
Depende del tipo de pintura utilizada, la exposición a la luz solar, la humedad y el uso del espacio
Un aspecto cuidado y limpio es clave si estás pensando en alquilar o vender la propiedad en el futuro
Cuando hablamos de tareas periódicas en casa, lo normal es pensar en la limpieza: cubos, fregona, quitar el polvo... Pero lo que no tenemos tan presente es que pintar las paredes es también algo muy necesario, y no solo por estética.
Cuando pintamos la casa, además de permitirnos cambiar su imagen, lo que estamos haciendo es ayudar a que las habitaciones tengan un mayor frescor: además de cambiar el color (si es que lo hacemos), estamos acabando con la suciedad acumulada con el paso del tiempo. Por eso, los pintores recomiendan pintar la casa de forma periódica, pero ¿cuál es ese plazo de tiempo?
No es solo por estética
Sentirnos a gusto en casa pasa, inevitablemente, por cuidar todas las habitaciones y también por usar una decoración a nuestro gusto para crear un ambiente acogedor. El color de las paredes y la posibilidad de cambiarlo son una forma de lograrlo, pero ¿con qué frecuencia hay que coger el rodillo?
Aunque buena parte de los expertos aconseja dar un repaso cada tres o cuatro años, otros estiran este margen hasta los cinco o seis. La realidad es que no existe una regla matemática exacta; el momento ideal lo marcan las características y el ritmo de vida de tu propia vivienda.
Y no solo hay que tener en cuenta estos factores. No todas las habitaciones están expuestas de la misma forma y, por eso, la frecuencia tampoco es igual en la cocina que en un dormitorio infantil. En BigMat cuentan que la frecuencia recomendada para pintar depende de la estancia y del desgaste:
- Salones y dormitorios: cada 5-7 años.
- Cocinas y baños: cada 3-5 años, por la humedad y las manchas.
- Fachadas: cada 5-10 años, según el clima y la pintura.
- Habitaciones infantiles: cada 2-3 años, por las marcas y el uso.
Lo cierto es que, como vemos, todo depende de cómo se desgastan las paredes, y aquí intervienen distintos factores: desde la calidad de la pintura inicial hasta el clima y el entorno, pasando por el trote diario.
Por qué hay que pintar
Actualizar el aspecto de las habitaciones no es algo que solo se haga por estética: los expertos detallan que pintar la casa permite renovar las paredes desgastadas, cubrir manchas y marcas de muebles o cuadros y actualizar la decoración retirando el papel pintado o el gotelé.
Antes de hacerlo, conviene identificar y solucionar las causas de las humedades y revisar las grietas. Además, una nueva capa de pintura puede mejorar el aspecto de la vivienda y hacerla más atractiva para venderla o alquilarla.
Así, por ejemplo, si cuando la pintamos por primera vez apostamos por una pintura más económica, lo normal es que resista menos y, por lo tanto, se deteriore antes, lo que obligará a retocar las paredes antes de tiempo.
Igualmente, es importante el trote diario. No es lo mismo una vivienda en la que hay niños o mascotas que una en la que hay personas mayores. Tampoco es igual el impacto del día a día en la cocina que en un pasillo. Las manchas persistentes, las grietas o las zonas desconchadas son señales claras de que toca renovar.
También tienen mucho que decir el clima de la zona en la que vivimos y el entorno. La luz solar directa, la contaminación y la humedad son grandes enemigos del color. Por eso, estancias sometidas a cambios bruscos de temperatura o vapor, como la cocina o el cuarto de baño, siempre piden una capa de pintura con mayor asiduidad que un dormitorio.
Cómo cuidamos la vivienda también influye. Una buena ventilación y la limpieza regular del polvo evitan que la suciedad se incruste. Con unos cuidados mínimos en las paredes, estamos haciendo que duren más sin necesidad de volver a pintar.
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