
Más eficientes que los radiadores de resistencia simple, son una alternativa para calentar rápidamente habitaciones de pequeño tamaño
En el mercado podemos encontrar diferentes tecnologías de calefacción que se basan en distintos métodos y usan materias primas variadas, como el gas, el diésel, la madera y sobre todo la electricidad, que destaca por su versatilidad, rapidez y limpieza.
Sin embargo, no todos los sistemas de calefacción eléctricos son iguales, ya que hay unos muy eficientes capaces de exprimir cada vatio utilizado, como es el caso de la aerotermia y las bombas de calor y otros menos eficientes que nos harán gastar una pequeña fortuna, como es el caso de los radiadores eléctricos convencionales.
Sin embargo, en los último años estos radiadores eléctricos han ido sufriendo diferentes mejoras en un intento por incrementar dicha eficiencia y lograr que su consumo de luz se reduzca notablemente. Y uno de estos avances es lo que conocemos como emisores térmicos.
Qué es y cómo funciona un emisor térmico
Un emisor térmico es básicamente un tipo de calefacción basado en radiadores eléctricos más eficientes y de menor consumo que los clásicos y que en la mayoría de los casos van fijados a la pared dado su mayor peso.
Funcionan a través de lo que se conoce como inercia térmica, de forma que consiguen calentar una estancia durante más tiempo que un radiador de resistencia simple y utilizando hasta un 30% menos de energía.
Este menor consumo eléctrico está ligado a la forma de difundir el calor y al modo de comportamiento de sus elementos calefactores. Así, la mayoría de emisores térmicos están fabricados de aluminio, de forma que transmiten el calor de una forma uniforme.
En el mercado podemos encontrar básicamente tres tipos de emisores térmicos dependiendo del elemento o material que utilicen para mantener la inercia de calor en su interior. Así, nos encontramos con los modelos cerámicos, los de fluido y los llamados emisores secos.
Cada tipo está recomendado para un uso diferente dadas sus capacidades caloríficas. Por ejemplo, los modelos cerámicos sirven para usos frecuentes y continuados de más de 8 horas al día, mientras que los de fluido pueden usarse para entre 4 y 8 horas y los secos para usos esporádicos de menos de 4 horas.
También podemos distinguir entre modelos básicos e inteligentes. Los primeros cuentan con temporizadores y termostatos simples, mientras que los segundos, también más caros, pueden conectarse a las redes WiFi para controlarlos y gestionar diferentes parámetros a distancia desde un móvil.
Ventajas e inconvenientes de los emisores térmicos
Menor consumo eléctrico. Los emisores térmicos tienen un gasto en electricidad inferior que un radiador clásico convencional, e incluso que los de aceite, en una misma superficie de radiación, con un gasto que puede llegar a ser hasta un 30% inferior.
Proporcionan un calor suave y uniforme igualmente distribuido por su superficie, por lo que ofrecen una temperatura continua en toda la habitación. Además no resecan tanto el aire como otros sistemas basados en combustión y no generan corrientes de aire.
Facilidad de selección de la temperatura con mayor precisión. Los emisores térmicos de bajo consumo están todos equipados con un termostato programador que permite elegir la temperatura de una habitación de forma independiente en cada radiador y con más precisión que los radiadores clásicos. Además, en algunos modelos, también se pueden controlar a distancia desde un móvil o tableta.
Son fáciles de instalar, puesto que solo hay que enchufarlos a la red eléctrica y como mucho anclarlos a la pared. Ocupan poco espacio si lo comparamos con otros sistemas de calefacción como estufas o los grandes radiadores de aceite antiguos.
Son más caros que los radiadores clásicos. Esta es una de sus principales desventajas, puesto que su precio de compra inicial puede fácilmente triplicar el de un radiador convencional.
Siguen teniendo un consumo eléctrico elevado. Aunque hemos visto que su consumo eléctrico es menor que el de los radiadores de resistencia simple, aún así sigue siendo elevado si lo comparamos con las bombas de calor, por lo que no están recomendados para climatizar viviendas de gran tamaño. Más bien son recomendables para salas pequeñas y medias o como apoyo a sistemas de calefacción más potentes.
Imagen portada | e24
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