
Antes de coger el cepillo, hay un paso que muchos se saltan, y es precisamente el que marca la diferencia entre un resultado a medias y unas juntas realmente blancas
Las juntas del suelo son la parte del baño que primero delata que hace tiempo que no se limpia a fondo. Aunque las baldosas sigan brillantes, la lechada absorbe humedad, jabón y suciedad como una esponja, y acaba oscureciéndose mucho antes que el resto del pavimento.
No hace falta recurrir a productos agresivos para recuperar su aspecto. Con un par de ingredientes que casi todo el mundo tiene en casa y un poco de constancia, las juntas pueden quedar prácticamente como el primer día, aunque el proceso exige respetar algunos pasos que suelen pasarse por alto.
Antes de limpiar, identifica el tipo de baldosa
No toda la lechada admite el mismo tratamiento. Antes de aplicar cualquier producto, conviene fijarse en si el suelo es de cerámica, porcelánico o piedra natural, porque algunos limpiadores caseros pueden dañar este último tipo de superficie.
Si tienes dudas, es buena idea probar primero en una zona poco visible, sobre todo cuando la intención es limpiar las juntas del suelo negras que llevan tiempo acumulando suciedad.
La mezcla casera que mejor funciona
La combinación más efectiva para juntas con manchas persistentes es bicarbonato de sodio y agua oxigenada a partes iguales, hasta formar una pasta.
Se aplica con un cepillo de dientes viejo directamente sobre la lechada, se deja actuar entre diez y veinte minutos y después se frota con movimientos circulares.
Para un mantenimiento más ligero, basta con bicarbonato y agua, mientras que el vinagre blanco o el zumo de limón funcionan bien en manchas de grasa, aunque conviene evitarlos en piedra natural porque su acidez puede desgastar la superficie.
Antes de empezar con cualquiera de estas mezclas, es recomendable barrer o pasar la aspiradora para retirar la suciedad suelta, de modo que no se quede incrustada durante el fregado.
Cómo terminar y evitar que vuelva a oscurecerse
Una vez frotada la lechada, hay que aclarar bien con agua limpia para no dejar restos de producto, que con el tiempo pueden atraer más suciedad, y secar con un paño de microfibra para evitar que la humedad quede atrapada.
Este último paso es especialmente importante en el baño, donde la condensación favorece que las juntas vuelvan a ensuciarse antes de lo esperado.
Sellar la lechada después de la limpieza ayuda a que se mantenga blanca durante más tiempo, ya que crea una barrera que dificulta que la humedad y la suciedad penetren de nuevo. Se recomienda repetir la limpieza a fondo cada cuatro o seis meses y complementar con una fregona semanal para que la mugre no llegue a asentarse.
Si la lechada tiene moho muy incrustado, grietas o el desgaste es evidente, puede merecer la pena recurrir a un profesional, sobre todo si coincide con una mudanza o una reforma, ya que un trabajo así resulta bastante más costoso a nivel físico de lo que parece a simple vista.
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