
Sin tener que comprar ninguna aplicación para no caer en aplicaciones de redes sociales, ni de mensajería
Tengo que reconocer que, aunque no soy un usuario intensivo del móvil y me gusta desconectar, hay situaciones en las que estoy pegado a la pantalla y no debería hacerlo. Cuando veía una serie o una película, a veces me perdía parte del argumento. Lo he solucionado con solo configurar el móvil de la forma adecuada para desengancharme en los ratos de ocio.
Ya lo comentó mi compañero Manuel hace unos días: es habitual que muchas personas estén permanentemente conectadas. A mí me ocurría y, harto de la situación —y de que mi pareja alguna vez me regañase, que todo hay que decirlo—, atajé el problema con una configuración muy especial en el móvil.
Desconexión digital
En muchas ocasiones, cuando estaba viendo una serie o una película, terminaba cogiendo el móvil para consultar algún detalle: en qué otra serie había aparecido ese actor cuya cara me sonaba, la localización de alguna película o, simplemente, para apuntarla como vista o puntuarla en alguna aplicación. El problema es que esos segundos podían transformarse en minutos y terminaba perdiéndome parte del argumento.
Pasar por alto algún detalle en una conversación o un gesto en la pantalla era un problema, sobre todo en contenidos que exigían más atención. Y no era cuestión de estar rebobinando continuamente —para enfado, de nuevo, de mi expareja—. Así que decidí atajar por lo sano y configurar el móvil para que usarlo fuese todo un suplicio.
Seguramente estarás pensando que decidí usar alguna aplicación que dejaba la pantalla de inicio casi en blanco, prácticamente como si fuera la de un teléfono tonto. De hecho, lo pensé, pero eso convertía el teléfono en una especie de pisapapeles la mayor parte del tiempo, y eso era algo que no quería: solo quería un teléfono tonto a ratos.
Así que hice una cosa muy sencilla: aproveché los modos de configuración y dediqué unos cuantos minutos a ajustar la pantalla de forma adecuada.
En este caso, hay que decir que tengo un iPhone. Lo que hice, sin rodeos, fue crear un modo de concentración específico para el tiempo en el que normalmente estoy viendo la tele, pero también para que se active cuando voy al cine al que suelo ir, aunque es cierto que allí prácticamente no lo uso.
Como suelo ver series y contenidos, sobre todo, por la noche, configuré el modo de concentración para que se activase solo a partir de las 9:00 de la noche con una hora final que cambia en función del día (los viernes es toda la tarde), además de hacerlo también según la ubicación del cine en cuestión.
La primera parte estaba hecha, pero tocaba hacer que la pantalla fuese realmente fea. Como en iOS todos los iconos están a mano, lo primero que hice fue dejar la pantalla limpia. Solo mantuve un par de iconos para aplicaciones en caso de emergencia: Ajustes, Teléfono, WhatsApp y Telegram. El resto de iconos fueron eliminados de cualquier pantalla.
Pero las modificaciones no terminaron ahí. Para hacer la pantalla aún más repelente, la puse en blanco y negro. Configuré el modo de concentración para que, cuando se activase, la pantalla estuviese en escala de grises, además de quedar libre de iconos.
Y sí, a estas alturas alguien me puede decir que bastaba con irse a la última pantalla de iOS 26 para encontrar la biblioteca de aplicaciones y tenerlas todas a mano. Y es cierto que esa pantalla no se puede eliminar al ser nativa del sistema, pero buscar una aplicación en ella es tan incordio que nunca la uso.
Por lo tanto, con esta configuración, si en algún momento me interesaba mirar algo en el móvil o, sencillamente, caía en la tentación de hacerlo, rápidamente me daba por vencido al ver esa pantalla tan poco agraciada y con tan pocas opciones que mirar.
En Xataka SmartHome | Tengo cientos de canales, más contenido que nunca y veo la tele menos que antes: cuando más no significa mejor
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