Tu lavavajillas y tu lavadora usan el mismo agua, pero a uno le pasa factura antes: menos mal que tiene solución

Cocina Samsung

Un solo milímetro de cal acumulada en una resistencia puede reducir su eficiencia en torno a un 10 %

Manuel Naranjo

Editor

Cualquiera que viva en una zona de agua dura conoce la sensación: los vasos salen del lavavajillas con un velo blanquecino que no se va ni frotando, mientras que la ropa de la lavadora, aunque también sufre con el tiempo, tarda mucho más en mostrar síntomas parecidos. La explicación no está en la calidad de uno u otro electrodoméstico, sino en algo bastante más simple.

El lavavajillas suele trabajar con agua más caliente y de forma más constante que la lavadora, que reserva las temperaturas altas para programas concretos y pasa buena parte de su vida lavando en frío o a 30-40 grados. 

La cal precipita mucho más a partir de los 60 grados, así que el aparato que más tiempo pasa cerca de esa temperatura es, casi siempre, el primero en notarlo. Si tus vasos han perdido brillo, el culpable suele estar más en el grifo que en la pastilla que usas.

Por qué la dureza del agua afecta más a uno que a otro

En la lavadora, los principales daños de la cal se concentran en la resistencia y en algunas piezas mecánicas, pero el agua fría que predomina en muchos lavados frena bastante el proceso

En el lavavajillas, en cambio, casi todos los ciclos pasan por agua caliente en algún momento, y eso acelera la formación de depósitos tanto en el cristal como en el propio descalcificador interno del aparato.

A eso se suma otro factor: en la lavadora, los detergentes en polvo suelen llevar agentes que compensan parte de la dureza del agua, mientras que en el lavavajillas esa función depende casi siempre de un sistema interno específico que hay que configurar a mano según la zona donde se vive.

El ajuste que muchos lavavajillas Samsung tienen

Los lavavajillas Samsung incluyen un ajuste de dureza del agua, normalmente representado con una escala que va de H1 a H6, donde el nivel más bajo corresponde a agua blanda y el más alto a agua muy dura. 

El ajuste se activa manteniendo pulsado el botón de prelavado o programa durante unos segundos, y conviene configurarlo según el dato real de la zona, que se puede consultar en la web del suministrador local.

Ese paso, que muchos usuarios nunca llegan a tocar porque viene con un valor de fábrica genérico, es justo el que permite que la sal regeneradora haga su trabajo de forma correcta. 

Sin ese ajuste bien calibrado, ni la sal ni el abrillantador rinden lo que deberían, por mucho que se rellenen los depósitos a tiempo. En la lavadora, el equivalente más parecido es vigilar el cajetín del detergente, otro punto donde la cal suele acumularse sin que se note a simple vista, aunque el daño avance a un ritmo bastante más lento que en el lavavajillas.

Imágenes | Dall-E con edición

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