La idea de una tele sin cables tiene un encanto evidente: pared limpia, mueble despejado, menos desorden visual. Por eso cada vez vemos más intentos de hacer invisible el cableado, ya sea con cajas externas, soluciones de organización, dispositivos como One Connect o conexiones inalámbricas para enviar contenido.
El problema es que eliminar cables completamente no es solo una decisión de diseño. Es una pelea contra tres enemigos muy reales: energía, ancho de banda y estabilidad.
Un televisor no es como un altavoz inalámbrico. Es un panel grande, con electrónica potente, que tiene que recibir vídeo de alta calidad, audio sincronizado y, a menudo, señal de consola o PC con requisitos muy estrictos.
La energía sólo es el primer muro
La tele necesita alimentación. Y no poca. Puedes mandar contenido por WiFi, pero el panel sigue necesitando un enchufe. Algunas soluciones intentan reducirlo a un solo cable en lugar de varios, pero el cable de corriente no desaparece.
Además, cuanto más brillante es el panel y más exigente es el procesamiento de imagen, más estable tiene que ser la alimentación. En electrónica, estabilidad eléctrica es estabilidad visual. Por eso la parte de energía siempre termina volviendo al cable.
Para películas y series, el streaming por WiFi funciona porque comprime mucho. Pero en cuanto metes una consola o un PC, la historia cambia. Juegos a 4K y 120 Hz, HDR, VRR, audio multicanal, todo eso es un cóctel que exige un caudal constante y una latencia baja. Un enlace inalámbrico puede ser rápido en un test, pero la clave está en la regularidad: que no haya microcortes, interferencias, congestión o saltos de canal.
En un salón real tienes routers, vecinos, paredes, microondas, dispositivos domóticos, móviles y tablets tirando de WiFi. El cable HDMI, en cambio, es un carril exclusivo.
'Tele sin cables' a veces tiene que ser 'cables escondidos'
Muchos enfoques actuales no eliminan cables, los reorganizan. Una caja externa concentra puertos en un punto más cómodo y deja un cable fino hacia el panel. Es una solución muy razonable porque mantiene lo mejor del cable, estabilidad y ancho de banda, pero mejora la estética y la instalación.
También se intenta minimizar cables usando WiFi para apps y contenido, reservando HDMI solo para lo crítico. Por ejemplo, ver streaming sin consola y conectar por cable solo cuando vas a jugar en serio.
Audio: sincronía y calidad, enemigos de lo inalámbrico
El sonido también complica el sueño inalámbrico. Bluetooth es cómodo, pero puede añadir latencia. WiFi con sistemas integrados es mejor, pero no siempre es universal. Para un home cinema, el camino estable sigue siendo el cable: eARC o conexiones dedicadas cuando buscas formatos avanzados y sincronía perfecta.
Aquí es donde mucha gente se da cuenta de que “sin cables” puede salir caro: si cada cosa necesita su sistema inalámbrico, terminas con una constelación de configuraciones y, a veces, con problemas de sincronización.
Qué tiene que cambiar para que el cable deje de ser necesario
Para que una tele se quede realmente sin cables de datos, haría falta un estándar inalámbrico que combine ancho de banda enorme, latencia bajísima, inmunidad a interferencias y facilidad de emparejamiento. Y que además no dispare consumo ni precio. Se está avanzando, pero aún no es el punto común para todos los hogares.
Por eso, hoy la tele sin cables suele ser un equilibrio: menos cables visibles, más orden y más inalámbrico para lo cómodo, pero un cable directo para lo que no admite fallos.
Imágenes | Samsung
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