
Pasamos casi un tercio de nuestra vida en la cama, así que la higiene de las sábanas es fundamental
¿Alguna vez has pensado cuánto tiempo de tu vida pasas en la cama? Las estadísticas dicen que, por lo general, pasamos casi un tercio de nuestra vida durmiendo o, lo que es lo mismo, unos 24 años si tomamos como referencia una esperanza de vida de 72 años. Por eso, mantener una buena higiene con la ropa de cama es fundamental. Y aunque estamos acostumbrados a escuchar que lo ideal es lavar las sábanas una vez a la semana, la ciencia ha llegado para decirnos que quizás lo estamos haciendo mal.
Lo que siempre hemos escuchado es que este es el plazo ideal (entre una semana y 10 días) para evitar la acumulación de alérgenos y microorganismos. Y no es que esté mal, pero no se trata de una norma inquebrantable o, al menos, no en el caso de personas sanas que no tengan alergias.
La temperatura es clave
En realidad, esa frecuencia es una pauta médica especialmente indicada para personas con alergia severa a los ácaros del polvo. Por ejemplo, Lindsay Browning, psicóloga y experta en sueño, recomienda cambiar las sábanas “una vez a la semana o, como máximo, cada dos semanas” para mantener un entorno de descanso limpio y saludable. Una frecuencia que puede variar en personas con piel sensible, alergias o asma, así como si hay mascotas, sudoración intensa, calor...
Pero lo cierto es que, para la población general que no presente ningún tipo de patología, no hay evidencia científica concluyente, ni siquiera en los trabajos clásicos de acarología, que confirme que cambiar las sábanas cada dos semanas suponga algún perjuicio demostrable para la salud. Y es que, tal y como cuentan en Xataka, a los ácaros no les preocupa tanto la frecuencia con la que cambiamos las sábanas como la forma en la que las lavamos. Así lo demuestra un estudio de Vyszenski-Moher en el que se pone de relieve que las especies comunes de ácaros no necesitan un cambio de sábanas cada semana, sino que hace falta una temperatura alta para romper su ciclo vital.
UN VISTAZO A...
Por más que lo que tardamos en lavar las sábanas entre uno y otro uso, en lo que hay que fijarse es en la temperatura a la que ponemos la lavadora y de hecho, ya lo hemos explicado en otras ocasiones: lavar con agua bastante caliente, es fundamental para acabar con los microorganismos:
- Ciclos fríos o tibios (30 °C - 40 °C): resultan casi inofensivos para ellos; apenas eliminan entre un 6% y un 10% de la población presente en las fibras.
- Ciclos a partir de 60 °C (o con vapor): es el umbral térmico crítico que destruye por completo tanto a los ácaros como a sus alérgenos.
Es la opinión que tienen alergólogos como Pablo Moreno al afirmar que debemos prestar atención a la temperatura del agua: “Si no se lava por encima de cierta temperatura, lo único que se hace es un ‘spa’ para los ácaros”
¿Sirve de algo dejar la cama sin hacer?
Suele recomendarse no hacer la cama de inmediato y ventilar la habitación para deshidratar a los ácaros con aire seco y hasta aprovechando el sol: y esto es una verdad a medias. Si bien ventilar mejora la calidad del aire del dormitorio, no acaba con el problema: son arácnidos microscópicos sumamente resistentes. En cuanto nos volvemos a acostar por la noche, el calor corporal y la transpiración proporcionan toda la humedad que necesitan para reactivarse.
Las sábanas acumulan mucha suciedad: sudor, aceites corporales, restos de productos, polvo adherido a la grasa, ácaros, bacterias y otros gérmenes. Y si además hay mascotas que se suben a la cama, la contaminación aumenta con pelos y restos de piel. Por lo tanto, hay que tener claro que los ácaros no son los únicos inquilinos de la cama:
- Esporas y hongos: diversos análisis microbiológicos en almohadas usadas han detectado colonias de hongos (como Aspergillus fumigatus), que encuentran en el relleno un hábitat idóneo alimentado por las células muertas de la piel.
- Convivencia con animales: dormir con perros o gatos sí justifica acortar los intervalos de lavado debido a la acumulación de caspa, pelo y suciedad exterior. En estos casos, la regla de los 60 °C cobra todavía más importancia.
- El gesto más eficaz: curiosamente, la evidencia señala que el mayor vector de contagio bacteriano no está en el tambor de la lavadora, sino en nuestras propias manos. Lavárselas bien con agua y jabón justo después de meter la ropa sucia en la lavadora previene más infecciones cotidianas que cualquier programa de lavado especial.
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