
La culpa la tiene un fenómeno llamado ineficiencia térmica
La orientación y, sobre todo, los materiales son los principales responsables de que ocurra
Hemos visto cómo, en casa, hay zonas que pueden convertirse en auténticos hornos en verano. Pero en pocas se manifiesta de una forma tan clara el efecto radiador como en terrazas y balcones. Por su orientación o por los materiales con los que están fabricados, evitarlo se convierte en todo un reto.
El efecto radiador en los balcones es un problema clásico. La culpa la tienen, en muchas casas, los materiales con los que están acabadas estas zonas: terrazo, cerámica, hormigón… Todos ellos son perfectos para acumular el calor generado por los rayos del sol durante el día. Por eso es tan difícil ponerle solución, al menos sin tener que hacer una obra compleja.
Que el balcón o la terraza de tu casa se conviertan en un horno en verano y que, si te atreves a pisarlos, puedas acabar poniendo el grito en el cielo tiene un claro responsable: la ineficiencia térmica. Frente a otras zonas de la vivienda, en las que los materiales son más adecuados y el aislamiento está mucho más conseguido, balcones y terrazas, tanto por los materiales como por su situación en la casa, se convierten en auténticos acumuladores de calor. Absorben la radiación solar durante el día —pudiendo superar fácilmente los 60 °C en los duros veranos del sur— y liberan ese calor lentamente durante la noche.
El problema es que corregir este fenómeno no es tan fácil como poner solución al calor en otras zonas de la casa. Los especialistas en cerramientos, pero también los arquitectos, suelen fijarse en tres frentes clave: bloquear la radiación, aislar la masa térmica y usar sistemas de refrigeración pasiva.
Bloquear la radiación solar
La forma más efectiva de evitar que el suelo acumule calor es impedir que el sol llegue directamente a él. Como ocurre en otros casos, lo mejor que podemos hacer es recurrir a elementos que funcionen como escudo protector.
En Lumon y otras páginas especializadas en cerramientos destacan el uso de lonas acrílicas o telas microperforadas como elementos ideales para frenar la llegada directa de los rayos del sol al suelo y a las paredes de balcones y terrazas.
De hecho, los especialistas destacan las telas microperforadas como un material excelente, porque filtran hasta el 94% de los rayos UV, pero permiten que el aire caliente escape hacia arriba, evitando así el efecto invernadero.
El poder de las plantas
Lo hemos visto en otras ocasiones: las plantas pueden convertirse en el mejor aliado a la hora de rebajar la temperatura en casa, y el balcón o la terraza no son una excepción. La vegetación no solo da sombra, sino que también transpira, y esto la convierte en una ayuda perfecta para combatir el calor.
Instalar un jardín vertical o colocar plantas trepadoras densas en las paredes hará que estas se encarguen de absorber parte de la energía solar para realizar la fotosíntesis. Al mismo tiempo, enfrían el aire circundante de forma natural e impiden que los rayos del sol impacten directamente sobre las paredes.
Además, si combinas una zona de sombra con un pequeño sistema de agua nebulizada, puedes favorecer una bajada de la temperatura del aire antes de que este transfiera el calor al suelo.
Aislar y cubrir
Siempre sin tener que hacer obra, y cuando el sol ya ha calentado el suelo o no hay posibilidad de instalar un escudo protector intermedio, la solución pasa por crear una barrera entre esa cerámica —que se ha convertido en una parrilla que casi no podemos ni pisar— y nuestros pies o cualquier otra superficie.
Una buena solución pasa por instalar losetas de madera o composite sobre el suelo actual. Esto crea una pequeña cámara de aire entre ambos materiales. Además, hay que tener en cuenta que la madera tiene mucha menos conductividad térmica que el azulejo, por lo que no se calienta tanto ni quema al pisarla.
El color también es importante, como ya vimos hace unos días. Los colores oscuros absorben el calor; los claros lo reflejan. Si no puedes cambiar el suelo, puedes cubrirlo con alfombras de exterior transpirables —de fibras naturales o polipropileno— en tonos blancos, beige o grises muy claros. Esto ayuda a reflejar la luz solar y reduce de forma notable la temperatura superficial.
La última solución es también la más drástica, pero quizás la más efectiva. Eso sí, solo está disponible para quienes estén dispuestos a meterse en faena y cambiar el suelo. Hay arquitectos que recomiendan baldosas con un Índice de Reflectancia Solar —IRS— superior a 0,65, diseñadas específicamente para no acumular tanta temperatura.
Foto de portada | KeepGreen
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