
Un exceso de agua provoca que aparezca una sustancia dulce y pegajosa (melaza) y atraiga a las plagas
Desde hace un tiempo, vengo observando algo llamativo cuando voy a casa de mis padres: la presencia de hormigas en la terraza. Y es algo que me llama la atención porque aparecen incluso cuando no hay nadie viviendo allí. Después de estar investigando, me he dado cuenta de que la culpa la tengo yo por regar las plantas.
Lo más curioso es que las hormigas aparecen incluso aunque la casa pase temporadas vacía, por lo que no hay restos de comida ni ninguna otra actividad que pueda atraerlas. El problema era mucho más sencillo y tenía que ver con el riego.
Un enemigo invisible
Se trata de grandes maceteros que riego de forma frecuente cuando no están mis padres, para evitar que las plantas se vengan abajo. El problema es que no las estaba regando de forma adecuada: me había pasado con la cantidad de agua y eso había provocado la aparición de hormigas.
De hecho, terminé dándome cuenta porque las hormigas aparecían poco después de regar las plantas. Además, las plantas habían comenzado a amarillear y, tras investigar un poco, mi pareja me dijo que todo se debía a un exceso de agua.
Aunque parezca contradictorio —ya que las hormigas suelen buscar tierra seca para hacer sus nidos—, el exceso de riego puede ser uno de los grandes detonantes indirectos de su aparición. Los expertos lo explican a través de un “efecto dominó”.
Un exceso de riego tiene consecuencias. Lo que hacía, sin darme cuenta, era saturar la tierra y desplazar el oxígeno disponible en el sustrato. Esto ahoga las raíces de la planta y la debilita enormemente. Y una planta estresada y débil es el blanco perfecto para las plagas chupadoras de savia, como el pulgón, la mosca blanca o la cochinilla.
Estos insectos chupadores, al alimentarse de la planta debilitada, segregan una gran cantidad de melaza. Las hormigas, que siempre están patrullando, detectan esta fuente de azúcares y acuden en masa para proteger a la plaga que la produce.
Además de este motivo, expertos en plagas de jardín apuntan a las raíces podridas como otro foco del problema. Desde Rimesa, una web especializada, señalan que el exceso prolongado de humedad pudre las raíces y los tallos bajos, además de favorecer la aparición de hongos. Esta materia orgánica en descomposición crea un microclima deteriorado que, aunque parezca sorprendente, algunas especies de hormigas buscan activamente para establecer refugios y túneles bajo la protección de la tierra suelta.
Soluciones prácticas para mantenerlas a raya
En la web de estos expertos recomiendan controlar el riego para que no sea excesivo. Un buen truco consiste en dejar que la parte superior de la tierra se seque un poco antes de volver a regar. Como las hormigas buscan lugares secos y con huecos de aire para hacer sus nidos, esto puede desanimarlas a instalarse ahí.
Otra cosa que hago es revisar bien las plantas, sobre todo el envés de las hojas y los brotes nuevos, para comprobar si hay pulgones o cochinillas. Si aparecen, toca buscar un producto específico para acabar con esa plaga.
Otra cosa que hago cuando voy a regar las plantas es comprobar si hay hojas secas o algún resto orgánico para retirarlo, ya que esto favorece la aparición de humedad estancada, el ambiente ideal para que las hormigas establezcan sus colonias.
Además, no hay que olvidar que las hormigas aprovechan cualquier rendija o espacio que haya (juntas de pavimento, pequeñas grietas...) para construir sus rutas. Si ves que hay algún espacio así en tu terraza jardín, puede sellarlo para intentar reducir su actividad.
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