Sal, bicarbonato, vinagre o ácido cítrico: cuál limpia mejor el inodoro según la química (y cuál no es recomendable)

Inodoro

La sal tiene un pH neutro en disolución y no posee propiedades oxidantes, ácidas ni tensioactivas

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Seguramente has escuchado en más de una ocasión que una de las formas más prácticas de limpiar el inodoro pasa por echar sal. Pero ¿qué pensarías si te dijese que echar sal de mesa en el inodoro para limpiarlo no tiene ningún sentido práctico y que, de hecho, la ciencia demuestra que es así?

Para limpiar un inodoro con rigor científico, antes de ponerse los guantes, lo primero que hay que tener en cuenta es que nos enfrentamos a distintos enemigos. Y, en función de cuáles sean, debemos adoptar estrategias diferentes.

Podríamos decir que, antes de limpiar y dejar como nuevo un inodoro, nos enfrentamos a enemigos que se pueden clasificar en dos categorías distintas. Y cada una de ellas, por lo tanto, requiere un arma específica para hacerle frente.

¿Y dónde queda la sal? Pues ya te adelanto que no sirve. No disuelve la cal, no descompone la materia orgánica y su capacidad biocida es prácticamente nula frente a los patógenos de un inodoro. Es un “remedio de internet” que sobrevive por repetición, no por ciencia.

Sarro y cal

El primer elemento al que nos vamos a enfrentar cuando hay que limpiar un inodoro son las manchas minerales. Por regla general, están formadas por carbonato de calcio, magnesio y cristales de ácido úrico que se acumulan por el agua dura y la orina.

Para acabar con estos restos, hay que tener en cuenta que los minerales alcalinos solo se disuelven con ácidos, ya que estos provocan una reacción que hace que el calcio insoluble se transforme en sales solubles en agua, liberando dióxido de carbono. Para eliminar este tipo de manchas tienes a mano dos elementos que suelen funcionar bien.

  • Por un lado, el ácido cítrico o el ácido acético. Si no sabes qué es este último, te lo aclaro: es el vinagre. Funciona bien para un mantenimiento regular, ya que, aunque se trata de ácidos débiles, permiten eliminar capas finas de suciedad acumulada.
  • Otro remedio pasa por usar ácido clorhídrico, también conocido como salfumán o agua fuerte. En este caso hablamos de un ácido más potente, capaz de destruir la cal rápidamente. Pero ojo: hay que usarlo con mucha precaución, porque es corrosivo y emite vapores irritantes.

Bacterias y manchas

Es el otro tipo de manchas al que te puedes enfrentar y normalmente están formadas por materia orgánica. Son restos de heces, bacterias y mohos que crecen bajo el borde del inodoro o en el fondo.

Para eliminarlas, lo que debes hacer es usar oxidantes y tensioactivos. Este último término seguro que lo has escuchado en la tele en algún anuncio de productos de limpieza.

Uno de los mejores elementos para acabar con este tipo de manchas es el hipoclorito de sodio, aunque el nombre por el que seguro lo conoces es lejía. Es uno de los biocidas y blanqueadores más efectivos y baratos que existen.

La lejía funciona rompiendo los enlaces químicos de los cromóforos, que son las moléculas que dan color a las manchas, volviéndolas invisibles. Además, destruye las paredes celulares de las bacterias mediante un proceso conocido como lisis celular.

Por su parte, los tensioactivos, presentes en jabones y detergentes, rompen la tensión superficial del agua, lo que permite que la suciedad se despegue con más facilidad de la cerámica.

Cómo limpiar el inodoro

Imagen | Paco Rodríguez

Para mantener el inodoro impecable sin recurrir a mitos ni ponerte en peligro, el protocolo óptimo se basa en la separación temporal de los químicos:

  • Limpieza de choque: lo primero acabar con las manchas minerales. Si el inodoro tiene sarro visible, aplica un producto basado en ácido (un limpiador comercial antical) en las paredes y el fondo. Déjalo actuar 15-30 minutos y frota con la escobilla. Tira de la cadena al menos dos veces para deshacerte de los restos de producto
  • Desinfección y blanqueo: ahora toca acabar con las manchas de materia orgánica. Cuando estés seguro que no queda nada de ácido (puedes hacerlo otro día), usa lejía con detergente (los "geles con lejía" que puedes encontrar en el supermercado). Deja actuar, frota y de nuevo, tira de la cadena.

Foto de portada | Kaboompics

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