
Aunque por fuera puedan parecer aparentemente iguales, los modelos más económicos suelen ofrecer prestaciones recortadas que a la larga cuestan más que ahorran
Si estás pensando en comprar un sistema de aire acondicionado para casa, puede que hayas empezado a ver que hay todo tipo de modelos con precios muy dispares que aparentemente prometen hacer más o menos lo mismo.
De hecho, por fuera son todos muy parecidos, con el típico split blanco y la unidad de exterior que en la tienda te parecerán casi idénticos. Y si lees las funciones y características generales también será muy parecidas.
Pero luego te fijas en el precio y hay modelos muy económicos que en teoría parecen estar a la altura de los más caros. ¿Hay algo que no me están contando y en lo que conviene fijarse? Pues en general, si parece un chollo o demasiado barato para ser verdad, probablemente no lo sea o no ofrezca las mismas prestaciones que sus equivalentes en el mercado con mayor precio.
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Que sea tipo "inverter" es fundamental
Uno de los aspectos más importantes de un aire acondicionado y que determinará tanto el rendimiento como la eficiencia del equipo será su sistema de compresión, núcleo principal del aparato y responsable de la cantidad de frio que pueden ofrecer, el nivel de ruido y el funcionamiento del mismo.
Los modelos más básicos, baratos y más extendidos hasta hace unos años eran los basados en un compresor convencional que utilizan el motor al 100% de su capacidad para alcanzar la temperatura indicada por el usuario y cuando lo consiguen se paran a la espera de que la temperatura vuelva a subir para activarse de nuevo.
Como ya vimos más a fondo en su día esto se traduce en una tecnología mucho más barata de fabricar pero que consumirá más electricidad al ser menos eficiente. Por ello los aires acondicionados más modernos incorporan compresores con tecnología inverter, que son capaces de variar la potencia de funcionamiento en un cierto porcentaje para estar siempre listos sin necesidad de alcanzar ese 100% de potencia.
Comprar un aire acondicionado "inverter" puede ahorrar entre un 25% y un 50% con respecto a su equivalente convencional según expertos como Endesa, sobre todo en equipos que tienen que estar muchas horas al día encendidos. Además, al lograr bajar la potencia de los compresores a niveles intermedios es posible ofrecer niveles de ruido inferiores, ya que la mayoría del tiempo no están trabajando al 100% de sus capacidades.
Es esencial que tenga una potencia de refrigeración adecuada
La potencia o capacidad de refrigeración es el valor fundamental que deberíamos contemplar a la hora de elegir un aire acondicionado, un dato que en general los fabricantes dan en tres unidades diferentes: frigorías, vatios o BTU. Esto es algo que puede resultar lioso, pero tienen sus equivalencias y podemos pasar de una a otra de forma sencilla.
Así, 1 frigoría hora es la unidad fundamental de refrigeración y se corresponde a 1 kilocaloría de calor absorbida en una hora. Por su parte, el BTU, la unidad de medida del sistema inglés, se corresponde con 0,25 frigorías, o lo que es lo mismo, cada frigoría equivale a unos 4 BTU.
En cuanto a los vatios, es una unidad de refrigeración que también suelen dar los fabricantes y que podemos relacionar de la siguiente forma: 1 frigoría equivale a 1,163 vatios, o si queremos el cálculo a la inversa, 1 vatio se corresponde con 0,86 frigorías.
|
1 frigoría hora = |
1 Kcal hora = |
4 BTU = |
1,163 vatios |
|
1 BTU = |
0,25 frigorías hora= |
0,25 Kcal hora = |
0,29 vatios |
Una vez conocemos las unidades de medidas para la capacidad de refrigeración podemos pasar a calcular qué potencia es la más adecuada para nuestra casa. Aquí, hay diferentes recomendaciones en cuanto a cantidad de frigorías por unidad de superficie o volumen, ya que el resultado final dependerá mucho de donde vivamos y de la calidad del aislamiento de la vivienda.
Sin embargo, en general podemos optar por la recomendación de utilizar aparatos que sean capaces de proporcionar alrededor de 100 frigorías por cada metro cuadrado de habitación, suponiendo una altura estándar de unos dos metros y medio. Si nuestra habitación no tiene esa altura estándar de 2,5 metros también podemos seguir la recomendación de multiplicar los metros cúbicos de la estancia por un factor de 50.
Si hacemos unos números rápidos con ambos criterios, para una sala media de 10 metros cuadrados podemos optar por equipos que ofrezcan unas 1.000-1.500 frigorías, mientras que para un salón más grande de unos 20 metros cuadrados podemos optar por un modelo con unas 2.000-2.500 frigorías. En la siguiente tabla podemos ver las potencias de refrigeración recomendadas para varios tamaños de habitación de entre 10 y 30 m2 suponiendo una altura media de 2,5 m:
|
Superficie habitación en m2 |
Frigorías |
Vatios |
|---|---|---|
|
10 |
1.000 |
1.163 |
|
15 |
1.500 |
1.744 |
|
20 |
2.000 |
2.326 |
|
25 |
2.500 |
2.907 |
|
30 |
3.000 |
3.489 |
Estos serían los valores recomendados en el caso de habitaciones estándar, pero ¿qué sucede si hay alguna anomalía? Pues en estos casos los especialistas recomiendan variar los valores recomendados dependiendo de varios parámetros:
- Por ejemplo, si la habitación tiene mucha sombra, podemos reducir la potencia recomendada en un factor del 10%.
- Si por el contrario siempre está expuesta al sol de forma directa nos convendrá aumentar la potencia de refrigeración recomendada en un 15% si está orientada al sur o un 10% si está orientada a este u oeste.
- Si habitualmente hay más de dos personas en la sala o muchos equipos electrónicos encendidos (televisor, equipo de sonido, consolas, etc.) también nos convendrá optar por un equipo con más potencia de refrigeración. En general podemos considerar que por cada persona o equipo de gran consumo extra añadimos unas 150 frigorías adicionales.
- Si la estancia a refrigerar es una cocina donde con frecuencia estamos elaborando platos que requieran calor, entonces nos interesará incrementar la potencia de refrigeración del aparato en unas 1.000 frigorías adicionales.
Mirar con lupa la eficiencia energética y el consumo
Otra de las característica en la que debemos fijarnos al comprar un equipo de aire acondicionado para asegurarnos de que no va suponer un lastre en la factura de la luz es la eficiencia energética, ya que en estos aparatos hay una enorme diferencia entre los más y menos eficientes, estos últimos generalmente mucho más baratos.
De hecho, los equipos más económicos y menos eficientes pueden llegar a consumir hasta un 40% o 50% más de electricidad que sus equivalentes más eficientes. Y no hace falta irse de una marca a otra. El mismo fabricante ofrece en sus modelos prémium más caros una notable mayor eficiencia que pagaremos en el instante de la compra pero que luego podremos recuperar en el medio plazo.
¿Cómo se mide esta eficiencia? Antes se medía a través de dos índices: EER (Energy Efficiency Ratio) para la eficiencia en el modo de refrigeración y COP (Coefficient Of Performance) para el modo calefacción. Ambos reflejaban la relación entre la energía entregada y la energía que consumían, y cuanto mayor era esta relación más eficiente era el equipo. Aunque había un problema, ya que los dos índices se calculaban con el aparato trabajando a pleno rendimiento y no tenía en cuenta la ventaja en eficiencia de los equipos inverter.
Hoy en día los índices EER y COP ya no se consideran fiables y en las especificaciones y etiquetas energéticas de los nuevos aires acondicionados tienen que incluirse dos nuevos índices de referencia que conviene conocer para saber si un equipo será más o menos eficiente al consumir electricidad: son el SEER y el SCOP:
- SEER significa Ratio de Eficiencia Energética Estacional y es el estándar que determina el rendimiento de un aparato cuando trabaja en modo refrigeración, por lo que es el que nos importa al comprar un aire acondicionado. Así, cuanto mayor sea el SEER, más eficiente será el equipo que vayamos a comprar. ¿Qué valores son los mejores actualmente? Cifras superiores a 5,6 ya ofrecen un buen rendimiento en climas templados, aunque los mejores aires son capaces de sobrepasar SEER de 8-8,5, lo que nos asegura un funcionamiento muy eficiente incluso en climas calurosos.
- SCOP significa Coeficiente de eficiencia estacional y es el estándar que determina el rendimiento cuando el equipo funciona en modo calefacción. Cuanto más alto sea, mejor será la eficiencia energética y menor el coste para nuestros bolsillos. ¿Qué valores de referencia hay ahora mismo? Cifras superiores a 4 o 4,5 son suficientes para climas templados o calurosos donde no se requiere mucha calefacción, pero si queremos la máxima eficiencia buscaremos modelos con un SCOP superior a un valor de 5,1.
Al leer las especificaciones podemos observar que se suele dar un valor de electricidad consumida, que suele ser el de pico del equipo, donde no se incluye la eficiencia energética ni cómo va a afectar al consumo final que tendremos en casa. Por eso, puede que leyendo las características veamos que hay dos aparatos que consumen por ejemplo ambos 1.000 vatios a la hora y nos parezcan los dos iguales, aunque en realidad no lo sean, ya que uno puede consumir mucho más que el otro.
Así, es el SEER el valor que conviene consultar para comparar estos consumos o, en su defecto, el consumo en kWh anual que se incluye en la etiqueta de eficiencia energética.
Vibraciones y nivel de ruido
Este es un punto que muchas veces pasamos por alto ya que no suele llamar nuestra atención en la publicidad, pero influye mucho en el precio de los equipos y sobre todo en la experiencia de uso que tendremos de los aparatos.
Me refiero a los niveles de ruido en uso que son capaces de ofrecer los aires acondicionados y a las vibraciones generadas (en este caso un factor a tener en cuenta en los modelos portátiles) por los compresores y ventiladores que montan.
En los equipos fijos más económicos se suelen ofrecer valores superiores a los 24-25 dB en modos de funcionamiento reales que pueden bajar algún decibelio en modos específicos para uso nocturno, suficiente para poder usarlos sin que nos moleste demasiado el ruido generado.
Los modelos más caros y avanzados cuentan con tecnologías más depuradas que son capaces de rebajar estos niveles de ruido hasta los 19 dB, cifra muy conveniente y casi inaudible a varios metros. Además estos equipos suelen ser también más silenciosos en las unidades exteriores, lo que puede venirnos bien si no queremos molestar a otras habitaciones de la casa o a los vecinos.
Los modelos de aires acondicionados portátiles son equipos mucho más ruidosos que los fijos y que generan vibraciones donde los instalemos. De ahí la importancia de que cuenten con algún tipo de sistema de amortiguación en sus patas (algo que no siempre se muestra en la publicidad) y que el nivel de ruido máximo marcado en las especificaciones no sea muy abultado. Normalmente nos encontramos con valores típicos de entre 45 y 60 dB que tendrán un impacto en el precio final del equipo.
Imagen portada | Paolo Rossa
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