El impacto dependerá del tipo de iluminación que tengamos en casa y de nuestros hábitos de uso dentro del hogar
Sí, ya está aquí otra vez ese extraño día del año en el que toca cambiar los relojes de la casa, una acción tras la que algunos vamos a estar unos días como un zombi, pero que al final todos tendremos que realizar de forma manual o automática en nuestros aparatos y dispositivos.
El cambio al horario de verano se produce tradicionalmente en la madrugada del último domingo de marzo, por lo que este año toca ajustar los relojes en la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo de 2026, es decir, justo antes de la Semana Santa.
A las dos de la madrugada el reloj se adelantará una hora y serán las tres, justo lo contrario que sucede en el cambio de horario de invierno. Parece poca cosa, una horita de nada, pero esta pequeña variación además de los desarreglos fisiológicos puede llegar a repercutir en nuestro gasto a final de mes, ya que está muy relacionado con el consumo energético.
Se trata de una medida que fue aplicada por primera vez a principios del siglo XX y que posteriormente cerca de un 40% de países en todo el mundo han venido acogiendo con el argumento generalizado de que se consigue un mayor ahorro energético y que los ciudadanos podemos aprovechar mejor la luz natural del sol.
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Cambiamos a horario de verano y los precios de la luz siguen con horario de invierno
Y es que el principal motivo para que a los consumidores domésticos no nos beneficie siempre el cambio de horario lo encontramos en cómo se comporta el precio de la electricidad: cambiamos los relojes pero la facturación de la electricidad se mantiene con el mismo horario.
Como vimos a fondo cuando calculamos cuáles son realmente los horarios más baratos y caros en el precio de la luz, en media la mayoría de los días las horas con el precio de la electricidad más barato se han situado en la franja que va de las 14:00 a las 17:00 de la tarde. Por su parte, el horario más caro suele estar en la franja que comprende de las 20:00 a las 22:00.
Con el paso al horario de verano lo que estamos haciendo es básicamente ganar una hora de luz natural al atardecer, que como podemos ver en el gráfico de precios medios tiene un coste elevado de la electricidad para consumidores domésticos sobre todo entre las 20:00 y 22:00 horas, mientras que perdemos una hora de luz natural por la mañana, que como podemos observar es donde se sitúa la franja con precios intermedios de la electricidad para consumidores domésticos entre las 06:00 y las 13:00 horas.
Esto nos obliga a tener que encender las luces de casa una hora antes por las mañanas, justo en el horario donde la electricidad está en media más barata, lo contrario que sucede por las tardes, cuando tendremos una hora más de luz natural en el horario donde la electricidad está más cara y nos ahorramos encender las luces durante una hora en dicha franja.
Por ello, en media este cambio al horario de verano suele ser positivo para nuestras facturas, siempre que la tarifa que tengamos sea con discriminación horaria, como la PVPC.
Un impacto pequeño si usamos iluminación LED
Como hemos dicho, el cambio horario de verano puede ocasionarnos una cierta rebaja en la factura eléctrica a final de mes, aunque también hay que considerar cómo de importante puede llegar a ser este coste.
En la práctica, la realidad es que la mayoría de familias sigue manteniendo sus hábitos de uso de electrodomésticos con independencia del horario de la luz natural, causando el cambio de hora solo variaciones en el uso de la electricidad para generar luz.
Dado que la mayoría de viviendas contamos ya con bombillas de tipo LED de muy bajo consumo, tener encendida una hora más cada día la iluminación de casa en general no supone una diferencia notable.
Por ejemplo, suponiendo un caso típico en el que tengamos cuatro o cinco bombillas LED encendidas de más cada día una hora, cada una gastando 5 o 6 vatios, el consumo diario extra será de entre 20-30 vatios. Extrapolando a todo un mes tenemos entre 600 y 900 vatios, que si tomamos un precio medio de la electricidad en esa franja matutina de unos 0,20 euros por kilovatio nos da un gasto extra de entre 0,12 y 0,18 euros al mes. Vamos, insignificante.
Por supuesto, si todavía tenemos bombillas incandescentes clásicas el importe puede multiplicarse por cinco-siete fácilmente, al igual que si somos muchos convivientes en casa, cada uno en su habitación con varias luces encendidas, tenemos jardín, patio o terraza con iluminación exterior múltiple o lámparas con varias bombillas cada una, estos precios se pueden incrementar notablemente.
Cómo afecta el cambio horario a nuestra salud
Pero más allá de la factura eléctrica, el cambio horario también puede afectarnos a nivel fisiológico, ya que cambia lo que se conoce como ritmo circadiano. Es algo así como el reloj interno de nuestro organismo que ayuda a regular el funcionamiento físico y mental, estando a cargo de innumerables procesos fisiológicos.
De él dependen aspectos tan cotidianos pero importantes como la hora a la que tenemos hambre, a la que tenemos sueño, cuándo estamos más despiertos y activos o cuándo más aletargados y en estado de reposo. Y modificar artificialmente este reloj puede provocar malestar temporal o, incluso, enfermedades más o menos graves a largo plazo sobre todo si se modifican los hábitos de exposición a la luz solar.
Este último punto es el que Investigadores de Stanford Medicine han estudiado recientemente para saber cómo afectaban a dichos ritmos aplicar tres políticas horarias diferentes: el horario de invierno, el de verano y el horario con cambio bianual. Para ello analizaron la exposición real a la luz bajo cada política, basándose en las horas locales de salida y puesta del sol, observando el impacto en los ritmos circadianos y las características sociosanitarias de cada condado norteamericano.
¿Cuáles han sido los resultados? Se dieron cuenta de que "mantener el horario estándar o el horario de verano es mejor que cambiar dos veces al año". Según sus datos, el horario de invierno "evitaría unos 300.000 casos de ictus al año y reduciría la obesidad en 2,6 millones de personas". El horario de verano permanente, por su parte, "lograría aproximadamente dos tercios del mismo efecto". Según explicaba Jamie Zeitzer, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad de Standford:
Cuando hay luz por la mañana, se acelera el ciclo circadiano. Cuando hay luz por la tarde, se ralentiza [...]. Generalmente se necesita más luz matutina y menos luz vespertina para mantener una buena sincronización con un día de 24 horas
Este estudio da indicaciones interesantes sobre el efecto del cambio horario, aunque está lejos de ofrecer una respuesta absoluta y definitiva sobre si es bueno o malo variar dichos horarios a largo plazo. No obstante, lo que sí está claro es que a corto plazo podemos sufrir pequeños desajustes de sueño o sentir más cansancio de lo normal, situaciones que suelen durar unos pocos días tras el nuevo horario.
Imagen portada | Mpho Mojapelo
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