Dos expertas en limpieza: “Cuando solo tienes una hora, céntrate en los puntos de mayor contacto”

Limpiando Cocina

Sesenta minutos dan para mucho en una cocina si cada tarea evita ensuciar de nuevo lo que acabamos de dejar limpio

Manuel Naranjo

Editor

Una limpieza a fondo puede ocupar una mañana, pero ese no es el tiempo que suele haber entre semana. Sara Aparacio, profesional de Homeaglow, propone concentrar el esfuerzo donde se acumulan manos, grasa, salpicaduras y restos de comida. Los rodapiés y los alféizares pueden esperar a otra jornada.

La otra decisión importante es el orden. Empezar por el suelo obliga a repetir trabajo cuando caen migas desde la encimera o polvo desde la parte superior de los muebles. La ruta más eficiente comienza arriba, aprovecha los tiempos de espera de algunos productos y termina con la fregona.

Primero hay que despejar el terreno

Karen Larkin, propietaria de Belle Home Housecleaning, recomienda dedicar unos minutos a preparar la cocina: lavar los platos y retirar de la encimera todo lo que estorbe. Sin ese paso, buena parte de la hora se pierde moviendo objetos de un lado a otro y quedan zonas sin limpiar.

Larkin también rebaja la cantidad de productos necesarios. Mucha gente piensa que necesita un cubo lleno de productos para limpiar a fondo una cocina”, explica. 

Su empresa limpia unas 6.500 cocinas al año y, según cuenta, una esponja o bayeta de microfibra húmeda con unas gotas de lavavajillas funciona bien en la mayoría de las superficies. Antes de aplicarlo, conviene consultar las indicaciones del fabricante si se trata de piedra natural, madera sin sellar u otro material delicado.

La limpieza empieza por la parte alta

“Por ejemplo, si limpias el suelo de la cocina y después empiezas a pasar la bayeta por las encimeras, lo más probable es que vuelvan a caer migas y otros restos al suelo”, señala Aparacio. Su consejo es comenzar por los armarios superiores y zonas como la parte alta del frigorífico, donde se deposita polvo que después caerá.

Las puertas de los armarios también necesitan atención. Aparacio recuerda que en su exterior se acumulan grasa, humedad y polvo, sobre todo cuando tienen molduras o relieves. Los tiradores merecen una limpieza y desinfección específicas porque se tocan continuamente durante la preparación de alimentos.

Encimera, salpicadero y fregadero concentran la hora

“Cuando solo tienes una hora, céntrate en los puntos de mayor contacto y en otras zonas de gran impacto”, aconseja Aparacio. La encimera entra de lleno en esa selección: recibe grasa, humedad, restos de comida y suciedad transferida por las manos. Si hay mascotas que suben o apoyan las patas, recomienda limpiarla con especial cuidado para evitar que esa suciedad permanezca y se extienda.

El salpicadero y la pared junto a la zona de cocción acumulan gotas que se endurecen si se dejan varios días. Actuar pronto ahorra tener que frotar después. Para una intervención rápida en estas zonas puede servir una mezcla sencilla para la encimera, el fregadero y los grifos, siempre que sea compatible con el material.

El fregadero y el grifo son otros dos puntos de contacto continuo. Aparacio añade que la humedad favorece el crecimiento de bacterias y moho, de modo que no basta con retirar los restos visibles: hay que limpiar, aclarar y dejar la zona seca.

El horno puede trabajar mientras limpiamos otra cosa

Si el horno tiene un programa automático, Aparacio propone ponerlo en marcha mientras se atienden los armarios o la encimera. Hay que seguir el manual, retirar lo que indique el fabricante y ventilar la cocina. No todos los hornos tienen pirólisis ni todas las manchas justifican su consumo; para suciedad más ligera existen formas de limpiar el horno sin recurrir a un ciclo de alta temperatura.

Durante ese tiempo también puede limpiarse el cubo de basura. Larkin lo considera uno de los elementos más sucios y más olvidados de la cocina. Pide prestar atención al interior de la tapa y al fondo, donde los restos suelen quedarse adheridos. Tras lavarlo, debe secarse antes de colocar otra bolsa; la limpieza semanal del cubo evita que los residuos y los olores se acumulen.

Al suelo llega todo lo que se ha retirado de las superficies altas. Aparacio recuerda que allí se mezclan comida, grasa, agua y polvo, capaces de formar suciedad pegajosa e incluso dañar algunos pavimentos si permanecen demasiado tiempo.

Primero hay que barrer o aspirar y después usar un producto adecuado para el material. Larkin avisa de que, por el tránsito y los derrames habituales, en ocasiones hace falta pasar dos veces una fregona húmeda. También importa que esté limpia: una fregona sucia vuelve a repartir microorganismos por el suelo. Cuando se termina ahí, nada de lo limpiado después vuelve a caer sobre él.

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