Ni de cemento, ni de hormigón: así es el suelo de los años 70 que regresa a patios y terrazas para hacerlos más frescos y naturales

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Una opción para espacios donde buscamos mejorar el drenaje y reducir zonas con pavimentos clásicos

Paco Rodríguez

Editor Senior

Si has tenido alguna vez un patio, terraza amplia o porche que dan al jardín probablemente los suelos pavimentados con cemento, hormigón o similares te hayan parecido una gran idea, puesto que son resistentes, duraderos y te evitan de andar con miramientos al usarlos.

Sin embargo también son muy sosos y tener este tipo de espacios totalmente pavimentados, aunque cómodo y eficaz, al final acaba por cansarte. De ahí que haya una alternativa que está cogiendo relevancia en los últimos tiempos, devolviendo la típica estética de los años 70 a nuestros espacios de exterior.

Unos espacios menos uniformes y más naturales

Imagen: Max Vakhtbovych

En lugar de pavimentar por completo estos espacios como patios y jardines pequeños, la idea tras esta tendencia que nos devuelve a los años 70 consiste en evitar grandes superficies uniformes de cemento, hormigón o incluso baldosas, y apostar por intercalar "islas" vegetales o hechas con otro tipo de materiales.

Por ejemplo se pueden combinar materiales como grava, piedra, losas de pizarra colocadas de forma discontinua o adoquines con juntas abiertas y zonas de vegetación, creando caminos y partes bien diferenciadas que rompan con la simetría del pavimento continuo.

Este tipo de distribuciones irregulares con materiales diferentes y con toques orgánicos no solo aporta un aspecto diferente a los espacios, sino que ayuda a rebajar la temperatura evitando el efecto "isla de calor" típica de las ciudades. Reduciendo la cantidad de hormigón y sustituyéndolo por alternativas como espacios con vegetación evitamos que se absorba parte del calor y que este siga emitiéndose durante la tarde-noche.

También permite que podamos tener un mejor aprovechamiento del agua, que ahora ya no irá hacia los sustratos bajo el pavimento sin más, sino que puede ser absorbida por los diferentes vegetales que tengamos distribuidos, a modo de jardineras gigantes.

¿Y qué pasa si necesito realmente tener una superficie muy resistente para por ejemplo poner el coche? En este caso se puede reservar una zona especialmente para este fin, con hormigón o baldosas duras, pero aligerar visualmente los alrededores con otros materiales como losas intercaladas de hierba, grava, senderos que salen de la parte cementada hacia otras zonas del jardín o poniendo huecos con vegetación en los límites del área reservada para los vehículos.

Imagen: Max Vakhtbovych

¿No tiene esta tendencia nada negativo? Pues sí, algunos pequeños inconvenientes que conviene conocer. Por ejemplo, que aunque logramos romper con esa estética uniforme de tenerlo todo con cemento o baldosas, también podemos tener la sensación que los espacios, al estar más delimitados, son algo más pequeños.

Y también tenemos el asunto de la limpieza y el mantenimiento. Mientras que un patio todo uniforme con el mismo pavimento es más fácil de limpiar por ejemplo con una manguera, el contar con diferentes materiales, zonas vegetales que pueden echar hojas y suciedad, etc. hará que debamos esmerarnos y trabajar más para tener todo bien cuidado.

Vía | Directo al paladar

Imagen portada | alleksana

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