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Da igual que tu Smart TV sea la más moderna del mundo con tropecientos nits, esto sigue siendo igual de importante que hace 50 años

Aunque las teles hayan crecido en luminosidad y diagonal, olvidarse de configurar el entorno visual puede hacer que no apreciemos toda su capacidad

Paco Rodríguez

Editor Senior

En un anterior artículo discutíamos sobre por qué los fabricantes año tras año nos sorprenden con cifras de brillo más y más elevadas que van mejorando, según afirman, la calidad de imagen. No es por manía suya o por quedar mejor en la publicidad. Hay una razón muy poderosa.

Y no es otra que facilitar el poder ver las imágenes en el televisor en cualquier circunstancia. Cuanto más brillante es una imagen, más detalles podremos apreciar si contamos con un buen contraste y más resaltará la imagen con respecto a la luz ambiental de la sala. El resultado será por tanto más espectacular y llamativo. Y si no nos gusta siempre podemos bajar la luz de fondo del panel.

Luces y sombras, la clave para una imagen espectacular

Pero por mucho brillo, resolución, capacidad de representación del color, escalado a 4K, procesamiento del movimiento, pulgadas o sonido apabullante que tenga una tele moderna, hay un factor que sigue siendo igual de imporante que hace 50 años para disfrutar de la mejor calidad de imagen y que muchas veces seguimos olvidando: la luz ambiental de la sala.

Es un aspecto que muchas veces ni nos paramos a considerar y que en ocasiones no pensamos incluso que sea algo necesario a la hora de configurar la pantalla. Encendemos la tele haya muchísima luz o estemos casi a oscuras sin tomar unas mínimas precauciones. Y claro, luego nos quejamos de que si se ve con poco contraste, que si tiene defectos de fugas de luz, etc.

De hecho, lo ideal sería para empezar tener varios modos de configuración diferentes, uno para entornos con luz (por ejemplo para ver la tele por el día) y otro para entornos sin luz (para ver la tele por las noches), e ir cambiando en función de la hora o situación concreta que sea. Algo que es ciertamente molesto porque hay que andar metiéndose en menús y acordarse de hacerlo claro. La otra opción es directamente controlar la luz ambiental en la sala cuando vamos a ver la tele.

Ejemplo de tele con exceso de luz ambiental. Imagen: Max Vakhtbovych:

Pero, ¿por qué es importante esto de controlar la luz de la sala? Pues muy sencillo, porque el ojo humano percibe una cosa por encima de todo: el contraste o la relación entre la luz y la oscuridad. Cuanto más oscuro es el entorno donde estamos, más fácil nos resulta ver la diferencia con respecto a una pequeña luz emitida por la pantalla y así es posible apreciar mejor los microdetalles, los contornos de las figuras, leer los letreros, etc.

Los reflejos brillantes en la pantalla resaltan más si estamos a oscuras, los negros se vuelven más oscuros, los colores parecen ser mucho más puros y el vídeo se ve mucho mejor y de forma más impactante de inmediato. Así, si queremos ver una película o serie oscura de día convendrá bajar las persianas o echar las cortinas para poder apreciar cada nit emitido por la pantalla.

Apagar las luces de la sala y bajar las persianas con un modelo de televisor más modesto permitirá a la tele extraer todo el potencial de los nits que pueda proporcionar. Pero también hay una contrapartida: si se trata de una pantalla con panel LCD-LED estaremos maximizando también la percepción de los defectos del panel y en especial del efecto blooming, esos "negros lavados" o halos que se producen alrededor de las imágenes brillantes sobre fondos oscuros.

Con las teles OLED y QD-OLED la percepción será mucho mejor a pesar de que suelen ofrecer niveles de potencia luminosa inferiores a las LCD, ya que pueden apagar los píxeles de forma individual. Sin embargo, las pantallas LCD, ya sean miniLED, LED, QLED aunque tengas cientos o miles de zonas de atenuación FALD el defecto se magnifica si apagas la luz por completo.

Es decir, lo ideal para obtener la mejor calidad de imagen es poder "controlar" la cantidad de luz en la sala más que de dejarla completamente a oscuras, algo que sí vendría bien en los proyectores. Así, lo recomendable para la mayoría de teles, incluso en las OLED (en este caso por temas de fatiga visual si la vamos a ver mucho rato seguido) es encender una pequeña fuente de luz auxiliar de baja luminosidad y situada en punto de la habitación donde no se refleje en la pantalla.

A ser posible conviene que podamos regular la potencia de la bombilla, ya sea de forma eléctrica con algún mando o bien simplemente es posible poner alguna tela, paño o ir tapando parte de la lámpara para ajustar la cantidad de luz que dejamos pasar.

Imagen portada | José Antonio Carmona

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