La autodosificación de la lavadora es una gran ayuda. Que no se convierta en un problema depende de que no caigas en estos errores

Si llenas el depósito y te olvidas, la autodosificación puede acabar dosificando mal, gastando más y generando residuos

Manuel Naranjo

Editor

La autodosificación en la lavadora es el invento perfecto: llenas un depósito, eliges programa y la lavadora decide cuánta cantidad de detergente necesita cada lavado.

Es ideal para el día a día: cero despistes, menos exceso de jabón, menos residuos en la ropa y, con suerte, un gasto más estable. Y lo cierto es que, cuando está bien usada, funciona muy bien.

El problema es que mucha gente la activa como si fuera un piloto automático total y se olvida. Y entonces la autodosificación deja de ser “comodidad” y se convierte en un festival de errores pequeños que, sumados, se notan en el resultado, en el consumo de detergente y en el mantenimiento.

Por qué en el uso diario se nota tanto

La ventaja principal es la constancia. Cuando echas detergente a ojo, tiendes a pasarte “por si acaso”, sobre todo con prendas muy sucias o con cargas grandes.

Con la autodosificación, la máquina puede ajustar la cantidad según peso, tipo de programa y, en algunos modelos, incluso según nivel de suciedad si lo indicas. Eso suele reducir el exceso de espuma, mejora el aclarado y evita que la ropa quede con ese tacto raro de “detergente pegado”.

Otra ventaja es la comodidad real. Si pones lavadoras a menudo, no tener que estar pendiente de medir cada vez te quita fricción. Y en casa, la fricción es lo que mata las rutinas: cuanto menos pienses, más probable es que lo uses bien.

Ahorro de detergente: sí, pero no por arte de magia

El ahorro llega, pero no porque la función sea “inteligente” en el sentido mágico. Llega porque te quita el vicio humano de pasarte. La autodosificación tiende a ser conservadora y eso, a largo plazo, se nota en el bote. Ahora bien, para que el ahorro sea real, tienes que hacer dos cosas.

La primera es configurar bien el producto que usas. No todos los detergentes se comportan igual. Los concentrados no se dosifican igual que los más líquidos y “aguados”. Si tu lavadora te deja ajustar el nivel de dosificación, merece la pena hacerlo con calma y no dejarlo en el valor por defecto si ves que la ropa sale con olor demasiado suave o, al revés, con exceso de espuma.

La segunda es no olvidar que la autodosificación no es sinónimo de “siempre el mismo detergente”. Si cambias de marca o de fórmula, el comportamiento puede variar bastante.

Errores comunes que convierten la ayuda en un problema

El más típico es pensar que cualquier colada es igual. No lo es. Si lavas toallas, ropa de deporte o prendas muy sucias y el sistema está dosificando para una carga normal, puede quedarse corto. Y al revés, si lavas ropa poco sucia y la máquina dosifica de más, acabas gastando detergente y provocando acumulación de residuos.

Otro error muy común es mezclar productos sin sentido. Hay gente que tiene el depósito de autodosificación lleno y, aun así, añade detergente en el cajetín “por si acaso”. Eso rompe el propósito y suele generar más espuma de la necesaria, lo que puede afectar al aclarado y dejar restos en la ropa.

También está el clásico de “relleno hasta arriba siempre”. Si no consumes ese detergente relativamente rápido, el producto se queda ahí, se espesa, puede separarse o coger olor. Y cuando eso pasa, la dosificación deja de ser precisa.

Mantenimiento: la parte que más importa

Aquí está el punto crítico. La autodosificación implica depósitos, conductos y piezas por donde pasa detergente de forma constante. Si no se limpian, se acumula residuo, aparecen olores y, en el peor caso, la función se vuelve irregular.

Lo básico es no dejar meses y meses el mismo detergente sin renovar. Si sabes que no vas a lavar mucho durante una temporada, es mejor no tener el depósito lleno. También ayuda hacer de vez en cuando un lavado de mantenimiento o un ciclo caliente, porque el calor reduce la acumulación.

Y si tu modelo tiene un modo de limpieza del cajetín o de los depósitos, úsalo. Es de esas funciones que parecen de manual, pero es justo lo que evita que la autodosificación acabe oliendo raro o dejando restos.

Si te acostumbras a todo lo que te hemos contado, la autodosificación se convierte en lo que promete: menos gasto, menos errores y mejor resultado. Si la dejas como un “me olvido para siempre”, es cuando aparece el lado malo: ropa que no sale como esperas, espuma de más y un mantenimiento que llega tarde.

Imágenes | Manuel Naranjo

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