Así he renovado la iluminación de casa optando por luminarias de tipo LED empotrables

La iluminación tradicional es algo que poco a poco va cediendo paso en favor de las nuevas tecnologías con luminarias de tipo LED y bombillas inteligentes que contribuyen de mejorar la iluminación en casa y de paso a aminorar la factura energética. Un cambio para llevar a cabo sobre todo en caso de reformas integrales. Y uno de los más interesantes es el cambio de la luminaria tradicional por otra de tipo LED que a la larga va a beneficiar notablemente a nuestro bolsillo.

Y es que ya hemos hablado de luces LED en casa, una la iluminación de este tipo podemos decir sin temor que ya no es el futuro, sino el presente de nuestros hogares y motivos tiene para ello. Las siglas LED vienen de Light Emitting Diode (diodo semiconductor que emite luz al ser atravesado por una corriente eléctrica) y la cantidad de ventajas que ofrecen a la hora de valorar su uso en el hogar son demoledoras.

El listado de ventajas que vamos a encontrar y que hacen que la luminaria LED sea parte de nuestro hogar es grande y puede resumirse básicamente en estos seis apartados:

  • Las luces LED son más seguras que las bombillas tradicionales u otros tipos de lámparas usadas para alumbrar
  • Una bombilla LED te va a permitir una vida útil de hasta 45.000 horas de uso
  • No generan contaminación calórica ya que el 80% de la energía que consume se convierte en luz
  • Se puede ahorrar hasta el 80% de energía que puede hacerte ahorrar una diferencia de hasta 50 euros si la comparamos con las bombillas tradicionales
  • Con las luces LED podemos adaptarnos a un gran número de circunstancias ya sea por colores, ambientes, lugares...
  • Existen a su vez bombillas o luces LED con la capacidad de ser controladas desde nuestro smartphone gracias a la conectividad Bluetooth

El proceso del cambio

En mi caso he procedido con un cambio total, una instalación nueva que me ha llevado en primer lugar a la instalación de un techo de pladur en toda la vivienda que ha permitido una mejor distribución de todo el cableado de las luces y de la distribución eléctrica general. Pero además ha permitido otros beneficios que veremos más tarde.

El cableado se extiende sobre un falso techo lo que permite un ahorro de tiempo y una mayor libertad a la hora de hacer los agujeros y huecos necesarios puesto que en este caso la luminaria usada ha sido de tipo empotrable, lo que obligaba a contar con las ubicaciones más o menos fijadas. En un techo de obra, el proceso habría ido casi imposible de llevar a cabo o al menos mucho más laborioso.

Además al contar con doble techo vamos a jugar con la longitud del cableado, de forma que podemos dejar una cantidad sobrante para en caso de precisar un cambio de ubicación con el tiempo tan sólo tengamos que desplazar el huevo en el falso techo sin necesidad de extender nuevos cables.

El pladur, el material más usado en este tipo de soluciones, ademas se puede modelar de forma que podemos ubicar la luminaria de múltiples formas y en casi cualquier posición. En mi caso he optado por formas circulares en las que se combinan pequeñas luces LED Osram de 4,3 vatios hasta otras más grandes como son las usadas en la cocina o salón, Philips de 14 vatios y Philips de 15 vatios respectivamente, mientras que la del baño, una claraboya de luz de 66 centímetros de diámetro ya cuenta con 48 vatios de potencia.

Igualmente interesantes son otras opciones que podemos encontrar en los comercios como es el caso de luces LED en forma de tubos u otras que ya incluso juegan con telas a modo de pantalla. Es cuestión de valorar presupuesto y necesidades, tanto lumínicas como decorativas.

La importancia de la temperatura de la luz

Y es que en el aspecto estético es más que importante contar con alguien con conocimientos en decoración. Alguien que nos asesore según nuestro mobiliario, la luz de nuestra casa o el tipo de lámpara elegida para poder encontrar la luz más acertada.

Podemos encontrar en el mercado así luces que aunque parecidas no son exactamente iguales y para ello debemos mirar la escala Kelvin que ofrece cada una de ellas. Se trata de la temperatura de color de una fuente de luz y cuanto más alta sea más fría resultará esa luz.

Así nos encontramos con fuentes lumínicas cálidas las cuales son aquellas que debido a su temperatura de color hacen que ofrezcan tonos cercanos al rojo mientras que las frías son las que tienen tonos próximos al azul. Las fuentes lumínicas situadas en el medio de ambas se consideran neutras. Estas son las tres escalas:

  • Luz Cálida: (Entre 2800ºK y 3500ºK). Equivale a la luz que producían las bombillas incandescentes y los focos halógenos. Las más usadas para estancias como el salón y los dormitorios.

  • Luz Neutra: (Entre 3800ºK y 4500ºK). Se considera cómo la luz más natural.

  • Luz Fría: (Más de 5000ºK). Equivale a la luz de un día muy soleado o nublado. Es la más usada en cocinas y baños si bien están perdiendo terreno en estos últimos en favor de otras más calidas que ofrecen una mejor gama cromática.

En mi caso he optado por luminaria con una escala que oscila entre los 3.000 Kelvin para pasillos y habitaciones que busca conseguir un ambiente más acogedor y de 4.000 Kelvin en la cocina, un valor que es algo más frío pero que se antoja ideal para dar más luz a un espacio que siempre precisa de ella y que además combina muy bien con muebles de tonos claros.

La decoración es importante

Llegamos al último apartado. El que nos hace pensar en la conjunción luces y decoración. Una mezcla que hace que si tenemos un piso con una luz natural moderada como es el caso tengamos que optar por tonos claros (en muebles, suelos, puertas y paredes) y por lo tanto en decoración dejando así que sean los elementos decorativos adicionales (cuadros, alfombras, cojines...) los que den color.

En este caso he optado por luces que buscan simular una luz cercana a la que ofrecen las bombillas incandescentes con empotrables en el techo que además permiten jugar con un cierto ángulo de inclinación para orientarlas cómo más interese.

Y en medio de la instalación un consejo que me dieron. No pecar de escasez, pues la falta de luz puede hacer que una vivienda pierda enteros por muy bien terminada y decorada que esté.

En este sentido he situado luces en la zona cercana a las paredes para crear ambientes más suaves simulando luces indirectas. Las únicas estancias que se han salvado de tal colocación han sido la cocina (motivos obvios), el baño y la zona de ambiente del salón en la que he decidido concentrar casi toda la luz de la estancia dejando el resto con un efecto pasillo funcional con conmutadores.

Un cambio que aunque laborioso y largo para llevarlo a cabo, ha supuesto una mejora sustancial respecto a la iluminación tradicional que se suele usar en casa. Y aunque el coste de cambiar a luces LED en el momento de la compra pueda parecer excesivo, ya no lo es tanto como hace unos años y de paso vamos a mejorar y optimizar nuestro consumo a dar así un mordisco a nuestra factura de la luz.

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Fotos interior | Arquitecnic

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