Hace miles de años, antes del aire acondicionado, en España enfriábamos así las casas. Está técnica aún se usa y funciona

Pexels Santiago Manuel De La Colina 520897 35916214
  • En España tenemos un tradición: se ha utilizado en España desde hace al menos 30.000 años

  • La ventaja de las fibras vegetales está en que no retienen tanto calor como una alfombra gruesa

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Estamos acostumbrados a pulsar el botón del aire acondicionado o el ventilador cuando llegamos a casa y tenemos calor. Sin embargo, este gesto tan habitual no lo era hace tanto tiempo y, antes de que estos equipos se popularizaran, se utilizaba un método que aún hoy sigue funcionando.

Además de emplear otras formas para evitar que la casa se caliente, como aprovechar la ventilación en los momentos del día en los que la temperatura es más fresca o beneficiarse de la orientación de la vivienda, una de las claves para refrescar la casa estaba en saber aprovechar el suelo.

El suelo enfría y calienta

Foto de cottonbro studio

Seguramente has visto en muchas viviendas —y puede que tú también las tengas en casa— alfombras cubriendo el suelo. Durante el invierno son ideales para aislar del frío, pero en verano es habitual cambiarlas por otras más finas, fabricadas con fibras naturales como el yute, el bambú o el algodón.

Era una práctica habitual en Francia y sus colonias a principios del siglo pasado, tal y como cuenta Le Journal des Femmes, donde este tipo de alfombras servía, entre otras cosas, para proteger los pies y absorber la humedad.

Sin embargo, el uso de alfombras para cubrir los suelos es una costumbre que viene de mucho más atrás. Así lo recoge un estudio publicado en la revista Persée, según el cual el empleo de revestimientos y alfombras de materiales más ligeros para cubrir los suelos se remonta ya a la Edad Media.

Y es que, lejos de lo que pueda parecer, lo que realmente podía contribuir a mantener una estancia más fresca no era tanto la alfombra como el propio suelo. Los materiales con una elevada inercia térmica pueden absorber calor lentamente a lo largo del día y liberarlo después de forma progresiva. Así, las alfombras más ligeras permitían cubrir el pavimento sin recurrir a los tejidos gruesos utilizados durante el invierno.

Gracias a que están fabricadas con materiales como el bambú o el algodón, este tipo de alfombras actúan como un regulador natural: atrapan el exceso de humedad cuando el ambiente está muy cargado y la liberan cuando el aire se reseca. De hecho, en la publicación Le Journal des Femmes destacan que las fibras naturales son altamente transpirables y resisten muy bien el agua, lo que las convierte en una opción fantástica para decorar tanto fuera como dentro de casa.

Dicho todo esto, hay que tener en cuenta que si el suelo es de piedra, barro o baldosa y está protegido de la radiación solar, puede mantenerse más fresco que el aire. Cubrirlo con una alfombra incluso puede aislar nuestros pies de ese frescor. 

La tradición en España

Foto de gökçe erem

En España también tenemos nuestra propia alternativa, heredada de nuestros antepasados y utilizada mucho antes de que los ventiladores y el aire acondicionado llegaran a nuestras viviendas. De hecho, quizás todavía puedas verla en algunas casas.

Se trata de una tradición que, según señala el propio Ministerio de Cultura, se practica en España desde hace al menos 30.000 años y que durante siglos ha servido para fabricar todo tipo de objetos domésticos mediante el trenzado de fibras.

Las pesadas alfombras de invierno dejan paso durante los meses cálidos a alfombras de esparto, paja o junco. Eran materiales mucho más ligeros y transpirables, especialmente habituales en las zonas mediterráneas, donde el trabajo del esparto forma parte de una tradición con miles de años de historia.

Foto de portada | Santiago Manuel De la Colina

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