El primer edificio SmartScore Gold de Corea funciona como un cerebro y Samsung está detrás de su sistema inteligente

Factorial Seongsu ha logrado el nivel SmartScore Gold y ha reducido su consumo energético cerca de un 27 por ciento 

Manuel Naranjo

Editor

Hay edificios que se notan nuevos por fuera y otros que se notan nuevos por dentro. No por las puertas automáticas ni por una pantalla en recepción, sino porque, cuando algo cambia, el edificio reacciona como si tuviera reflejos. Baja el consumo sin que nadie toque un termostato, ajusta climatización según uso real y avisa antes de que una instalación empiece a fallar.

Ese es el tipo de idea que se esconde detrás de Factorial Seongsu, un edificio de oficinas en Seúl que se ha convertido en el primero del país en lograr la certificación SmartScore con nivel Gold. No es un sello decorativo: evalúa cómo de inteligente es un edificio en la práctica, con criterios que van de la eficiencia operativa a la experiencia de quienes lo usan cada día.

Lo relevante aquí es quién pone el sistema nervioso. La pieza central es b.IoT, una plataforma de Samsung que integra en un solo panel los sistemas clave del edificio, desde climatización a iluminación y energía, y que además usa analítica para tomar mejores decisiones operativas.

Qué mide SmartScore y por qué un Gold no es un simple diploma

SmartScore funciona como un estándar global para certificar edificios que realmente aprovechan tecnología conectada. No se queda en “tiene sensores”, sino en si esa tecnología mejora la gestión, reduce costes, aporta confort y, sobre todo, si es eficaz en el mundo real.

En el caso de Factorial Seongsu, el proyecto nace con esa intención desde el inicio. El edificio se desarrolló en 2020 sobre un antiguo emplazamiento logístico cerca de Seongsu Station y se planteó desde la fase de planificación con el concepto de tech ready building, con colaboración directa para que la tecnología no fuera un añadido posterior.

b.IoT como cerebro: integrar, medir y reaccionar en tiempo real

La clave de b.IoT es que unifica sistemas que normalmente viven separados. En lugar de que climatización, consumo eléctrico o iluminación vayan cada uno por su lado, la plataforma los integra y permite monitorizar el estado global en tiempo real, ajustando operación según condiciones.

Aquí aparece el salto interesante: el sistema no solo registra, también analiza. Puede revisar consumo energético, estado de instalaciones y eficiencia de calefacción y refrigeración, detectar anomalías y lanzar alertas si algo se sale de lo normal. Esa capa de análisis es la diferencia entre un edificio conectado y uno que, de verdad, aprende de su propio uso.

Y hay un dato que ayuda a entenderlo sin teoría: con la gestión optimizada de climatización y aires acondicionados, el edificio redujo el consumo energético aproximadamente un 27 por ciento en un periodo concreto de verano. Eso ya no suena a promesa, suena a contabilidad.

Otro elemento que explica por qué se habla de edificio cerebro es el uso de gemelo digital. La idea es replicar el edificio como un modelo tridimensional en un entorno virtual para visualizar el estado de instalaciones y simular escenarios de gestión. En el día a día, esto permite anticipar decisiones, no solo reaccionar a incidencias.

En el fondo, lo que está en juego no es que el edificio sea más moderno, sino que sea más predecible: menos derroche, menos averías sorpresa, mejor confort y más control operativo para quien lo gestiona.

Imágenes | Samsung

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