
Desde su concepción, el papel higiénico está pensado para usarse de una manera concreta
Perros o gatos, pizza co piña o sin ella, tortilla con o sin cebolla, papel higiénico hacia dentro o hacia fuera... Todos tenemos fijaciones, y los objetos cotidianos no son una excepción. En cuanto a éste último, el papel higiénico, todos tenemos nuestras preferencias: grosor, textura, color... pero, lo que de verdad enciende el debate es cómo colocar el rollo en el soporte.
Por un lado están quienes prefieren la hoja de papel hacia fuera, y por otro, el bando de los que la prefieren hacia la pared. Casi todo el mundo defiende su método sin pensar demasiado en él. Y, aunque a la hora de la verdad no haya demasiada diferencia, la ciencia y el diseño industrial ya dictaron sentencia.
El diseño original ya lo dejaba claro
Pero si queremos usar el papel higiénico tal y como se pensó, la respuesta es evidente. Allá por 1891, Seth Wheeler, padre de la criatura, o, al menos el que la patentó, ya lo dejaba claro en sus bocetos: en ellos, la hoja cuelga inequívocamente hacia adelante. Y no, no era un detalle estético. Es un diseño concebido para usarse en esa orientación.
Hay dos motivos principales para ello:
- Por un lado, el acceso inmediato. La hoja de papel siempre queda visible y a tiro. Es la forma más intuitiva de encontrarla, no hace falta mirar siquiera. Sólo con estirar la mano y tirar, tenemos nuestra porción de papel lista.
- Por otra parte, colocándolo hacia fuera, hay cero contacto de nuestra mano con la pared (y también del papel). Cuando la hoja cuelga por detrás, rozas inevitablemente el azulejo o la pared al buscar el borde. Eso implica arrastrar humedad, polvo y bacterias al papel que vas a utilizar o llevárnoslos en la mano. Poner el papel hacia el frente minimiza el contacto al mínimo imprescindible. Es el mismo principio por el que nunca deberías limpiar el asiento y la taza del WC con papel higiénico.
La excepción que confirma la regla. Sólo hay un motivo por el cual deberíamos colocar el papel hacia la pared: si tenemos niños pequeños en casa o cachorros de perro o gato. Dejándolo colocado hacia dentro, tanto a unos como a otros, les costará dejarnos el baño lleno de "confeti higiénico".
Si eres del "bando hacia dentro", la próxima vez que vayas a colocar el rollo de papel en el portarrollos, acuérdate del bueno de Seth: él sabía lo que nos convenía.
Imágenes | Patente de 1891 y Wikipedia, Manu García
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