He descubierto que congelar no es meter los alimentos y ya: el congelador quemaba los alimentos pero la culpa era sólo mía

La quemadura por congelación no me la estaba provocando el congelador, sino mi forma de guardar la comida

Manuel Naranjo

Editor

Durante mucho tiempo congelé comida con una lógica demasiado simple. Llenaba una bolsa, cerraba como podía, metía el táper o el paquete al congelador y daba por hecho que con eso bastaba. El problema es que no bastaba.

Lo fui notando poco a poco: carne con manchas secas, pan con textura extraña, verduras más castigadas de lo normal... y siempre esa capa de cristales que te hace sospechar que algo no va bien. La culpa no estaba en que el congelador enfriara mal, sino en cómo estaba entrando el alimento ahí dentro.

Ya hemos contado cómo descongelar carne y pescado sin estropearlos, y también el truco de la moneda para saber si el congelador ha fallado en una ausencia. Las dos piezas ayudan a ver el mismo problema desde lados distintos: congelar no consiste solo en meter comida a baja temperatura, sino en mantenerla en condiciones de calidad y estabilidad.

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La quemadura por congelación no la provoca el frío por sí solo

El congelador no quema los alimentos porque sí. La quemadura por congelación (freezer burn) aparece cuando el alimento pierde humedad y queda expuesto al aire frío, algo que afecta sobre todo a la calidad, la textura y el sabor

Un buen embalaje ayuda precisamente a mantener la calidad y a prevenir ese freezer burn. También hay que tener claro que un envase original puede servir para poco tiempo y que para un almacenamiento más largo conviene sobreenvolver o usar un envase mejor pensado para el congelador.

Eso explica bastante bien lo que me estaba pasando. Yo metía comida con demasiado aire dentro de la bolsa o del recipiente, y luego me sorprendía cuando aparecían cristales, zonas secas o un aspecto apagado. El congelador seguía haciendo su trabajo de enfriar; el que no lo estaba haciendo bien era yo al guardar la comida.

El error: usar bolsas y recipientes demasiado grandes

Una de las cosas que más cambia cuando te fijas en esto es el tamaño del recipiente. Si metes una ración pequeña en una bolsa enorme o en un táper con mucho hueco libre, el aire se queda dentro y el alimento tiene más margen para deteriorarse. Cuanto mejor ajustado vaya el envasado al contenido, menos aire y menos pérdida de calidad.

En mi caso fue uno de los cambios más evidentes. Dejar de usar envases por comodidad y empezar a usar recipientes más ajustados o bolsas bien prensadas cambia mucho el resultado. No porque el alimento se conserve eternamente, sino porque deja de estropearse tan rápido.

El aire dentro de la bolsa es el verdadero enemigo

El siguiente gesto fue sacar el aire de verdad. No cerrar la bolsa y ya, sino apretarla bien antes de sellar, o usar recipientes donde la comida no quede bailando. Un buen envasado mantiene la calidad y baja el riesgo de quemadura por congelación: reducir el oxígeno y el contacto del aire con la superficie del alimento.

Cuando empecé a hacerlo así, la diferencia fue bastante clara. Menos escarcha pegada al alimento, menos zonas secas y menos sensación de que el congelador estropeaba cosas porque sí. 

Congelar bien también es pensar en cómo lo vas a usar después

Otra cosa que me estaba fastidiando la comida era congelar porciones mal pensadas. Si metes un bloque grande, mal repartido y envasado con prisas, luego tardas más en descongelarlo y lo maltratas más al usarlo. Ya te hemos contado que para descongelar rápido sin estropear el alimento, es clave que vaya en recipientes herméticos o bolsas bien selladas, y eso enlaza bastante con lo que pasa antes, en el momento de congelar. 

Cuando empecé a congelar en raciones más pequeñas y con mejor cierre, todo fue más fácil. El alimento sufría menos, ocupaba mejor el espacio y, además, luego no tenía que pelearme tanto para descongelar una cantidad absurda cuando solo necesitaba una parte.

El problema no siempre es de seguridad, sino de calidad

La quemadura por congelación no significa automáticamente que el alimento sea inseguro, sino que su calidad ha caído. El problema principal está en el sabor, la textura y la deshidratación, no necesariamente en que el alimento se vuelva peligroso por sí mismo si se ha mantenido congelado de forma segura.

A mí esto me ayudó bastante a entender mejor el fallo. No era que el congelador estropeara la comida siempre en sentido estricto, sino que yo estaba dejando que llegara al plato mucho peor de lo que podía haber llegado.

Al final, entendí de verdad qué estaba pasando. La quemadura por congelación aparecía porque yo estaba dejando dentro justo lo que no debía: aire, hueco y demasiada improvisación.

Imágenes | Dall-E con edición

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