
La ubicación, la insonorización y los sistemas de ventilación apuntaban a profesionales, nada de aficionados
Una sola plantación de marihuana en una vivienda puede llegar a consumir la misma energía que 80 hogares
Que el negocio de la marihuana (maría, de ahora en adelante) es tremendamente lucrativo es algo que nadie pone en duda, sobre todo si vives en algunas zonas de España. De hecho, ya vimos cómo en algún municipio incluso se habían instalado contenedores específicos para que los propietarios de estas plantaciones se deshicieran de los desechos. Pero pocas noticias son tan bizarras como la de comprar una casa y encontrarse con una plantación de maría incorporada.
No es precisamente una característica que suela aparecer en los anuncios de compraventa: piso de cuatro habitaciones con vistas al exterior, cocina amueblada y plantación de maría. En este caso, todo ha ocurrido en Borriol, un municipio de Castellón.
Un trastero bien amueblado
El suceso tuvo lugar el pasado 3 de agosto, cuando los nuevos propietarios de una vivienda, mientras examinaban el interior después de haberla comprado, descubrieron que tenían una plantación de maría incorporada. Estaba oculta bajo un falso suelo y, al abrir una escotilla, se encontraron con un espacio climatizado con aire acondicionado, focos de sodio de alto rendimiento, un sistema de ventilación y veinte plantas colgadas boca abajo.
Los nuevos propietarios no tardaron en avisar a la Guardia Civil y, tras la inspección, el Equipo ROCA de la Comandancia de Castellón confirmó que no se trataba de una instalación improvisada. Todo estaba cuidadosamente planeado: la sala, además de estar perfectamente acondicionada, había sido diseñada específicamente para pasar desapercibida incluso durante un registro policial.
Estas salas están preparadas para acelerar el crecimiento (con rendimientos de 1 a 1,8 gramos de cogollo por vatio) de las plantas mediante focos de alta potencia, ventilación constante y ciclos controlados de luz y oscuridad. Además, suelen incorporar filtros de carbón activo para eliminar los olores, lo que ayuda a que la instalación pase desapercibida. Todo ello exige un suministro eléctrico estable y un acondicionamiento específico del espacio.
Un tres en uno en delitos. Tras varias semanas de investigación, la Guardia Civil detuvo a un hombre de 39 años años acusado de delitos contra la salud pública, defraudación de fluido eléctrico y estafa. Por ahora, no se ha aclarado qué relación tenía con la vivienda ni cuánto tiempo llevaba funcionando la instalación.
Puede parecer un hecho aislado, pero nada más lejos de la realidad. Este tipo de instalaciones son más habituales de lo que parece y basta con echar un vistazo a las noticias de distintas provincias de España (en agosto también descubrieron otra plantación en Córdoba) para comprobar cómo han proliferado estas plantaciones. No se puede negar que tenemos un problema con la marihuana.
Una tendencia que tiene consecuencias directas para el resto de la población. Ya no se trata solo de los continuos cortes de luz provocados por enganches ilegales destinados a alimentar este tipo de instalaciones.
Por poner un ejemplo, en Granada, donde esta práctica es habitual en algunos barrios, una sola plantación de marihuana en una vivienda puede llegar a consumir la misma energía que 80 hogares. Son instalaciones que pueden funcionar las 24 horas del día y que han llevado a las eléctricas a intensificar la lucha contra el fraude. Solo en Andalucía se abrieron 547 expedientes por fraude eléctrico durante los primeros seis meses de 2026.
A nivel nacional, la situación no es mejor. Las plantaciones de marihuana consumen en España unos 2,2 teravatios-hora al año. Además, Endesa detectó 72.700 fraudes eléctricos solo en 2025. El problema ha alcanzado tal magnitud que Endesa ha empezado a tirar de IA para localizar nuevos fraudes.
Cultivos indoor, la nueva tendencia. El Ministerio del Interior calcula que las incautaciones de plantas cayeron un 76% entre 2021 y 2025, pero eso no significa necesariamente que el negocio se haya frenado. Lo que está ocurriendo es que las grandes plantaciones al aire libre se han reducido, mientras el cultivo se desplaza cada vez más hacia espacios cerrados y mejor ocultos.
Pero además del problema con la marihuana y la electricidad, están proliferando estos vertederos ilegales en los que los cultivadores desechan restos vegetales sin valor, como tallos y raíces, junto con plásticos, macetas y abonos.
El castigo. Cuando el enganche ilegal de electricidad está relacionado con el cultivo o tráfico de drogas, las penas pueden alcanzar entre seis y 18 meses de cárcel o multas de 12 a 24 meses. A ello se suman los posibles delitos de estafa y contra la salud pública, como ocurre en el caso investigado en Borriol.
Imágenes | Guardia Civil
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