Mantener limpio el filtro puede evitar que la secadora alargue innecesariamente los ciclos de secado
Cada vez que pones una secadora, la ropa suelta pelusas, fibras y restos diminutos de tejido. Todo eso acaba en el filtro. Su función es sencilla, pero crítica: dejar pasar el aire caliente y atrapar la porquería para que no se meta por dentro de la máquina.
Cuando el filtro está limpio, el aire circula bien, el tambor se ventila como toca y los sensores pueden decidir con bastante precisión cuándo la colada ya está seca. En cuanto se llena de pelusa, todo se complica: el aire pasa peor, el interior se recalienta, la secadora alarga el ciclo porque “cree” que la ropa sigue húmeda y tú terminas gastando más luz sin ser consciente.
Desde fuera solo ves que la secadora tarda más o que alguna prenda sale templada, pero no del todo seca. Por dentro, el motor y los componentes trabajan más tiempo del necesario y el contador de kWh suma y sigue.
Qué pasa cuando lo vas dejando “para otro día”
Dejar el filtro sin limpiar no hace que la secadora se rompa de un día para otro, y esa es parte del problema. Lo que provoca es un desgaste silencioso:
• Los ciclos se alargan minuto a minuto, casi sin que lo notes.
• La máquina trabaja a más temperatura de la que le gustaría.
• Se acumulan olores raros por mezcla de pelusas, humedad y restos de detergente.
Con el tiempo, esa suciedad va llegando a otros puntos: conductos internos, intercambiador de calor, zonas donde ya no basta con pasar la mano. Ahí sí empiezan los avisos, los mensajes de error y, en el peor de los casos, la visita del técnico.
Lo curioso es que muchos piensan “esta secadora ya no es lo que era” y empiezan a mirar modelos nuevos, cuando el origen del problema es tan simple como un filtro que lleva meses sin limpiarse como toca.
Cómo limpiar bien el filtro sin complicarte la vida
No hace falta ningún gran ritual. Lo importante es ser constante y no limitarse a quitar “lo gordo” un día suelto. Una rutina bastante razonable sería algo así:
- Después de cada secado, saca el filtro de su hueco (suele estar en la puerta o en el marco inferior).
- Quita las pelusas con la mano, con un poco de papel o con un cepillo suave. Que quede la malla lo más despejada posible.
- Cada pocas semanas, llévalo al grifo y enjuágalo con agua templada. Verás que a veces salen restos finos que no se ven a simple vista, sobre todo si usas bastante suavizante.
- Déjalo secar al aire por completo antes de volver a colocarlo. Filtro mojado dentro de la secadora, mala idea.
No hace falta frotar con estropajos ni usar productos agresivos. Si rayas o rompes la malla, dejará de hacer bien su trabajo y las pelusas encontrarán otros caminos para colarse en el interior.
Ahorro en luz y menos dolores de cabeza
Un filtro limpio significa que la secadora no tiene que “pelearse” con el aire que entra y sale. Eso se traduce en ciclos algo más cortos y en menos repeticiones de “otro rato más, que aún está húmeda”. No vas a ver mágicamente la factura bajar a la mitad, pero en una casa donde la secadora se usa varias veces por semana, el ahorro al cabo del año no es despreciable.
Además, cuidar el filtro es cuidar la máquina: menos sobrecalentamientos, menos esfuerzos innecesarios y menos posibilidades de que un día te deje tirado justo cuando necesitas la ropa para el día siguiente.
En resumidas cuentas, si notas que la secadora tarda más de lo normal, la ropa sale a medio hacer o el consumo se ha disparado sin explicación, antes de pensar en averías serias o en cambiar de modelo, hay un primer paso casi obligado: abrir la puerta, sacar el filtro y darle la atención que lleva tiempo pidiendo.
Imágenes | Dall-E con edición
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