
Los delincuentes pueden hacerse pasar por empleados de compañías de luz, gas, agua o telecomunicaciones
Un uniforme, una acreditación o conocer nuestros datos no demuestran que la visita sea legítima
El relato suele estar pensado para que no tengamos demasiado tiempo para reaccionar. Hay una fuga en el edificio, la fibra está provocando una incidencia, el contador tiene una avería o es necesario hacer una revisión urgente. Delante de la puerta aparece una persona con aspecto de técnico y una explicación aparentemente razonable.
La Policía Nacional aconseja desconfiar. En su folleto para proteger la vivienda incluye una indicación muy clara: “Desconfíe de revisores y técnicos que no tengan cita previa”.
No es una advertencia teórica. Ya se han producido casos en los que un supuesto técnico de una operadora se presenta por sorpresa en una vivienda y utiliza una falsa reparación como excusa para entrar.
La urgencia forma parte del engaño
Los falsos técnicos recurren a la prisa porque una visita inesperada resulta más creíble si parece existir un problema urgente. Pueden decir que la avería afecta también a otros vecinos, que necesitan revisar el router, que han detectado una fuga o que deben acceder inmediatamente a una instalación.
Una vez dentro, el objetivo cambia según el caso. Algunos intentan cobrar por trabajos innecesarios. Otros entretienen a la víctima mientras una segunda persona busca dinero, joyas u objetos fáciles de transportar. También pueden aprovechar la visita para observar cerraduras, alarmas y distribución de la vivienda.
La apariencia ayuda a construir el engaño, pero no demuestra nada. Un chaleco, una carpeta o una tarjeta con un logotipo pueden falsificarse. Incluso conocer nuestro nombre o algunos datos del contrato no garantiza que la persona pertenezca realmente a la empresa.
Si no habíamos concertado la visita, no tiene que entrar
La recomendación policial es comprobar los hechos directamente con la compañía. Lo más prudente es mantener la puerta cerrada y buscar nosotros mismos el teléfono oficial en una factura, en la aplicación de la empresa o en su página web.
Conviene evitar el número que facilite el propio visitante: podría conducir a un cómplice dispuesto a confirmar la historia.
El protocolo puede reducirse a unos pocos pasos:
- No abrir completamente la puerta ni permitir el acceso al portal.
- Preguntar el nombre, la empresa y el motivo concreto de la visita.
- No enseñar facturas, contratos, documentos personales ni datos bancarios.
- Llamar a la compañía desde un número obtenido por nuestros propios medios.
- No pagar en efectivo ni mediante tarjeta por una actuación que no habíamos solicitado.
- Si la explicación no encaja o el visitante se niega a esperar, llamar al 091.
Un profesional legítimo debería aceptar sin problemas que comprobemos su identidad. La insistencia, las amenazas sobre un supuesto corte inmediato o la presión para entrar son motivos suficientes para terminar la conversación.
El portal también forma parte de la seguridad de casa
La Policía recuerda que no basta con cerrar nuestra vivienda. También conviene cerrar la puerta del portal y no facilitar el acceso a desconocidos, aunque digan que van a otro piso.
Abrir desde el telefonillo sin saber quién llama deja expuesto a todo el edificio. En vacaciones, además, hay menos vecinos entrando y saliendo y resulta más sencillo averiguar qué pisos están vacíos. Por eso siguen siendo útiles las recomendaciones para proteger la casa cuando nos ausentamos.
También debemos prestar atención a pequeñas alteraciones en la entrada. Los ladrones pueden colocar hilos de pegamento, fragmentos de plástico o testigos casi invisibles entre la puerta y el marco. Si siguen en su sitio varios días después, saben que nadie ha entrado. La Policía ha explicado cómo funcionan estas señales colocadas en las puertas.
Una mirilla manchada o un objeto introducido en la cerradura también justifican extremar la precaución.
Con los falsos técnicos, la mejor barrera sigue siendo la más sencilla: una visita que no hemos concertado debe comprobarse antes de permitir que alguien cruce la puerta. Si la avería es real, la compañía podrá confirmarla. Si no lo es, habremos evitado que la urgencia del desconocido se convierta en nuestro problema.
Imágenes | Dall-E con edición
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