy buena, lo que posibilita que no haya distorsión en los bordes. El modelo económico siempre tuvo problemas con textos con poco que te desviaras del centro.
- Color de verdad. Según los análisis de la época, con el Benq se obtiene más de un 90% de cobertura de color del espectro Rec.709 (el más usado antes de que el DCI-P3 y el Rec.2020 hicieran aparición con el HDR). Esto garantiza tonos de piel y de paisaje bastante realistas y cercanos a los de televisores SDR. En el viejo monitor, nunca pude superar pieles muy rosadas, con mucho predominio del azul y poca precisión general, por mucho que ajustara con patrones. Es, sin duda, lo mejor del cambio de uno a otro.
- Un tamaño de proyección enorme. A la misma distancia de proyección, donde antes obtenía unas 90 pulgadas, ahora obtengo 120. Y spoiler: el cuerpo me pide incluso más, porque sigo teniendo pared que llenar. La diferencia puede no parecer enorme, pero en he ganado un 78% de pantalla en cuanto a superficie.
- Un contraste muy superior. Hablar de negro puro sería osado: en el Benq los negros siguen siendo grises. Sin embargo, se acercan mucho más al negro que los del Yaber. El detalle en sombra ya no hay que intuirlo, ahora se hace presente, lo que permite ver incluso exigentes episodios oscuros como los de Juego de Tronos o 'La Casa del Dragón". Para todo lo demás, hay un maravilloso televisor OLED en el salón.
Aunque está muy lejos del contraste de un televisor moderno, reproducir contenidos SDR exigentes como este 8x03 de 'Juego de Tronos' es algo en lo que el Benq W1070 cumple.
- Un ruido más contenido. El Benq, tras estos años, no es un proyector silencioso, pero sí es exponencialmente más silencioso que el Yaber. En concreto, mido 37 decibelios con el modo Eco, donde antes medía 45. No hay color.
- Funciones avanzadas. Con el Benq tengo, por ejemplo, HDMI CEC, por lo que no tengo que utilizar un mando para encender y otro para controlar la reproducción. Usando el mando de un Fire TV Stick puedo encender y apagar, subir y bajar volumen, etc. Hablando de mando: el del Benq W1070 es retroiluminado, algo que se agradece muchísimo en ambientes oscuros.
Como aspecto negativo está el hecho de que el Benq W1070, a diferencia del Yaber, no cuenta con puerto USB-A. Es relevante porque con el anterior no necesitaba un adaptador de corriente extra junto al cable del proyector, y con el Benq sí lo necesito. No es un enorme problema, pero ahora necesito una regleta o powerbank para alimentar el Fire Stick.
El cambio de proyector no ha cambiado nuestras vidas, pero sí nuestras series y películas por la noche. Ahora no miras una imagen aceptable, sino una que, pese a tener más de 10 años desde que se lanzó, asegura una gran luminosidad y calidad.
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