Encender la tele “un momento” puede engordar la factura de la luz a final de mes; es más habitual de lo que parece. Muchos televisores modernos vienen con ajustes pensados para provocar en nosotros un "efecto wow", no para gastar poco en nuestro salón, y ahí es donde empiezan los problemas de consumo.
Por qué tu tele gasta más de lo que debería
Lo normal es que el televisor llegue a casa con una configuración muy determinada: brillo al máximo, colores disparados y un procesamiento de imagen agresivo. Ese perfil está pensado para llamar la atención, no para un salón con luz tenue. Resultado: más vatios de los necesarios cada vez que la enciendes.
A eso se suma que mucha gente deja la tele encendida de fondo durante horas, incluso sin estar mirando, y no revisa jamás los ajustes de apagado automático o ahorro de energía. Si la tele no “sabe” que no hay nadie delante, seguirá tragando electricidad sin pestañear.
Otro detalle que pasa desapercibido es el brillo máximo en contenidos HDR. Cuando una película o serie activa ese modo, el televisor puede disparar la luminosidad y, con ella, el consumo. Si encima está configurado para mantener siempre el panel muy brillante, la diferencia en la factura se nota.
Los modos de imagen: el truco más sencillo para reducir consumo
Dentro del menú de cualquier tele moderna sueles encontrar varios modos de imagen: Estándar, Dinámico, Cine, Juego, Eco… El más agresivo en consumo suele ser el Dinámico o Vívido, que sube el brillo al límite para que todo destaque. Es el que menos interesa tener activado en casa.
El modo Cine o Película suele bajar brillo y temperatura de color, ofreciendo una imagen más suave y, de paso, reduciendo algo el gasto. Pero el que realmente está pensado para ahorrar es el modo Eco o Ahorro de energía, que ajusta el panel en función de la luz de la habitación o, directamente, lo mantiene en un nivel mucho más razonable.
Cambiar de un modo a otro puede parecer un detalle menor, pero es uno de esos ajustes que marcan la diferencia cuando sumas horas y horas de uso a lo largo del mes.
Lo que puedes hacer en 30 segundos para gastar menos
Si quieres atacar el problema sin complicarte la vida, hay un pequeño ritual que puedes hacer en medio minuto cada vez que estrenas tele o notas que se ha quedado “pasada de vueltas”:
- Enciende el televisor y entra en Configuración de imagen.
- Cambia el modo actual a Eco, Ahorro de energía o Cine, según lo que ofrezca tu modelo.
- Baja un par de puntos el brillo y, si aparece, desactiva cualquier opción tipo “Modo tienda” o “Demostración”.
Con solo eso consigues una imagen más cómoda para la vista y un consumo más ajustado al uso real de casa. No necesitas medir vatios ni entrar en menús avanzados: es un cambio rápido que cualquiera puede hacer con el mando en la mano.
Si quieres ir un poco más allá, hay algunos extras que ayudan a rematar:
- Apagado automático: programa la tele para que se apague sola si lleva un rato sin actividad. Evita horas encendida “de fondo” sin que nadie mire.
- Iluminación del entorno: si el televisor tiene sensor de luz, actívalo para que adapte el brillo a la habitación. No necesitas el mismo nivel a plena luz del día que por la noche.
- Puertos y funciones que no usas: algunas opciones de red o de conexión permanente mantienen ciertos módulos activos. No es lo que más gasta, pero todo suma.
Al final, se trata de ajustar la tele a cómo vives tú, no a cómo brillaba en la tienda. Con dos o tres cambios bien escogidos, el televisor sigue ofreciendo buena calidad de imagen, pero sin comportarse como si estuviera 24/7 en un escaparate. Y eso, cuando llega la factura, se nota.
Imágenes | Dall-E con edición
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