Nos estamos acostumbrando a depender de la nube hasta para encender una bombilla y puede ser un peligro
Vivir en una casa inteligente tiene una gran cantidad de ventajas: poder controlarlo todo a distancia, crear escenas y rutinas… Pero, aunque todo parezca de color de rosa, no hay que olvidar que también pueden aparecer nubarrones que oscurezcan el panorama.
Ya vimos lo que podía ocurrir si en un momento dado falla el router: todo el castillo de naipes se viene abajo. Pero igual de importante es que la marca en la que confiamos ciegamente ofrezca garantías de soporte y, sobre todo, que su aplicación no desaparezca. Y esto último es precisamente lo que ha ocurrido con una conocida marca de dispositivos para el hogar inteligente.
Un gigante con pies de barro
Lo contaban en HomeKits.de: la aplicación de SwitchBot ha desaparecido de la App Store en Alemania. Así que, como usuario de distintos productos de la marca y por la experiencia que ya tengo en este tipo de situaciones, me dispuse a investigar.
Lo primero que hice fue preguntar directamente a la empresa por la situación, y me confirmaron que sí, que “la aplicación SwitchBot fue eliminada de la App Store alemana”. Me contaron que están intentando ponerse en contacto con el equipo de Apple para aclarar el problema y que por el momento, “solo la App Store alemana parece verse afectada”. Como alternativa me dijeron lo siguiente:
“Mientras tanto, si los usuarios alemanes necesitan descargar o actualizar la aplicación SwitchBot, póngase en contacto con nuestro servicio de atención al cliente a través del chat en vivo en nuestro sitio web e incluya la palabra clave "App-Entfernung". Nuestro agente de chat en vivo los guiará a través del proceso de instalación”.
Con todo esto, hice la comprobación y vi que tanto en Google Play Store como en la App Store de España la aplicación sigue estando disponible. Aun así, esto me ha llevado a replantearme una cuestión: ¿qué ocurre cuando una marca deja de ofrecer soporte o una aplicación desaparece?
Invertir en un hogar conectado, con dispositivos que en muchas ocasiones no son precisamente baratos, hace que este aspecto cobre aún más importancia. Porque nunca tenemos la certeza absoluta de que la marca no nos vaya a dejar tirados. Y se trata de evitar una serie de consecuencias bastante serias.
Por un lado, está la pérdida de las funciones “smart” y que el aparato termine convertido en un pisapapeles en el peor de los casos, como puede ocurrir con muchos termostatos o cerraduras que ni siquiera tienen botones físicos. En el mejor escenario, un enchufe o una bombilla carísima pasa a funcionar como un dispositivo tradicional de ferretería.
Pero eso no es lo peor. El hogar conectado funciona como un ecosistema. Si la app de un fabricante desaparece, todas las rutinas de Alexa, Google Home o HomeKit que dependían de ese puente se rompen. La escena de “Buenas noches”, que apagaba las luces y bajaba las persianas, deja de funcionar por culpa de un solo eslabón caído.
Y luego está el drama de la basura electrónica. Estamos tirando hardware que se encuentra en perfecto estado. Motores, sensores y paneles LED con años de vida útil por delante acaban en el vertedero simplemente porque un servidor, en alguna parte del mundo, se ha apagado.
En el fondo, este problema revela hasta qué punto ha cambiado el concepto de propiedad con el Internet de las Cosas (IoT). Igual que nos hemos acostumbrado a no tener realmente nuestra música o nuestras películas y a depender del streaming, con la electrónica pasa algo parecido: compramos el hardware, pero seguimos dependiendo de la nube.
Al adquirir uno de estos dispositivos, tenemos una falsa sensación de propiedad. La realidad es que solo hemos comprado el cuerpo del aparato, pero lo que lo hace funcionar, su cerebro, reside en los servidores del fabricante, y eso es algo que escapa a nuestro control. Dependemos demasiado de la nube (la escena de esta serie mítica es ejemplar). Si la empresa quiebra, cambia su modelo de negocio o simplemente sufre un bloqueo regional —como a veces ocurre en las tiendas de aplicaciones europeas, y lo de SwitchBot es un buen ejemplo—, al final es el usuario quien paga los platos rotos.
Qué opciones tengo como usuario
Pero no todo va a ser negativo y por no quedarme solo en la crítica voy a buscar alternativas que nos devuelvan el control como consumidores. Para no depender exclusivamente de servidores externos, existen opciones. Ahí están Zigbee —y antes Z-Wave—, gestionados a través de hubs locales o de plataformas de código abierto como Home Assistant, que permiten que los dispositivos sigan funcionando incluso si nos quedamos sin Internet o si el fabricante desaparece.
Y luego está lo más actual: Matter. Aunque, a decir verdad, a estas alturas todavía no tengo claro si se trata más de una promesa que de una realidad, este nuevo estándar promete solucionar muchos de estos problemas al permitir la interoperabilidad y el control local. En teoría, un dispositivo Matter debería poder controlarse desde la plataforma que elijas —Apple, Google, Amazon o Samsung— sin depender de la app obligatoria del fabricante de turno.
Imagen portada | Warner Bros. Discovery
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