Telepresencia, porque la videollamada no es suficiente

Aunque realmente pocos usamos la videollamada en nuestro día a día, sí que es algo muy útil cuando estamos pasando un tiempo en el extranjero y tenemos un poco de "morriña". Poder ver a nuestros amigos, familiares y novias mientras hablamos es una alegría. Pero a veces, incluso la videollamada no es suficiente, y están empezando a aparecer algunos inventos para ofrecernos algo más, la telepresencia.

La telepresencia nos permite interactuar con la persona al otro lado de la línea de una forma física, ya sea a través de gestos y movimientos de un robot, o incluso a través movimientos de unos labios artificiales, capaces de transmitir nuestro más allá de besar a la webcam.

Botiful, el robot interactivo

Como se puede ver en el vídeo, Botiful es un pequeño robot que podemos controlar desde nuestro ordenador de forma remota, a través de una aplicación instalada tanto en nuestro ordenador como en el móvil del receptor. Así, podremos interactuar con nuestro interlocutor moviéndonos por la mesa, asintiendo, negando o incluso haciendo piruetas de alegría.

Se me ocurren muchas situaciones en las que puede ser útil, como por ejemplo para seguir a un niño mientras está jugando y "pasar" un rato con él, aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, o poder ir mirando a la persona que esté hablando en el caso de que sea una conversación en grupo.

Ha sido diseñado por Claire Delaunay y ahora mismo busca financiación en Kickstarter, por menos de 200 euros podéis tener lo último en telepresencia, que además tiene un encanto mezcla entre Eva y Wall-E.

Kissenger

Aunque el prototipo inicial da bastante grima, Kissenger no es nada mala idea; un dispositivo capaz de transmitir besos en la distancia puede resultar interesante --aunque algo extraño también-- para aquellas parejas que tengan que pasar mucho tiempo separados.

En este caso, la interacción es doble. Tal como se puede ver en el vídeo a continuación, en un extremo de la comunicación un interlocutor transmite el beso besando al aparato en cuestión --una pequeña cara con grandes labios-- y la misma presión y duración se transmite de forma instantánea al otro lado de la línea.

Imagino que la experiencia debe distar bastante de lo que uno espera de un beso --no creo que se le pueda meter la lengua-- pero es un magnífico ejemplo de hacia donde pueden evolucionar la forma de comunicarnos, caminando lentamente hacia la telepresencia, porque la videollamada se nos ha quedado corta.

Vía | Designboom Más información | Lovotics

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