Un uso incorrecto de la lavadora, como poner cargas pequeñas o abusar de programas rápidos, puede hacer que consuma más energía de lo previsto
La lavadora es uno de esos electrodomésticos que damos por sentado: está ahí, hace su trabajo y apenas pensamos en ella… hasta que llega la factura de la luz. Aunque muchos modelos Samsung presumen de altas eficiencias energéticas, la realidad es que un mal uso cotidiano puede hacer que su consumo real se dispare sin que el usuario sea consciente.
No es un problema de diseño ni de tecnología: es un pequeño conjunto de hábitos que, casi sin darnos cuenta, multiplican el gasto de cada lavado.
No es la lavadora: es cómo la usamos
El error más común es confiar ciegamente en la etiqueta energética. Una lavadora eficiente lo es solo cuando se utiliza bajo condiciones ideales: carga adecuada, programa correcto y mantenimiento mínimo. Cuando cualquiera de esos tres pilares falla, la máquina empieza a consumir bastante más electricidad y agua de lo previsto.
Cargar poco y gastar más
Un ejemplo muy habitual es lavar con cargas demasiado pequeñas. Muchas personas prefieren poner una colada rápida de poca ropa en lugar de esperar a llenar el tambor.
Cada ciclo implica calentar agua, hacer centrifugados completos y mantener la electrónica funcionando durante un tiempo determinado, casi igual aunque el tambor vaya medio vacío. El resultado es pagar dos o tres lavados donde podría bastar uno.
El centrifugado: clave para no gastar de más
Otro hábito que pasa desapercibido es usar programas con poco centrifugado por miedo a estropear la ropa. El problema es que sacar la ropa con más humedad significa que luego hay que gastar más energía en el secado, ya sea con secadora o simplemente dejando la colada más tiempo al aire, algo especialmente relevante en hogares que utilizan lavasecadoras Samsung.
Elegir un centrifugado adecuado reduce notablemente la humedad final de las prendas y acorta cualquier proceso posterior. Es uno de esos pequeños cambios que no afecta a la calidad de la ropa, pero sí al recibo de la luz.
El programa “rápido” no siempre es la mejor idea
Los ciclos rápidos parecen la solución perfecta para ahorrar tiempo y, aparentemente, energía. Sin embargo, muchos de estos programas utilizan temperaturas más altas y mayor consumo instantáneo para cumplir con su misión exprés. Si se convierten en la opción por defecto para toda la colada, el consumo mensual puede aumentar sin que lo notemos.
Para prendas poco sucias, los programas eco de Samsung, aunque más largos, calientan menos el agua y resultan más eficientes en el conjunto del ciclo. Es justo lo contrario de lo que mucha gente cree.
Mantenimiento: el enemigo silencioso del consumo
Un filtro sucio, restos de detergente acumulados o una goma del tambor en mal estado obligan al motor a trabajar más y alargar los ciclos. Esto se traduce directamente en mayor gasto eléctrico. Limpiar filtros, hacer lavados de mantenimiento y no abusar del detergente son gestos simples que mantienen la eficiencia original de la lavadora.
Además, usar más detergente del necesario no mejora el lavado: genera más espuma, obliga a más aclarados y alarga el tiempo total del programa, consumiendo más energía y agua.
Los sensores de carga que casi nadie aprovecha
Las lavadoras Samsung incorporan sistemas que detectan peso y nivel de suciedad para ajustar automáticamente el consumo. Pero estos sistemas funcionan mejor cuando el usuario respeta las recomendaciones de carga y elige programas acordes. Si se seleccionan siempre los mismos ciclos “por costumbre”, se pierde buena parte del beneficio de esa tecnología.
Dejar que la lavadora ajuste parámetros en función de cada colada es una de las maneras más eficaces de ahorrar energía sin modificar nuestra rutina diaria.
La buena noticia es que no hace falta cambiar de lavadora para reducir el consumo. Esperar a llenar el tambor, usar programas eco, elegir centrifugados adecuados, limpiar filtros y dosificar bien el detergente son cambios casi imperceptibles que, sumados, pueden suponer una reducción notable en la factura mensual.
La lavadora Samsung no es el problema: lo es ese uso automático al que hemos acostumbrado a uno de los electrodomésticos más eficientes de la casa. Ajustar un par de costumbres es suficiente para que vuelva a trabajar como fue diseñada: consumiendo lo justo y funcionando mejor.
Imágenes | Dall-E con edición
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