Es una forma de darles una segunda vida y aprovechar el poder para absorber la humedad ambiental que tienen
Con la llegada del frío, especialmente en diciembre, es habitual que las ventanas empiecen a empañarse. La causa está en la diferencia de temperatura entre el interior de la vivienda y el exterior, que hace que el vapor de agua del ambiente se deposite sobre los cristales. El resultado de la condensación son marcas, sensación de suciedad y, con el tiempo, un entorno propicio para la acumulación de moho y otros microorganismos.
Más allá de los limpiadores y soluciones comerciales, algunos especialistas en limpieza doméstica apuntan a remedios sencillos que tenemos en casa sin darnos cuenta. Uno de ellos utiliza un objeto que suele acumularse por decenas en los cajones y que, casi siempre, acaba en el punto limpio: las bolsitas de gel de sílice.
Esas pequeñas bolsas llenas de bolitas transparentes —un drama cuando alguna se rompe— llegan con muchos de los productos que compramos por Internet. Su función es absorber la humedad del interior del paquete para proteger el contenido. Pero una vez abierto, ese desecante todavía puede tener una segunda vida muy útil en casa.
Cómo funcionan
Y es que hay casas en las que los dueños colocan bolsitas desecantes —como las que contienen gel de sílice— cerca de la ventana puede ayudar a reducir la condensación de una forma sencilla.
Su funcionamiento es bastante simple: absorben el exceso de humedad del aire interior, actuando como un pequeño deshumidificador casero. Al haber menos vapor de agua en el ambiente, disminuye la posibilidad de que este se transforme en gotas al entrar en contacto con el cristal frío, algo muy habitual durante las noches de invierno.
Al mantener la humedad bajo control en la zona cercana a la ventana, el vidrio permanece más seco y transparente, evitando ese empañamiento tan molesto que aparece cuando bajan las temperaturas.
Cómo utilizarlas
Basta con colocar una o varias bolsitas de gel de sílice en un recipiente abierto o directamente sobre el alféizar de la ventana, especialmente por la noche. También se puede recurrir a arena de gato con sílice como alternativa. Conviene cambiarlas cada pocos días o cuando notes que están húmedas al tacto, ya que en ese momento han alcanzado su capacidad máxima de absorción.
¿Por qué funciona según los expertos?
El gel de sílice tiene una alta capacidad de absorción. Tiene gran facilidad para captar y retener la humedad del aire y por eso se utiliza habitualmente para proteger productos sensibles al agua y resulta eficaz también en espacios pequeños como el entorno de una ventana.
Cuando el aire contiene menos humedad, el vapor tarda más en convertirse en agua líquida al tocar una superficie fría. Dicho de forma sencilla: al reducir la humedad ambiental, se dificulta la formación de gotas en el cristal.
Estas bolsitas funcionan como un mini deshumidificador pasivo, sin electricidad ni ruido. No sustituyen a un aparato convencional, pero sí ayudan a controlar la humedad justo donde suele aparecer el problema.
Porqué se forma la condensación
En la web de Tecniventana explican cuáles son los motivos más habituales por los que se forma condensación en las ventanas durante los meses fríos. Entre las causas principales destacan las siguientes:
- Contraste térmico: Cuando el cristal está a una temperatura mucho más baja que el aire del interior, el vapor de agua presente en el ambiente se transforma en pequeñas gotas al tocar esa superficie fría.
- Ventilación insuficiente: Si el aire de la vivienda no se renueva con frecuencia, la humedad se acumula en el interior, creando el entorno perfecto para que la condensación aparezca en los cerramientos.
- Rutinas diarias que generan humedad: Acciones tan comunes como cocinar, ducharse o tender la ropa dentro de casa liberan vapor de agua al ambiente. Si ese exceso de humedad no se evacúa correctamente, acaba depositándose en las ventanas en forma de condensación.
Otras cosas que puedes hacer
En mi caso, para acabar con la condensación cuando vivía en un piso con las ventanas sin doble acristalamiento, siempre ponía en práctica (y lo sigo haciendo) una serie de medidas que además de funcionar, también eran muy económicas.
En mi caso, lo primero que intento es no pasarme con la calefacción. He comprobado que cuando la subo demasiado en invierno, las ventanas se empañan mucho más. Por eso procuro mantener la casa en un rango cómodo, alrededor de los 20 o 22 grados, suficiente para estar a gusto sin provocar un contraste térmico excesivo.
También evito, siempre que puedo, secar la ropa dentro de casa. Alguna vez lo he hecho por necesidad y se nota enseguida cómo aumenta la humedad. Cuando no queda otra, intento ventilar bien, pero lo ideal es tender fuera o en un espacio muy aireado.
Otro hábito que he incorporado es dejar las puertas interiores abiertas. Parece un detalle menor, pero ayuda bastante a que el aire circule mejor entre las habitaciones y a que la humedad no se quede concentrada en un solo punto de la casa.
Y cuando la humedad aprieta de verdad, recurro a un deshumidificador. No lo tengo funcionando todo el día, pero sí en los momentos clave, y se nota. Al absorber el exceso de vapor del ambiente, las ventanas permanecen mucho más secas y el ambiente resulta más confortable
Imagen portada | PxHere
En Xataka SmartHome | Vivo de alquiler con cierres y ventanas de madera viejos. Así evito que entre el frío y la humedad sin hacer obras
Ver todos los comentarios en https://www.xatakahome.com
VER 0 Comentario