Esto es lo que nos dice la ciencia para lograr el mejor ambiente para dormir y tener un descanso óptimo

Con la llegada de los primeros fríos, ocurre lo mismo que en verano, pero en sentido inverso. De nuevo, muchas veces nuestro descanso se ve afectado por una bajada de temperaturas. Ahora se trata de encontrar el ambiente ideal para dormir evitando el frío que nos mantenga en vela y de paso encontrar el resto de condiciones que nos ayuden a obtener un descanso reparador.

Por eso vamos a ver algunos consejos sobre cómo obtener en casa un ambiente ideal que nos permita conciliar el sueño, y además, sin que tengamos que tirar de calefacción, de forma que podamos ahorrar de camino en nuestra factura energética de cada mes.

La habitación bien adaptada

Encontrar el ambiente ideal para obtener un descanso óptimo, no es algo fácil de lograr. Y la dificultad estriba en encontrar esa temperatura que se pueda considerar ideal, la cual varía en función de cada persona. No obstante, se puede considerar un ambiente ideal para conciliar el sueño, aquel que oscila entre los 18 y los 24 °C en invierno**.

Dejando a un lado que algunas personas pueden sentirse más cómodas en una temperatura ligeramente más alta o más baja, es importante encontrar **la temperatura que te haga sentir más cómodo para dormir. Y en este sentido, hay una serie de consejos que podemos aplicar para descansar más y mejor.

Así por ejemplo, un buen consejo para intentar mantener un ambiente óptimo en el que conciliar el sueño, pasa por ventilar la habitación. Y no, no se trata de hacerlo justo antes de dormir, sino que a primera hora de la mañana, tengamos abiertas las ventanas unos 10 minutos para así renovar el aire y de esta forma evitar un ambiente cargado, el cual no es un aliado del sueño. Un ambiente cargado puede hacerte sentir incómodo y dificultar el sueño.

Igualmente, es importante usar una ropa de cama adecuada (por ejemplo, no son lo mismo las sábanas de verano que las de invierno), y aquí englobamos tanto la ropa que llevamos nosotros, como la que usamos en la cama. Se trata de usar sobre todo tejidos naturales, que favorezcan la transpiración, pero que no sean demasiado ligeros para no perder calor. Y no, no te cortes si necesitas usar calcetines o usar una bolsa de agua caliente.

Otro aspecto fundamental es la luz. Debemos eliminar cualquier tipo de fuente lumínica que pueda molestarnos para dormir, y aquí incluimos desde pantallas, hasta esos pequeños LED de algunos enchufes o interruptores. Evita someter tus ojos a cualquier fuente de luz que pueda provocarte dificultades para dormir, y en este sentido, si tienes un despertador, puedes buscar, se ofrece una función de tentación para que no te resulte tan molesto.

El nivel de humedad en la estancia también influye en la calidad del sueño. Lo ideal es que en la habitación tengamos unos niveles de humedad que oscilen entre el 40 y el 60%. Aunque esto también varía en función de cada persona, contar con unos niveles de humedad demasiado altos o bajos, pueden pedirnos dormir de forma adecuada.

Una de la claves es contar con una cama y una almohada adecuadas. Debemos contar con un equipamiento y dejar a un lado si es canapé, somier con patas, con cajones... es importante conocer nuestras rutinas de sueño y posturas para elegir colchón y almohada.

Empezando por el colchón, elegir el modelo adecuado es básico, no sólo para dormir, sino porque puede ayudar a evitar por ejemplo problemas de espalda. Debemos buscar un buen colchón para nuestra columna vertebral. Ya sea blando, duro o muy duro, debemos encontrar el adecuado a nuestro uso.

Comprar el colchón es una inversión importante, puesto que no es un elemento barato. Además, debes tener en cuenta que se trata de un elemento con caducidad. Se recomienda cambiar un colchón, cada 8 o 10 años, puesto que pasado ese tiempo, los componentes que dan forma al colchón van perdiendo calidad y efectividad, de forma que pueden terminar perjudicando nuestro descanso.

La almohada es igualmente importante. Las hay de fibras sintéticas, de plumas, viscoeslastica, de espuma, de latex... pero dicho esto, no existe la almohada ideal para todos. Al igual que con el colchón, debemos encontrar aquella que se adapte a nuestras necesidades, garantizando que mientras descansamos, nuestro cuerpo tenga una posición correcta, asegurando una correcta alineación del cuello y la columna. Las hay de distinto materiales, pero también de distintas alturas y firmezas, por lo que debes encontrar la adecuada y dedicarle el tiempo necesario para su elección.

También poner un poco de nuestra parte

Una vez hemos tratado las condiciones ideales para dormir en lo que se respecta a lo material, es importante también repasar algunos puntos a cuidar nuestra forma de proceder y de actuar. Así, es importante estar bien hidratado y beber suficiente agua durante el día, lo que ayuda a regular la temperatura corporal.

El llegar a la cama relajado, es importante, y por eso puede ser aconsejable, darse una ducha tibia antes de ir a dormir. Es una buena fórmula también para regular la temperatura corporal. También podemos relajarnos haciendo ejercicio, pero evitando el hacerlo muy cerca de la hora de acostarnos. Al menos 30 minutos la mayoría de los días y siempre 2 a 3 horas antes de ir a dormir, si bien, y como en el resto de casos, este aspecto depende de cada persona.

Hay más cosas que podemos hacer para intentar obtener un ambiente adecuado en el que descansar. **Evitar las cenas copiosas, no tomar alcohol, determinados medicamentos o bebidas que contengan cafeína, son otros elementos recomendables para que nuestro sueño no encuentre obstáculos.

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