Ponerle una bolsa de plástico a la escoba para barrer es un buen truco, aunque no vale para cualquier suelo

Escoba Con Una Bolsa

Los pelos que suelen escapar de las cerdas pueden quedarse pegados al plástico

Manuel Naranjo

Editor

Barrer cabellos, pelusas o pelo de mascota suele acabar con parte de la suciedad enredada en las cerdas y otra parte moviéndose por la habitación. Un truco casero propone cubrir por completo el cepillo de la escoba con una bolsa de plástico antes de pasarlo por el suelo.

El método puede funcionar porque el roce entre el plástico y una superficie seca favorece la electricidad estática. Las partículas ligeras se adhieren a la bolsa en vez de atravesar las cerdas o salir despedidas. Tiene sentido para una pasada rápida, pero no reemplaza una limpieza que retire también arena, migas o polvo fino.

La bolsa debe cubrir todas las cerdas

Hay que introducir el cabezal de la escoba en una bolsa limpia, estirar el plástico y sujetar las asas alrededor del palo. Debe quedar firme y sin grandes pliegues que se enganchen. Una bolsa demasiado holgada se mueve al barrer y pierde contacto con el suelo.

Después se pasa la escoba con movimientos suaves. Al terminar, se suelta la bolsa y se le da la vuelta para encerrar los restos adheridos. Si está limpia y no se ha roto, puede reservarse para repetir el uso. No conviene utilizar una bolsa que haya contenido alimentos crudos, líquidos o sustancias que puedan ensuciar el pavimento.

La carga estática ayuda especialmente con residuos ligeros. Cabellos, pelo animal y pelusas son precisamente los que una escoba convencional tiende a arrastrar de un lado a otro. El plástico también evita que se introduzcan entre las cerdas, por lo que el cepillo requiere menos limpieza después.

El efecto tiene límites. La bolsa no aspira y tampoco retiene igual las partículas pesadas. Si hay arena o pequeñas piedras, arrastrarlas bajo el plástico podría marcar un acabado delicado. Para una limpieza profunda, sigue siendo preferible aspirar y completar el trabajo con una mopa o fregona adecuada. En hogares con animales también puede resultar más eficaz un cepillo de goma para recoger los pelos.

Los suelos lisos y secos son los mejores candidatos

El truco encaja mejor en cerámica, porcelánico, vinilo o laminados lisos cuando están completamente secos. También puede utilizarse con cuidado sobre madera bien acabada, después de comprobar que la bolsa está limpia y que debajo no hay partículas capaces de arañar el barniz.

La humedad reduce la electricidad estática y hace que el polvo se convierta en una pasta. Por eso no conviene aplicarlo sobre un suelo mojado ni justo después de fregar. Tampoco aporta demasiado en superficies rugosas o con juntas muy profundas, donde el plástico no alcanza los huecos.

Una alfombra frena la bolsa, la arruga y puede terminar rompiéndola. En ese terreno, un aspirador con el cabezal adecuado retira mejor la suciedad atrapada entre las fibras. Algo parecido sucede con piedra muy porosa, baldosas rústicas y suelos exteriores: las irregularidades dificultan el contacto y pueden perforar el plástico.

Si hay alergia al polvo, barrer tampoco es la primera opción. Una escoba puede levantar partículas que vuelven al aire, incluso con la bolsa colocada. En ese caso resulta más apropiado utilizar un aspirador con buen filtro y limpiar con paños húmedos.

La bolsa en la escoba sirve para una tarea concreta: reunir pelos y pelusas sobre un suelo liso sin llenar las cerdas. Para los restos más finos podemos recurrir también a papel ligeramente humedecido antes de fregar. Elegir el método según el tipo de suciedad evita convertir un truco útil en una pasada que solo cambia el polvo de sitio.

Imágenes | Dall-E con edición

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