Elegir correctamente el combustible que usamos en nuestras chimeneas, estufas y fogones es clave para reducir el impacto en la salud
El descubrimiento del fuego nos ha permitido prosperar como especie y de hecho ha sido nuestra principal forma de calentarnos y cocinar durante milenios, de una forma de lo más efectiva aunque con inconvenientes como el necesitar de un suministro constante de material combustible y el deshacernos de los residuos generados.
En la actualidad seguimos usándolo en muchos hogares, ya sea en la forma de chimeneas, estufas, fogones de la cocina o barbacoas. Sin embargo, su seguridad en algunos casos está en entredicho, y no por los clásicos motivos de incendio que podemos pensar a priori, que en efecto existen, sino por la producción de tóxicos ocasionada en el proceso de combustión.
No todo sirve para quemar dentro de casa
Una de las ventajas de las estufas de leña es que son un sistema de calefacción en principio "multicombustible". Es decir, podemos quemar en ellas madera natural de distintos tipos, pero también madera comprimida tipo briquetas, carbón, papel o cartón.
Y también diferentes tipos de materiales en el caso de que fuese necesario en una emergencia, como un apagón general, una tormenta, cortes de suministro, etc. Sin embargo, no todos estos materiales son igual de recomendables en el uso diario, ni siquiera todas las clases de leña según el último informe publicado por la Comunidad de Madrid.
De hecho, hay algunas que no se recomiendan utilizar en absoluto, como el aglomerado o el contrachapado, ya que liberan sustancias potencialmente tóxicas para la salud si respiramos el humo. Y el problema del humo dentro de casa no es algo poco común, de hecho hay investigaciones que relacionan su impacto en la salud, como este estudio reciente elaborado por la organización Global Action Plan junto con el Consejo de Hertfordshire para el Reino Unido.
Según sus datos, solo la combustión de madera natural y otros combustibles sólidos dentro del hogar provoca unas 2.500 muertes al año, agravando o generando además 3.700 casos de diabetes y 1.500 de asma, además de otras patologías. ¿Cuál es el motivo?
Pues de acuerdo con el equipo de investigación que está detrás, el humo de las estufas libera partículas finas de PM2.5 (con un diámetro de 2.5 micrómetros o menos) que respiramos, de modo que penetran hasta el interior de los pulmones, afectando tanto al sistema respiratorio como al circulatorio, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Pero además en la sociedad moderna tenemos un riesgo aún mayor cuando decidimos usar otro tipo de combustible de lo más barato y cotidiano dentro de casa para cocinar o calentarnos: los plásticos y derivados del petróleo.
Este reciente estudio publicado en Nature bajo el título Prevalence of plastic waste as a household fuel in low-income communities of the Global South aborda y trata de explicar la situación de millones de hogares en todo el mundo que utilizan el plástico como combustible en algún punto de la cadena de calefacción o para cocinar.
Según sus conclusiones, y aunque no todos los materiales que se usan para quemar contienen plásticos los mismos componentes ni tipos de resíduos, la mayoría comparten al final las mismas sustancias químicas presentes en envases y objetos domésticos que al arder liberan dioxinas y furanos, contaminantes persistentes que no se degradan con facilidad.
Permanecen en el aire, se depositan en el suelo con las cenizas, se mezclan con la tierra y al final contaminan además de los hogares a la fauna y flora del lugar así como los pequeños huertos locales, regresando los contaminantes parcialmente degradados posteriormente al consumo humano y acrecentando trastornos hormonales, problemas reproductivos, enfermedades autoinmunes, alergias y otro tipo de patologías.
¿Quiere esto decir que por quemar un par de días unas botellas o envases de plástico en la estufa de casa voy a tener un problema? No, si es un uso muy limitado como este no debería ser problemático, ya que la dosis acumulativa al final es la que determinará la gravedad de los síntomas. Aquí el verdadero riesgo es cuando se toma por norma muchas veces por ser una fuente de combustible barata (o gratis en muchos casos), sobre todo en hogares con pocos recursos como los citados por el estudio.
Cocinar y calentarse con gas tampoco es lo ideal
En este punto podríamos pensar que si bien quemar plásticos o incluso madera en casa ya no es lo habitual, si hay algo que seguimos usando en mucho hogares como combustible y que parece inofensivo en este aspecto de la contaminación: el gas.
Sin embargo, un estudio publicado el 2 de diciembre de 2025 en PNAS Nexus recogía que los típicos fogones de gas butano, natural o propano que tienen muchas viviendas estadounidenses, lugar donde se hizo el estudio pero que puede extrapolarse al resto del mundo, liberan dióxido de nitrógeno (NO₂) en concentraciones que pueden ser perjudiciales para los pulmones, el corazón y el desarrollo infantil.
Según Rob Jackson, autor principal del estudio y profesor de Michelle y Kevin Douglas en Ciencias del Sistema Terrestre en la Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr:
Sabemos que la contaminación del aire exterior perjudica nuestra salud, pero asumimos que nuestro aire interior es seguro. Nuestra investigación muestra que si usa un fogón de gas, a menudo está respirando tanta contaminación de dióxido de nitrógeno en el interior de su casa como de todas las fuentes al aire libre combinadas
Es decir, si cocinamos con una placa de gas en algunos casos puntuales podemos estar respirando un aire tan contaminado como el que hay fuera de la vivienda en una gran ciudad debido al tráfico y las calefacciones. El estudio apunta que sustituir una cocina a gas por una eléctrica disminuye la exposición personal al NO₂ en más del 25% en promedio y hasta el 50 % en los hogares que usan más el fogón para cocinar, algo muy a tener en cuenta ya que dicho gas es irritante y tóxico para el sistema respiratorio.
¿Cómo puedo evitar que me afecte dentro de casa si tengo una cocina o estufa de gas? Pues contar con rejillas de ventilación en la cocina es esencial para que se vaya renovando el aire a medida que cocinamos, o bien ventilar manualmente abriendo la ventana.
También podemos ayudarnos de las campanas y extractores de humos para crear un flujo de aire que se lleve los contaminantes. Eso sí, hay que encenderlos antes de empezar a guisar y mantenerlos puestos todo el rato.
Imagen portada | Quang Nguyen Vinh
Más información | Prevalence of plastic waste as a household fuel in low-income communities of the Global South | Estudio en PNA NEXUS | Universidad de Standford
En Xataka Smart Home | Las cocinas más modernas: las mejores ideas para tener una cocina futurista
Ver todos los comentarios en https://www.xatakahome.com
VER 0 Comentario