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Roboy

El siguiente gran paso para la industria de los dispositivos digitales domésticos será la migración desde lo virtual, desde los puros datos que habitan el universo digital y sus redes, hasta lo real, hasta una interacción analógica con el ser humano en su propio hábitat.

Sin duda aquí dos disciplinas jugarán un papel primordial. Por una lado la domótica, que nos permitirá interactuar con nuestro entorno más próximo, pero también la robótica, cuya misión en la próxima década será hacernos la vida más fácil dentro de los hogares ocupándose de tareas molestas, repetitivas o desagradables.

Aunque todavía estamos en los primeros pasos de un nuevo y fascinante universo, la aceleración de las capacidades de procesamiento de los ordenadores y de otras técnicas como la impresión digital de objetos están allanando el camino para que en poco tiempo comencemos a tener en casa pequeños asistentes domésticos artificiales.

Humanoides e interfaces amigables

Lo primero que será necesario conseguir para que los robots sean aceptados por una gran parte de la sociedad y su producción pueda ser masiva y por tanto barata es dotar a estos seres mecánicos de un aspecto agradable que se asemeje lo más posible al de un ser humano, o en su defecto a una mascota.

Humanoide

Estos humanoides deberán además contar con una interfaz de usuario sencilla, efectiva y amigable, en el sentido literal de la palabra. Deberán poder reconocer nuestras órdenes en un lenguaje natural y obedecerlas adaptándose a los imprevistos que puedan surgir dentro de nuestros hogares.

De momento estamos lejos aún de lograr todos estos requisitos, aunque cada vez surgen más proyectos que tratan de acercar y adaptar la tecnología existente a cubrir dichas necesidades.

Roboy, un ejemplo de humanoide doméstico

Un claro ejemplo lo encontramos en el proyecto del laboratorio de inteligencia artificial de la Universidad de Zurich llamado Roboy. Se trata de un robot de aproximadamente un metro y veinte centímetros que con la forma y aspecto de un niño pretende mimetizarse en los hogares convirtiéndose en nuestro asistente personal al tiempo que resulta agradable para los usuarios.

Con un tiempo de creación que estiman será de 9 meses, sus diseñadores quieren que Roboy sea el arquetipo de robot doméstico del futuro capaz de interactuar con los humanos de forma natural.

Roboy

Para ello le están dotando de un complejo sistema de esqueleto y músculos similar al nuestro pero con la ventaja de que sus piezas (o por lo menos una parte de ellas) pueden ser fabricadas con impresoras en 3D, lo que abaratará la producción e incrementará las posibilidades del modelo final.

El próximo 9 de marzo tendremos la oportunidad de ver el prototipo en el “Robots on Tour“, junto con otros androides de diferentes creadores.

Aunque todavía no está claro cómo evolucionará esta industria, lo que si parece lógico es que necesitará de un gran empujón para despegar, o por lo menos de una killer application que llame la atención del gran público. Aquí las grandes empresas de tecnología jugarán o deberían jugar un papel fundamental. ¿Os imagináis que compañías como Google o Apple se metieran en el sector?

Más allá de las funcionalidades de estos humanoides, de sus capacidades técnicas para resolver problemas y realizar tareas humanas, deberán enfrentarse al problema de la fiabilidad, a cómo gestionar los errores, averías e incidentes sobre la marcha sin perjudicar a los humanos, que tendrán que responder a la pregunta clave del asunto: ¿estamos dispuestos a dejar a un humanoide a cargo de nuestros valiosos hogares y a convivir con nosotros, nuestros hijos y mascotas?

Más información | Roboy

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